Crítica: The Great Buster, A celebration (2018), de Peter Bogdanovich – BAFICI

The Great Buster: A celebration (Estados Unidos – 2018)
BAFICI 2019: Panorama – Trayectorias

Dirección y Guion: Peter Bogdanovich / Producción: Charles S. Cohen, Louise Stratten, Peter Bogdanovich, Roee Sharon Peled / Fotografía: Dustin Pearlman / Montaje: Bill Berg-Hillinger / Sonido: Dan Snow / Intervienen: Quentin Tarantino, Johnny Knoxville, Werner Herzog, Bill Hader, Mel Brooks / Duración: 102 minutos.

Si seguimos la línea que ha marcado en la historia la vida del hombre-artista Joseph Frank Keaton, alias el magnífico “Buster Keaton” podríamos atravesar la mitad de la historia del cine. Cómo hacer ese recorrido sino es de la mano del cinéfilo, melancólico y genial de Peter Bogdanovich, quien recrea este mundo biográfico para volver a traernos a la vida cinematográfica el alma del inefable Buster como debe ser, celebrándolo.

Para quienes se sumergían por primera vez en la vida que este cineasta único transitó desde su infancia hasta su muerte, el viaje se presentó preciso en sus datos y revelador en los pasajes de algunos filmes que algunos ni siquiera llegamos a ver jamás en la pantalla grande, como el cortometraje One week (1920), parte de una treintena de cortometrajes geniales que Buster creó en esa época.

El formato del documental es simple en su estructura, ya que se dispone a hilvanar junto a la voz en off de Bogdanovich diversas entrevistas junto con los fragmentos de archivo de los mejores filmes de la carrera de Keaton, hoy exultantes por la magia de la restauración que los hacen más actuales aún de lo que ya son per se. Las entrevistas nos dejan ver a personajes icónicos del cine como Werner Herzog que resalta el carácter trágico de los personajes de Buster, a Tarantino que se regodea con la descripción de sus puestas de cámara involucrando a ese objeto de registro como un actante móvil en la escena y a los que se suman el genio de Mel Brooks, Dick Van Dyke y otros amantes-conocedores del maestro del cine mudo.

Es inteligente y clara la manera en la que Bogdanovich nos expone los talentos que definieron a este genio de la actuación clownesca, en especial sus “caídas” que lo han hecho célebre y sin duda el mejor en su destreza y audacia corporal. Pero como Buster no solo fue un actor de comedia superlativo que inventó al “hombre que no quería reír” como marca de su narrativa humorística, sino un inventor de maquinarias mecánicas que aplicaba en sus filmes para crear estos mundos absurdos inimaginables hechos de casas torcidas, barcos que se hundían, escaleras que se plegaban y miles de ingeniosos artilugios para hacer del espacio del set un personaje más de sus relatos.

Buster el que pensaba en silencio y de manera casi matemática sus gags, el que había hecho del payaso clásico un nuevo prototipo de clown, el que escribía, dirigía y actuaba, el que experimentaba en cada uno de sus filmes. El que sin mover un músculo de su boca nos hacía reír con sus ojazos, esos que miraban el mundo azorados como agazapados dentro de su rostro de un blanco pálido.

Bogdanovich enlaza con sagacidad las distintas etapas de la compleja vida de Buster, que aunque es oscura de a momentos no es ese núcleo de interés del narrador que la describe con eficiencia pero no hace hincapié de manera cruenta en las penumbras de la vida del homenajeado. Por el contrario, como lo celebra insiste en dejar a la vista su talento sin par. Descripciones impecables son aquellas en las que expone el contrapunto entre las parodias de Buster a las célebres obras de Griffith como Intolerancia, como también los cortometrajes más olvidados que trae de vuelta a la pantalla grande, y redobla el énfasis en la década de oro del artista que arriba al inicio del filme y retoma al final de la película con pasajes meticulosos de la genial El maquinista de La general (1926) donde aparece Orson Welles que oficia de presentador de la misma en un fragmento de archivo televisivo en el que la califica como una de las más grandes obras del cine mudo.

Los pasajes que se involucran con la parte final de su vida y su carrera rescatan todo lo existente sobre ese Buster vital, haciendo sketchs, protagonizando publicidades con sus juegos, y hasta un cortometraje donde lo vemos discutir en el armado de uno de los gags del breve filme. El momento en que Candilejas une a Chaplin y a Keaton emociona hasta las lágrimas, más que nada por el significado del rescate y revalorización que este genio de la “no sonrisa” merecía y merece por siempre.

Este filme es sin duda un homenaje a la memoria de su obra, una celebración para la trascendencia del más grande comediante hecho de pura melancolía, absurdo, audacia y vanguardia. Porque como ha escrito Carlos Fuentes “El cine venció a la vejez y a la muerte”.

Por Victoria Leven
@LevenVictoria

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