Entrevista a Baltazar Tokman, director de Buscando a Myu

PERPETUAR LO INVISIBLE

¿Te pareció falso? La pregunta está impregnada de curiosidad, inquietud y cierta búsqueda personal. En medio de tantas afirmaciones sobre su encasillamiento como falso documental, docuficción o documental, Buscando a Myu coquetea con los diferentes géneros sin decidirse por ninguno. “Algunos entienden que hay un juego de personajes y muchas cosas que podrían ser artificios, aunque no queda claro cuáles, ya que funciona como un todo y eso lo hace divertido –explica Baltazar Tokman–. A pesar de esto planteo una búsqueda genuina de lo invisible, de lo misterioso, de lo que sucede en la infancia y de las transformaciones hacia la adultez. En ese sentido, no se corresponde con las clasificaciones establecidas, sino que se trata de un híbrido que mezcla, funde y vuelve irreconocibles a los géneros”.

¿Se trata de un chamán o un vecino? ¿El hombre se injertó una cámara en la frente o sólo es un artificio? ¿Los videos están subidos a youtube o ninguno de los casos existieron? El límite delgado entre registro y recreaciones propone replanteos constantes entre los espectadores, quienes descubren en los créditos que el apellido de Olivia coincide con el director y no con el del protagonista. La sorpresa reafirma el aspecto lúdico construido por Tokman: mientras que la hija interactúa con Marita y otras realidades dentro de la pantalla, él hace lo propio por fuera de ella. “La tensión más grande fue la del alter ego. Si bien nunca estuvo en duda dicha elección, el punto de vista no podía ser el de Emanuel Garrick porque sino se convertía en ficción y no quería centrarme en lo que le pasaba a él. Lo importante es lo que le sucede al propio espectador y la mirada del mismo ‘documental’ que expone un crisol de voces, una nena que juega con amigos imaginarios y un mundo poético que iba a y venía. Pero tampoco podía perder de vista al narrador principal que era un poco la excusa para contar todo lo otro. Por ese motivo, casi al final, él decide sobre sí mismo y deja un poco de lado la cuestión de Olivia y después la recupera”.

Las relecturas de la película producen diferentes sensaciones. De hecho, el director comenta que la madre las mira varias veces y siempre encuentra cambios, incluso aunque éstos no se hayan producido pero que responden a la búsqueda de una estructura. Si bien el filme está construido en el caos y en la improvisación, la investigación se sostiene en los disparadores producidos por el juego entre Olivia y los amigos invisibles, los recuerdos y registros de su propia infancia y la necesidad de trascender. ¿Por qué se filma o atesoran objetos y fotos? Porque hay algo inherente a la muerte, a la angustia de saber que en algún momento uno no estará presente pero persistirá en el registro y en la memoria familiar y colectiva. La elección de la magia contribuye a esa idea transformadora y hasta podría pensarse que el lazo entre la niña y el agua juguetea con el nacimiento del mundo, de los aspectos desconocidos y en el misterio de un pez naranja que pasa de la pecera al fondo del mar como el amigo imaginario que uno nunca puede alcanzar.

Apoyado en las posibilidades tecnológicas y diversidad de dispositivos, el director trabaja la multiplicidad de formatos con cámaras ocultas, Gopro, VHS, súper 8, 16 mm, falsos registros, skype y filmaciones en soporte con standard técnico de mayor calidad. “¿Por qué no hacer un skype con una persona y traspasar esa pantalla? Ese es también el lenguaje de Buscando a Myu, un lenguaje propio de las redes sociales, Youtube y el material sacado de la web”.

Como paradoja del fenómeno de las multipantallas, las inagotables reproducciones simultáneas y el concepto de posverdad, el grabador se quedó sin baterías a los 30 segundos comenzada la entrevista. Parecía que, después de todo, Walter Benjamin venció por unos instantes a la copia de la copia y fomentó el momento aurático del aquí y ahora. Luego, la contemporaneidad redobló la apuesta y el celular posibilitó un nuevo registro, con algunas respuestas que buscaban recobrar la fuerza primigenia. Poco importaba ya la recreación o lo natural. Las posibilidades eran infinitas.

Por Brenda Caletti
@117Brenn

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