Crítica: Amalia (2018), de Omar Rodriguez-López – L’Étrange Festival

Amalia (Estados Unidos – 2018)
L’Étrange Festival 2018: Competencia Oficial – Premiere Mundial

Dirección, Guion, Música y Producción: Omar Rodriguez-Lopez / Montaje: Adam Thomson / Fotografía: Nini Blanco / Intérpretes: Denise Dorado, Jacquelin Arroyo, Verina Banks, Victor Boneva / Duración: 97 minutos.

Después de la muerte de su madre, Amalia se entera de que su marido la engañó. Pero cuando este fallece misteriosamente, la viuda obsesionada con la amante de su esposo, entra en una locura sangrienta…

Omar Rodriguez-López, gran músico americano de origen puertorriqueño, firma su segundo largometraje Amalia en blanco y negro, para confundirnos entre el sueño y paranoia. Los europeos que conocen al universo de Rodriguez-López, este pequeño genio de la música, saben que ya no tiene nada que demostrar arriba el escenario, pero después de Los chidos, sorprende en los cines con su nueva película, que se tuvo su premiere mundial en Francia, en L´Etrange Festival a Paris.

La historia transcurre en El Paso, ciudad texana ubicada en la frontera con México, y nos sumerge en un ambiente lúgubre en donde pasamos del español al inglés, como de la calma a la tormenta, de la pobreza a la riqueza, hasta escenas de oraciones en una pequeña iglesia o de consumo de cocaína en un parking. De forma hipnótica, todo el tiempo suena en la radio una voz que habla sobre religión, política, incluso sobre magia vudú… Y siempre es de noche, a través de la imagen oscura es difícil distinguir detalles de rostros o del lugar; contrastado con las luces de la ciudad, que nos fusilan en cada travelling, hostiles y cortantes.

Cuanta más locura se apodera de Amalia, más demente se vuelve la imagen. Aparece un monstruo de dos caras y los planos se saturan como si entráramos en otra dimensión, un upside/down donde perdemos todo tipo de referencia. Como un sacerdote o la voz de la radio, el monstruo saca alocuciones casi proféticas, una voz que resuena en Amalia y que participará en su caída. Dicho esto, no esperen ver una película de violencia extrema, porque casi la totalidad del filme está enfocada en la relación entre Amalia y su pareja, o con su padre y su hermano; entre la ebriedad y falta de comunicación. Las alucinaciones de Amalia, y una especie de tumor en putrefacción sobre la piel de algunos personajes, aluden a la obsesión con la muerte, pero habrá que tener paciencia para percibir a la sangrienta Amalia, quien desaparece en las llamas de su locura.

En resumen, los amantes de cine fantástico se arriesgan a quedar un poco decepcionados porque Amalia es más una especia de drama psicológico experimental. Sin embargo, se aprecia el trabajo de Omar Rodriguez-López, porque no es común hoy encontrar películas que abandonan la comprensión del guion para abrirse a un delirio visual y experimental. Con su fotografía nocturna bien controlada, una actriz (Denise Dorado) que ofrece un trabajo a la altura del sufrimiento del personaje, y una banda sonora estupenda, seguro que se dejarán atrapar por el oscuro universo mental de Amalia.

Por Aurore Rey
@Pandora_rey

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