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FIDBA: Cine Sao Paulo (2017), de Ricardo Martensen y Felipe Tomazelli

Cine Sao Paulo (Brasil – 2017)

Dirección: Ricardo Martensen y Felipe Tomazelli / Música: Pedro Salles Santiago Montaje: Yuri Amaral, Ricardo Martensen y Felipe Tomazelli / Producción: Ricardo Martense, Driades Rosa y Felipe Tomazelli / Duración: 78 minutos.

PARA VENCER A LA MUERTE

Se abren varias imágenes en fílmico que retratan una antigua y derruida cabina de proyección, un enorme proyector antiguo, un hombre que nos habla en portugués, unos niños corretean, y el tiempo que pasa…

“El cine venció a la vejez y a la muerte”, nos dice Carlos Fuentes en su autobiográfico libro La pantalla de plata. Sin duda no hay reflexión más acertada para hablar de este documental y sus dos personajes centrales: Don Chicho  y su sala, el “Cine Sao Paulo”, que la bella cita del escritor mexicano rescata en su esencia.

Décadas atrás esta sala fue cerrada por razones ajenas a la voluntad de su dueño y del séptimo arte, debido a tiempos violentos, cambios complicados para su querido país, su ciudad y su cine/hogar, al que no le quedó otra opción que bajar el telón.

Pero el relato no se hunde en el melancólico recuerdo de lo irrecuperable, sino que nos hace cómplices y testigos de la reconstrucción de aquella sala detenida en el tiempo que yace bajo el silencio y la penumbra, esperando volver a ver brillar esa mágica pantalla. Es Don Chicho el mentor de esta tarea ciclópea que se levanta día tras día para hacer resurgir de las cenizas al ave fénix que dio sentido a toda su vida, junto a un grupo de trabajadores que lo acompañan en la ardua y perseverante tarea.

Imágenes de archivo en blanco y negro nos muestran el glorioso pasado de aquel recinto histórico. Imágenes de Doris Day irrumpen en el relato desde aquellos años 50 a puro technicolor, con fragmentos de uno de sus tantos films cantados e icónicamente ingenuos. La reconstrucción de la sala, el espacio dramático central, es un viaje de ida y vuelta al pasado, y al presente del cine, de sus personajes y de la vida de Don Chicho atravesada por el celuloide.

“Preservar” es el sentido  de todo amante del cine nos dicen los ojos y las palabras de nuestro protagonista. Ben Hur y sus recuerdos de la infancia desembocan en un enorme bibliorato donde lleva registrado cada estreno, cada año, cada fecha, cada estrella idolatrada que se unen a los más personales acontecimientos de su vida.

La mayor de sus obsesiones es el antológico proyector carcomido por los años en desuso, que entre ayudante y ayudante luchan para que pueda volver a funcionar. Los intentos son tantos como el amor por aquel antiguo amigo del alma. La sala va mutando poco a poco, las butacas de madera pasan de opacas a lustradas y los pisos gastados vuelven a brillar: ¿El cartel CINE SAO PAULO volverá a las alturas en aquel frente que fue siempre su lugar? ¿Las luces se prenderán? ¿Las puertas volverán a abrirse? ¿La pantalla volverá a parpadear?

Don Chicho nos recuerda el sentido de su pasión con sabias palabras: “Viejo es algo que no sirve más, antiguo es otra cosa muy diferente”. El cine es un arte que algún día podrá tildarse de antiguo, pero viejo no será jamás, pues lo que crea nuevos mundos, nunca envejece y nunca muere.

Por Victoria Leven
@victorialeven

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