Crítica: An ordinary country (2020), de Tomasz Wolski – FIDBA 2020

An ordinary country / Zwyczajny kraj (Polonia – 2020)
FIDBA 2020: Competencia Internacional – Premiere Continental

Dirección, Guion y Montaje: Tomasz Wolski / Producción: Anna Gawlita / Sonido: Marcin Lenarczyk / Duración: 53 minutos.

Los filmes documentales sostenidos narrativamente por el uso e intervención del material de archivo proyectan otros sentidos para la tarea analítica e interpretativa. Llevan en su mismo tejido registros no voluntarios, o al menos en su mayoría no creados o generados con fines artísticos, por lo tanto el tejido que se urde por su propia génesis es casi artificial de tan real que se presenta.

Este filme del director y documentalista Tomasz Wolski, de origen polaco nos pone en la pantalla fragmentos de una Polonia durante el comunismo, espiada por sus cámaras en todas las aristas de su funcionamiento social, ahora re-veladas a través de la compilación de material de archivo y su organización narrativa a la luz de la construcción de este filme.

El relato nos deja espiar fragmentos de situaciones diversas y hasta en contrapunto, mientras una escena nos muestra el fisgoneo que va desde una mujer que camina por una vereda a plena luz del sol, hasta las actividades policiales en la calle a la hora de detener a un ciudadano anónimo y subirlo a un auto.

Zooms veloces que espían hacia las ventanas de los edificios, recorridas dentro de un departamento, momentos dispersos que van unidos por una misma operación de espiar y controlar. Escuchas, sonidos de voces grabadas que alguna vez tuvieron una función policial, sombras en las paredes que hablan de situaciones que desconocemos. La escena de un interrogatorio, y un mundo de sucesos que registrados en blanco y negro nos sumergen en esta Polonia controlada.

Los sonidos reales, diegéticos usados en el montaje de manera intencionalmente incómoda para el espectador, acentúan la función amenazante de ese ojo espía y de esos sonidos perturbadores aun más por su condición de hiper reales.

Wolski nos va acorralando, nos va asfixiando con las escenas de operativos de detención, los sonidos de radios policiales, las luces duras que iluminan los rostros de los ciudadanos que están siendo mirados como bajo una gran lupa, la lupa del poder que supervisa el funcionamiento de la maquinaria de una Polonia acorralada por ese ojo espía.

Las escenas y planos donde no vemos más que fragmentos de cuerpos, voces fuera de campo, sombras, lentes sucios y manchas de luz nos hunden en una pequeña pesadilla históricamente verídica.

Por Victoria Leven
@LevenVictoria

75%
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