Entrevista a María Alché, directora de “Familia sumergida”

Luego de su estreno en Locarno llegó esta semana a la cartelera porteña FAMILIA SUMERGIDA, ópera prima de la cineasta y actriz María Alché. Victoria Leven pudo entrevistarla y, además de hablar sobre las decisiones estéticas y el proceso creativo, la realizadora reflexionó sobre el rol de la mujer en nuestro cine y en la sociedad contemporánea.

 

-Contame un poco la idea del título de la película: Familia sumergida, que se propone bastante abierto a la interpretación.

Este fue un título bastante definitivo desde el comienzo del proyecto. Aunque pensábamos a veces que debía remitir más a la protagonista y no tanto al grupo, siempre volvíamos a este título original. Y si bien no establece una relación tan concreta como si fuera con el “agua”, el espectador puede establecer con el título y la película varias conexiones. Una imagen es que esa familia está nadando en una pecera que es la casa, y así aparece la idea de estar sumergida como más directa. Pero hay muchas otras asociaciones que se pueden establecer con diferentes elementos del filme, particularmente con los pequeños detalles.

-¿Cómo plasmaste en el guion las ideas de tu proyecto. Por ejemplo: la relación con el mundo que llamamos familiar o doméstico, ya que en tu filme eso está todo el tiempo vinculado con un extrañamiento o una incertidumbre.

En el guion tanto esos elementos que referís como otros fueron apareciendo de a poco. Digamos que por un lado primero apareció una estructura que tenía más que ver con un montón de personajes, como algo más coral, donde muchos de esos personajes estaban atravesando distintas situaciones ese mismo verano. Parecía tener un tono más bien de comedia o ante todo cierta relación con los enredos: esas historias en las que los personajes viven y se cruzan en varias cosas, varias veces, al mismo tiempo. Por eso la primera escritura tuvo un gusto por muchas cosas ocurriendo al mismo tiempo. Después, como sucede con las actividades creativas, un poco por azar y otro poco por investigaciones, esas cosas se van sumando y aparecen otras nuevas, como por ejemplo un trabajo fotográfico que yo había hecho antes y que se llama “Fallas”. Por ese lugar quería seguir continuando la investigación, quería ahondar más en esa línea. En relación a ese proyecto yo había grabado a mi mamá y mis tías hablando sobre fotografías antiguas ya que ellas son muy buenas narradoras, y tienen muchas historias entre teatrales y dramáticas llenas de imágenes, donde por ejemplo decían: “la tía tal que usaba anteojos, que hizo tal cosa pero que después le dieron un susto y se murió”. Eran micro relatos de gente que ya no estaba que me resultaban muy literarios. Eran ricos y muy atractivos. Por otro lado, si …sí … sigo sumando! Tenía cosas que venía leyendo de algunos textos de filosofía sobre esos momentos históricos del pensamiento que se centran en temas como ¿quién es Dios? ¿a dónde van las almas de la muerte? Si todas se juntan en otro lugar, etcétera una serie de discusiones sobre esos temas de la era post Platón, de Plotino y algunos otros místicos. Entonces estas tres cosas: el relato coral inicial, la experiencia de la serie fotográfica narrada y las disquisiciones filosóficas se fueron fundiendo entre si y lograron esa nueva forma conjunta.

Por un lado estaba la estructura del relato más coral que tenía a Marcela, esta mujer que hacía un duelo y movía cosas de un lado a otro y eso unido a una cuestión más filosófica me daba espacio para abrir estas cosas más metafísicas sobre el tiempo y la permanencia de las cosas. Fue por eso de alguna manera que le cayeron a ese personaje todas las miradas como centro. Estos mundos que venían de maneras diferentes tuvieron un enrollamiento y se convirtieron en un solo proyecto. En el proceso aparece la sensación de querer expresar un sentimiento a veces inasible y la escritura no te hace llegar de manera directa, para llegar son muchos pasos, pruebas, y hasta que algo de lo que querés transmitir finalmente se ve reflejado en el guion de manera integral pasaste por muchas etapas y sumaste muchas cosas. Elaborar todo eso me llevó unos dos años de trabajo aproximadamente.

-¿Cómo te planteaste la elaboración entre la palabra dicha por los personajes y la imagen que es a su vez tan pregnante?

No fue algo azaroso, fueron muchas relaciones pensadas. Me gustaba esa idea medio musical de que todas las palabras que aparecen tengan un correlato con la imagen pero que no fuera algo que vibrara al mismo tiempo, sino que hubiera como una dislocación. Por ejemplo, si digo ahí hay un escarabajo o veo un escarabajo, que después suene algo en otro momento totalmente diferente como a un escarabajo, que ahora ya no vemos. Eso está todo el tiempo en la película, es más que nada esencial para transmitir una impresión sensitiva que por una mera necesidad narrativa, para que al espectador, esto le afecte a lo largo de todo el relato a un nivel más inconsciente. Y aunque no parezca posible son cosas que a veces pasan en la realidad, por ejemplo vos pensás una palabra, puede ser un nombre, y después en otro contexto y de manera imprevisible lo escuchás, como si no estuvieran en sincronía pero lo están, solo que desplazados.

-Con Helene tu Directora de Fotografía han buscado desnaturalizar la sensación visual de realismo o costumbrismo, llegando más lejos todavía hasta producir lo táctil.

Queríamos lograr algunos momentos, aunque fueran poquitos, pero que se presentaran como cuadros. Imágenes que contuvieran esa sensación visual de algo que te maravilla. Por ejemplo, cuando Marcela desenvuelve entre pañuelos de seda los pulóveres tejidos a mano lo pusimos en escena como si en esos detalles del mundo se pudiera colar algo muy hermoso. También trabajamos la idea de un encuadre que podríamos llamar desencuadre, donde puede entrar y salir gente todo el tiempo sin reglas aparentes. Que los movimientos de la cámara no fueran perfectamente prolijos y hasta que pudiera parecer torpe en algunas situaciones era también una forma de vibrar. Un registro que respirara algo de documental, con el uso de la cámara en mano casi todo el tiempo. Helena hace cámara en mano de una manera genial, tiene una capacidad especial de captar “momentos” cuando filma así. También queríamos romper con ese aspecto nítido de lo digital en lo que respecta a la textura de la imagen y Helena es especialista en romper con ese efecto. Ella se arriesga con todas las ideas que surgen, sin temor. Así que en la previa probamos muchos lentes y elementos con los que poder lograr ese aspecto que tiene la imagen. Y finalmente en la corrección de color ella trabajó de una manera muy activa jamás habíamos visto un trabajo tan intenso en la postproducción de imagen. Allí terminó de tomar forma en detalle, tapaba cosas que le sobraban, borraba otras, giraba los filtros, cambiaba los colores, realmente es muy hermoso ver trabajar a alguien así. Ya que las decisiones las toma en función de la historia, de la narración y de pensar siempre en el espectador.

-Para tu película en distintas áreas claves elegiste muchas mujeres cabezas de equipo. ¿Cómo pensás el rol y la identidad de la mujer en el cine actual?

En la película todas las cabezas de equipo fueron mujeres y me encanta trabajar con muchas mujeres, estas mujeres que son muy fuertes y con mucha personalidad. Desde Julia en Sonido, a todas las productoras, a Helene y más, así se arma algo que debería haber existido siempre. Pienso que somos mujeres tomando ese rol que históricamente estaba vedado para la mujer en el cine nacional. Si pensás bien recién a partir de los 70 apareció la mujer detrás de la cámara, ya que a partir de la Bemberg se produjo el quiebre más claro, de ahí en adelante es que pudieron plantarse un montón de nuevas directoras argentinas en ese lugar. Esta generación, mi generación llega en un momento donde ya hay directoras mujeres muy buenas, y a su vez estamos paradas sobre este gran movimiento de las mujeres en la sociedad, en las artes y en miles de disciplinas. Hoy mi carrera me encuentra rodeada de mujeres que amamos el cine o sea que realmente amamos lo que hacemos. Y que ya no tenemos que estar encuadrándonos en esos temas llamados “de la mujer” o fuera de esos que no, sino que hablemos de los que nos moviliza a cada una con su narrativa y su singularidad.

Por Victoria Leven
@LevenVictoria

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