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Crítica: Inconsciente (2017), de Lucas Turturro

Inconsciente (Argentina – 2017)

Dirección: Lucas Turturro / Guion: Lucas Turturro, Andrea Bruno / Producción: Andrea Bruno / Fotografía: Clara Bianchi / Montaje: Sebastián Mega Díaz / Sonido: Adriano Salgado / Duración: 61 minutos.

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Como si se tratara de un continuum, los distintos recortes de filmes se proyectan al unísono en las múltiples pantallas de la gran habitación hasta que el encadenamiento se rompe por un instante. Es que una de ellas se vuelve central cuando exhibe, en simultáneo, a un joven recostado en una camilla y los registros del estudio médico. Entonces, él cierra los ojos y el lazo se restituye a través de la réplica de ese pequeño gesto. “¿Quieren ver algunos sueños?”, pregunta el mismo muchacho y las imágenes comienzan a sucederse otra vez.

La simbiosis entre el pestañeo del paciente con los cables en la cabeza y los de los diversos personajes de los fragmentos fílmicos transporta a los espectadores a un mundo profundo, íntimo y germinal que no es otro que el del propio funcionamiento del dispositivo cinematográfico. Este nexo tan reforzado por el cineasta Lucas Turturro resulta esencial en el ensayo de cine expandido porque no sólo permite ahondar en el llamado inconsciente del cine, sino que intenta responder a la premisa “Si las películas son ‘sueños’ de la realidad, ¿los sueños de las películas qué son?”.

De esta forma, Inconsciente se constituye a través del rol del espectador directo o mediado, de la conexión con otros lenguajes –en este caso, la videoinstalación en el MACBA (Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires) –, de la apuesta por lo multisensorial, de la incorporación de un debate con gente especializada sobre el proceso de dicha investigación, de lo confuso e incoherente y del reconocimiento de una historia del cine y técnicas. Un trabajo en capas bastante complejas y muy bien definidas, que se intercalan de manera permanente para generar un sinfín de reacciones y poner en evidencia el comportamiento de los espectadores contemporáneos y de los antecesores.

El recorrido está sostenido en una serie de escenas breves o momentos emblemáticos, personajes reconocibles y un lazo con motivos, acciones o temático como, por ejemplo, la luna, volar o la muerte. Una búsqueda que no sólo trata de encontrar una respuesta, sino también reconfigurar el propio estatuto cinematográfico con un vínculo temporal y de experiencia receptiva. El cine se mira a sí mismo reconociéndose en su inconsciente y en su realidad. La muerte, entonces, no parece tan cercana.

Por Brenda Caletti
@117Brenn

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