BAFICI: Dark Night (2016), de Tim Sutton

Dark Night (Estados Unidos – 2016)

Dirección y guion: Tim Sutton / Edición: Jeanne Applegate / Dirección de Fotografía: Hélène Louvart / Intérpretes: Robert Jumper, Eddie Cacciola, Aaron Purvis, Anna Rose Hopkins, Karina Macias / Duración: 85 minutos.

Un día en la vida, pero no cualquiera. Seis personajes cuya conexión es la ira. Y una especie de paisaje suburbano por donde desfilan zombies pero sin estar muertos. La pesadilla cotidiana se manifiesta de día y se consuma una noche en un Cineplex, pero eso lo sabemos desde el comienzo. El resto es una sumatoria de actos, gritos y rituales que conforman el huevo de la serpiente. La mirada es de acompañamiento, siempre bajo un cielo gris y en varios tramos matizada por canciones de espíritu indie, bien oscuro. El hecho en sí queda fuera de campo porque eso implicaría incurrir en una lógica televisiva que la película elude, más preocupada por mostrar el deambular de una juventud perdida en el anonimato de los deseos insatisfechos o conectada al vacío, idea un tanto subrayada y opresiva, que no ofrece margen de error y cercana a una peligrosa tesis determinista. Sin embargo, el clima se acerca al terror en tanto y en cuanto los potenciales asesinos caminan entre nosotros sin que los veamos (ni querramos verlos): pibes que pasan horas entre skates y videojuegos mientras juegan con armas en algún tiempo libre, mujeres obsesionadas con registrar su cuerpo en las redes sociales, jóvenes sin perspectiva que odian el colegio, adultos sin trabajo que practican tiro, todos ellos dentro de una visión monocorde que no aspira más que a enseñarnos que de este panorama solo resta esperar una masacre. Al respecto hay varias secuencias donde el tirador en cuestión (de rostro escalofriante, sobre todo por sus ojos) ensaya la puesta en escena para su futuro crimen colectivo o pasea naturalmente con el arma a la luz del día sin que los vecinos, ocupados en sus menesteres, adviertan alguna clase de peligro. El tema es no ver al otro. Por ello, cada plano da la sensación de que el mundo es un lugar vacío. En el esquema terminal de Sutton, siempre hay alguien al acecho que intentará liquidarte. Por ende, parece confirmarse la versión punk de El principito en cuanto a que “lo esencial es invisible a los ojos”. En EE.UU. es la muerte perpetrada por el uso y el abuso de las armas, algo que Michael Moore y que Gus Van Sant habían mostrado ya a su manera, y que Sutton actualiza con estética Walking Dead.

El filme se basa en un hecho puntual y un momento lo confirma. Se da cuando el personaje se mira en el espejo y se prueba una máscara de Batman. Se supone que el crimen que cometerá es similar al de The Dark Knight Rises de Nolan. Es uno de los guiños subliminales a través de los cuales se confirma la facultad imitativa con respecto al cine, pero potenciada negativamente y que remite a una tragedia real ocurrida en 2012 en una de la ciudad de Aurora. Ahora bien, la vía expresiva elegida no es documental, ni realista, sino intimista, orientada a la creación de una atmósfera. El punto a favor son las imágenes destinadas a construir un letargo otoñal cuyo corolario será la noche de la masacre. Suton maneja siempre un registro observacional, fragmentado, recorta perfiles como si fueran objetos de laboratorio, aislados y alienados en un automatismo consumista. El termómetro nunca supera ese estado de aplacamiento en el que viven los personajes y pese al rostro de satisfacción del tirador, como si hubiera tenido un orgasmo, la cuestión es que quedan muchos como él, sueltos y a la espera de concretar su sueño americano según el siglo veintiuno: liquidar a mansalva a la gente y vomitar que esta vida carece de valor alguno. Es una postura que no deja alternativa y que asfixia, un castigo terrenal hacia todos aquellos que colaboran con el germen de tamaña violencia, promoviendo y apoyando el negocio de las armas. Los políticos están fuera de campo porque siempre formarán parte de esferas inalcanzables. Aquí el planteo está orientado hacia aquellos que habitan la tierra, aunque la visión no puede evitar cierto esquematismo perjudicial para la salud.

Por Guillermo Colantonio
@guillermocolant

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