Entrevista a Adriano Salgado, director de “La utilidad de un revistero”

DESDE EL REVISTERO

Ya sea a través del concepto de un juego de espejos, el uso de las simbologías o con la idea de una representación dentro de otra, el director argentino Adriano Salgado se vale de lo lúdico como construcción discursiva y estética de su ópera prima La utilidad de un revistero. Pero también retoma el uso del fuera de campo como elemento central en la conformación tanto del relato como de sus personajes femeninos y de la misma circulación de los espacios. Entonces, cine y teatro se entremezclan, interactúan y se vuelven a distinguir en sus especificidades.

¿Dentro de qué género se insertaría la película?

Te diría que ninguno pero sería una respuesta muy aburrida. Mi interacción más importante con la clasificación de géneros se daba en los videoclubes, donde las películas estaban clasificadas por géneros. Si fuera el dueño de un videoclub y tuviera que ubicar La utilidad de un revistero me las vería complicada. La solución posible sería situarla en “Cine de autor”. Pero si tuviera que escoger entre los géneros clásicos, elegiría el drama. Aunque soy consciente de que muchos espectadores no estarían de acuerdo y la ubicarían más hacia la comedia. Creo que si bien ciertas partes puedan causar gracia, la película no es una comedia.

¿El hecho de usar una cámara fija durante todo el filme modifica de alguna manera la operatoria de trabajo?

Sin duda. Nunca dije “corte”, como hace cualquier director. Fui a registrar lo que habíamos ensayado. La etapa de correcciones ya había terminado a la hora de rodar. Me senté a ver el fruto de nuestro trabajo desde un sofá.

Ya desde la primera escena se puede pensar como una articulación entre el lenguaje teatral y el cinematográfico, a partir de las acciones de Ana y de cómo se mueve en el espacio. ¿Cómo construiste ese entrecruzamiento?

Creo que la primera parte, cuando Ana está sola y entra y sale de cuadro, ya hay algo teatral y cinematográfico a la vez. Por un lado, lo teatral de un escenario fijo, en donde transcurrirá todo;  un escenario que existe antes de que existan los personajes. Un escenario que espera a sus personajes. Y eso es muy teatral. Pero por otro lado,  ese recorte preciso y cuidadosamente elegido, es el que definitivamente le da el carácter cinematográfico en cuanto a lo formal. El uso del off, del fuera de campo, del desencuadre y el diseño sonoro.

Se distinguen dos espacios diferenciados: por un lado, ese living en primer plano, parte de la cocina y la puerta cerrada del cuarto de Ana; por otro, el fuera de campo. ¿De qué forma influye esa cámara fija en ambos sitios? ¿Cómo construye la relación entre el espacio y las mujeres?

Digamos entonces que ambos espacios son lo que se ve y lo que no se ve. La cámara fija influye de manera total porque es la que genera el límite de esos dos espacios, la que los crea.

Se puede pensar también en un desdoblamiento del fuera de campo: por un lado, aquel externo al espacio filmado; por otro, uno interno que tiene que ver con aquello que no se muestra al espectador, por ejemplo, las conversaciones del facebook de Ana, lo que mira en la computadora, los dibujos in situ de Miranda o el momento en que se tapa la lente ¿De qué manera funciona cada uno?

La idea era jugar con lo que no se ve, no sólo porque no está en cuadro, sino por la anulación de la cámara.  No hay un punto de vista de un personaje, el punto de vista es del revistero y, desde allí, se ve y se oye.

Por otro lado, se juega con el conflicto del punto de vista que narra Ana cuando habla de que le cambiaron la sala y que ahora el espectador no puede ver ciertas cosas del horizonte porque ella armó una puesta pensando en la sala anterior, en donde había gradas y el espectador estaba más alto. Y ahora está en una sala con butacas a la misma altura que el piso del escenario. Esa limitación que tiene el espectador de la obra de teatro que Ana comenta, es la limitación que tienen los espectadores de la película.

Con la maqueta que trae Ana para mostrarle su trabajo a Miranda ocurre algo similar al fuera de campo. También pareciera actuar un desdoblamiento entre ese espacio reducido dividido en tres sectores y lo que se ve con la cámara fija a partir de la repetición de algunos motivos o la circulación de esos espacios.

Es como una representación dentro de otra representación. La obra de teatro que describe Ana tiene elipsis, montaje paralelo, más de un decorado y guía la mirada del espectador; muchas herramientas cinematográficas de las cuales la película renuncia. Juego de espejos.

En una de las primeras escenas entre ellas, Miranda le comenta a Ana sobre la película Colateral (2004) de Michael Mann y la diferencia entre el cine estadounidense y el nacional. ¿Cuál es tu lectura sobre la opinión de Miranda?

No puedo hacerme cargo de su opinión. Si bien esa película me gustó mucho, no creo compartir sus gustos. Me parece que los gustos de Miranda son más clásicos y representan a aquel espectador que va al cine en busca de entretenimiento. A ella no le gusta el cine nacional, como a tantos otros.

Resulta interesante el juego entre el tráiler, la película y el afiche ya que funcionan como un todo orgánico pero, al mismo tiempo, son autónomos entre sí.

Creo que si bien en La utilidad de un revistero nunca se dejó de pensar en el espectador, la película es bastante hermética. No tiene ningún story line en el afiche, ni slogans como esas películas que son productos, tampoco un título tentador o un afiche que despierte interés. Es un afiche que, en el mejor de los casos, pretende despertar curiosidad desde ese hermetismo. Lo mismo ocurre con el tráiler y, de alguna manera, con la película. No hay una idea de marketing, las ideas son sólo narrativas.

El tráiler, la película y el afiche forman una trilla-utilidad-de-un-revisteroogía que juega con la temporalidad. El tráiler no resume el filme, es una invitación a verlo, una convocatoria. No es parte de la película, sino algo anterior a ella. La única información narrativa del tráiler es escuchar un mensaje que se deja en un contestador automático, una información que habla del vínculo de los dos personajes y que se continúa con unas líneas de texto escrito. Lo que ocurre en la película sería algo posterior al tráiler y el afiche es, a su vez, algo posterior a la película. Esa comprensión del afiche sólo tendrá lugar a quien haya visto el filme. Se me ocurre que el final de La utilidad de un revistero es, de alguna manera, el afiche.

Por Brenda Caletti
redaccion@cineramaplus.com.ar

 

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