Crítica: Hunger (2008), de Steve McQueen

Hunger (Irlanda – 2008)

Dirección: Steve McQueen / Guion: Steve McQueen, Enda Walsh / Música: Leo Abrahams, David Holmes / Fotografía: Sean Bobbitt / Intérpretes: Michael Fassbender, Liam Cunningham, Liam McMahon, Lalor Roddy, Stuart Graham, Brian Milligan, Dennis McCambridge, Helena Bereen, Nadia Cameron-Blakey, Rory Mullen / Duración: 92 minutos.

Nuestra venganza será la risa de nuestro niños
Bobby Sands

El filme se basa en los acontecimientos de 1981 que protagonizaron presidiarios que pertenecían a la IRA (Ejercito Republicano Irlandés), en la que diez personas perdieron su vida consumando una huelga de hambre. Se compone, mas precisamente, desde el padecimiento de Bobby Sands, comandante de la IRA en la cárcel de alta seguridad de Maze, situada al norte de Irlanda, bajo el mando del gobierno inglés.

Dicha protesta se origina por la inflexibilidad de la premier británica, Margaret Thatcher, en cederles condiciones de vida digna como presos políticos. Les negó el derecho a leer, a escribir, a usar las instalaciones, a hacer ejercicios y demás privaciones; al principio, como forma de protesta, se negaron a vestirse con el uniforme carcelario, a asearse y a vaciar los orinales. Solo se cubrían con mantas, por esto se los llamo “los hombres de la manta”. La respuesta ante esta “provocación” fue duramente represiva y de condiciones inhumanas, lo que desencadeno a que se efectúe la huelga de hambre.

Ante la falta de voluntad de diálogo del gobierno británico, los prisioneros republicanos respondieron con su cuerpo, su única arma efectiva. La huelga obtiene un respaldo social multitudinario, generando que a varios de los presos huelguistas se les otorgue un puesto en el parlamento.

Tras 66 días de agonía Bobby Sands muere dejando un legado sumamente simbólico al pueblo norirlandés y poniendo en evidencia, ante el mundo entero, el mandato abusivo y criminal de la “dama de hierro”.

Una forma de analizar Hunger, podría ser, fragmentándola en tres secciones. La primera nos muestra, con un rigor escénico férreo, las brutales vivencias que sufrieron los presos; McQueen las recrea literalmente, desde los movimientos y formas de comunicación del grupo entre sí y con el exterior, hasta las feroces golpizas policiales y todas las cuestiones escatológicas que puedan suceder en un pequeño cuarto sin ningún tipo de instalación, ni recipientes.

La segunda, funcionando como nexo, se trata de una excepcional conversación entre un cura y Sands debatiendo cuestiones morales por la modalidad de la protesta.

Y la tercera se centra en el calvario de Sands hasta el momento de su muerte. Vemos como se va deteriorando físicamente y como, paradójicamente, le ofrecen la atención médica y la decente ración de comida que nunca tuvo, pese a que era su derecho, estando encerrado. Aquí, la tonalidad del espacio cambia, todo es más luminoso y etéreo; intercalándose con el padecimiento, los pensamientos más significativos de la vida del protagonista, y adelantando de esta forma el carácter trascendental y místico que va adquirir para el pueblo norirlandés este acontecimiento.

McQueen es talentoso, su puesta en escena precisa acompaña y da sentido, y no gratuito como suele suceder en muchos casos, a la historia que narra. Además, creo que, películas como estas son necesarias, necesarias para conocer otras realidades, otros puntos de vista y para mantener introspectiva la memoria colectiva.

María Paula Ríos
redaccion@cineramaplus.com.ar

 

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