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TV: Crítica de “Big Little Lies”

Big Little Lies (Estados Unidos 2017)

Creador: David E. Kelley / Producción: Barbara A. Hall, Liane Moriarty / Intérpretes: Reese Witherspoon, Nicole Kidman, Shailene Woodley, Alexander Skarsgård, Zoë Kravitz, Laura Dern, Santiago Cabrera, Kelen Coleman, Kathryn Newton / Compañías productoras: Blossom Films, David E. Kelley Productions, Pacific Standard / Episodios: 7 / Cadena original: HBO / Distribución en Latinoamérica: HBO.

DEMOLIENDO GÉNEROS

Luces azules y rojas, patrulleros, ambulancias, detectives, un cuerpo, declaraciones de testigos (pueblo chico / infierno grande), una recién llegada que escapa de su pasado. Nada le falta a esta presentación para ser una perfecta serie policial. Imaginamos algunos capítulos sobre el pasado de esos primeros planos, la antesala del asesinato y luego el proceso de encontrar al asesino. Otro subgénero atraviesa la serie: podríamos llamarlo despectivamente (ya que siempre se lo representa de esta manera) “amas de casa desesperadas”. Sería difícil enumerar rasgos estilísticos o narrativos del mismo, ya que habitualmente se refiere a temáticas de “mujeres insatisfechas sexualmente” o “mujeres que no pueden encontrar marido”. Sobran los casos.

Sin embargo, Big Little Lies se propone demoler todos los preconceptos. Aquí no hay mujeres insatisfechas ni mujeres que sueñan con el príncipe azul, hay mujeres y punto. Esto que parece ser simple es muy complejo de representar. Darle carnadura al género femenino sin supeditarlo al masculino, comprender sus conflictos específicos sin por ello caer en una apología burda, crear una identidad femenina; todo ello logra esta serie. Los hombres son completamente secundarios en la trama, son “los maridos de” y no mucho más. Son más un problema, un estorbo que algo realmente sustancial. Todo apoyado no sólo desde el guión sino desde la puesta en escena y esa concordancia permite crear un verosímil en donde las mujeres unidas (y no de otra forma) pueden liberarse del yugo patriarcal.

¿Hay un asesinato? Sí y no sabemos quién es hasta el final ¿Hay varios sospechosos? también, pero no es una serie policial. Sólo utiliza el género, el dispositivo, para ayudar a caracterizar personajes y desarrollar la trama, no queda ceñido en él; lo usa y lo desecha cuando no le sirve más. La pregunta sobre la víctima apenas ronda por nuestras cabezas en momentos precisos y sobre todo al final, ante la inminencia del acto, antes solo nos importa el acontecer de estas mujeres, interpretadas por un quinteto desprejuiciado, estelar, brillante y variado. Un crisol ya no (sólo) de razas sino de modos de vidas y sus características.

La fiesta del final (y flashfoward del comienzo) no hace más que reforzar la idea de las identidades. Todos los invitados deben ir disfrazados de Audrey Hepburn y Elvis Presley, ambos modelos arquetípicos de su género, pero cada uno transforma el estereotipo adueñándose de ese disfraz, utilizándolo para resaltar su personalidad, no para esconderse detrás de él. El género (los géneros y no sólo dos) es una convención, suele ser un corset pero también puede ser andamiaje sobre el cual reconocernos y armarnos, siempre que no lo entendamos como un conjunto de reglas a seguir sino como un elemento con el cual podemos modelar nuestra personalidad.

Por Martín Miguel Pereira
redaccion@cineramaplus.com.ar

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