TV / Opinión: 2017, crisis y apogeo

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BALANCE 2017: CRISIS Y APOGEO

2017 ha sido un gran año (otro) para las series. Mientras tanto, en los Estados Unidos se habla de la peor recaudación para el cine de los últimos 25 años. Probablemente una cosa esté atada a la otra, los medios de visionado hogareño (primero la televisión, luego el VHS y luego internet) siempre provocaron crisis en la industria. La primera (siempre hablando de Estados Unidos pues cada país tuvo coyunturas particulares) fue en la década del ’50 con la aparición de la televisión, que ocasionó (con otros factores) la caída del sistema de estudios. En las décadas del 70 y 80 el VHS hizo lo propio, acentuando un tipo de consumo cada vez más puertas adentro y proporcionando mayor libertad de elección (cuándo y cuántas veces mirar una película). Como respuesta a ello, el final de la década del 80 y el comienzo de los 90 vieron el auge de los complejos multisalas modificando muchas de las pautas de conducta del espectador: ver menos películas por año (lo que lleva a elegir generalmente los “tanques” o “blockbusters”) y centralizar los gastos de la salida en los mismos complejos (estacionamiento, comida chatarra, pochoclos y dulces). Esto no frenó la caída del consumo cinematográfico sino que fue una estrategia de las majors para monopolizar lo que iba quedando de él. Finalmente, el nuevo siglo trajo, junto a Internet, una nueva revolución del visionado: el streaming. Hoy, el consumo no se distingue entre social u hogareño sino que se define por la privacidad, el consumo es personal (celular, tablet, laptop).

De las crisis, las majors siempre tuvieron como respuesta una mayor inversión en producción: en los 60 las películas comenzaron a ser cada vez más largas, más anchas (formatos como el cinerama o el cinemascope luego) y más espectaculares. En la década siguiente, Star Wars marcaría el regreso de Hollywood al primer plano, luego de más de un decenio de hegemonía europea. En los 80 fue el 3D, reflotado en el nuevo siglo sumado al 4D. Sin embargo, algo que no ha podido recuperar estos últimos años Hollywood es la calidad. Por su parte, las series  han ido en franco ascenso, ya hemos hablado de esto en una reseña sobre series web.

Todo esto confluye en un 2017 de crisis cinematográfica y hegemonía de las series como mojones del imaginario cultural actual. Pero hay otra cuestión que definió contenidos en las series y en el cine y que suponemos cambiará los modos de producción por lo menos en el corto plazo: el caso Weinstein. Una oleada de denuncias de todo tipo de abusos sexuales por parte de uno de los productores más importantes de la actualidad trajo consigo otra ola de denuncias a actores, directores y productores de la industria. El escándalo fue tal que “se llevó puesto” a figuras de la talla de Kevin Spacey (eliminado de House of Cards, serie que él mismo producía y protagonizaba). Y como Hollywood es básicamente espectáculo, el más grande de todos, no sólo no trataron de esconderlo debajo del tapete sino que se lo puso en primera plana generando otro tipo de mercado alrededor de él –para muestra está el pin “Time’s up” y la elección del negro en el vestuario de los Golden Globe que utilizaron incluso figuras acusadas de delitos sexuales como James Franco.

¿Cómo repercutió esto en las historias? Premonitoriamente, 2017 ha sido EL año de las mujeres en el universo de las series (recordemos que las denuncias sobre Weinstein son de octubre). Repasando las críticas que hice en este medio y otros sobre las series que me parecieron más destacadas del año, en casi todas no sólo las protagonistas son mujeres sino que la problemática femenina y su posición dentro de la sociedad se ponen sobre el tapete: The Handmaid’s Tale, Big Little Lies, Godless, Alias Grace, Feud, Glow, The Deuce, 13 Reasons Why. Las dos primeras incluso han arrasado en las entregas de premios. También pudimos ver nuevas temporadas de otras como Doctor Foster, The Fall y la temporada final de Orphan Black.

Es probable que las productoras piensen que hoy día las historias sobre mujeres obtengan mejores beneficios pensándolo en términos de nichos de mercado; son mercaderes, no podemos pedirles que piensen de otra manera. Empero, que haya mercado para ello sí implica un cambio de conducta de los espectadores, hombres y mujeres. Por otra parte, no es que se haya alcanzado la igualdad en cuestiones numéricas, todavía es abismal la diferencia a favor de productos pensados para hombres o para mujeres pero llevado a cabo bajo todos los estereotipos patriarcales y heteronormativos. Pero donde el feminismo ha logrado dar el golpe es en la calidad. Hoy, lo interesante pasa por las mujeres.

Por Martín Miguel Pereira

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