Diez años sin Marlon Brando

Es una de las escenas más estereotipadas de los Premios Oscar: se escucha el nombre del galardonado y este sube al escenario, sonriente, para recibir la estatuilla y comentar en muchos casos: “¡pesa más de lo que imaginaba!”. Puede que esta sea una de las pocas situaciones convencionales que vivió Marlon Brando en el mundo del cine, cuando recogió el Oscar al Mejor actor en 1955 de manos de Bette Davis por “Nido de ratas” (Elia Kazan). Porque la vida del actor fue de todo menos convencional.

Ya ha pasado una década desde que Brando falleciera en Los Ángeles, el uno de julio de 2004 a los 80 años, debido a un problema respiratorio. El que para muchos era “el mejor actor del mundo” dejaba atrás no solo una memorable galería de personajes, entre los que destaca el del padrino más famoso de todos los tiempos, Vito Corleone. También quedaba la imagen de una estrella que se salía de los cánones marcados por Hollywood.

INICIOS PROMETEDORES

Seguidor y uno de los principales estandartes del método Stanislavski, del que bebió gracias a su profesora Stella Adler, Brando demostró desde el principio su capacidad para sumergirse a fondo en sus roles. Debutó en el cine con “Vivirás tu vida” (Fred Zinnemann), con un papel de parapléjico para el que se preparó estando un tiempo sin desprenderse de una silla de ruedas.

De aquella experiencia más tarde contaría que «Aprendí en mi primer film que era muy fácil echar a perder una interpretación a fuerza de hurgar tanto en el personaje antes de filmar que a la hora de hacerlo ya nada quedaba que surgiera con naturalidad. Esto me hizo comprender la fragilidad de una caracterización y la importancia de la espontaneidad.»

Apenas un año después, con su segunda película, “Un tranvía llamado deseo”, que antes había interpretado sobre las tablas, este actor nacido en Omaha (Nebraska, Estados Unidos) se convirtió en un símbolo sexual y una promesa del séptimo arte. El texto de Tennessee Williams, dirigido por Elia Kazan, le aportó algunas de sus primeras escenas memorables, a las que seguirían muchas otras.

Su Zapata (“Viva Zapata!”) -que le valió el reconocimiento en el Festival de Cannes-, Marco Antonio (“Julius Caesar”) y Johnny Strabler (“El salvaje”) fueron las máscaras bajo las cuales Brando coronada con la ya mencionada “Nido de ratas”.

Sobre sus inicios y su formación Brando comentó que «Cuando alcancé cierto éxito, Lee Strassberg intentó atribuirse el mérito de haberme enseñado a actuar. El nunca me enseñó nada. Era un individuo ambicioso y egoísta que intentó imponerse como un oráculo y un gurú en la profesión de actor. Fue Stella Adler quien me enseñó lo que sé, y más tarde Elia Kazan.»

Tras el Oscar, la carrera del actor empezó a sufrir altibajos, ya que Brando, como hizo hasta el final de su trayectoria, no dudaba en compaginar las películas que eran de su agrado con otras en las que la principal motivación era el dinero. También hizo una incursión en el mundo de la dirección, cuando sustituyó a Stanley Kubrick en “El rostro impenetrable” (1961).

Pero llegó el año 1972, y con él, el papel que le brindó la consagración definitiva. Un insistente Francis Ford Coppola, empeñado en conseguir a Brando como protagonista, puso en sus manos el libreto de “El padrino”.

Según reveló Vanity Fair poco después de su muerte, la primera reacción del actor al recibir la propuesta de interpretar a Vito Corleone fue rechazar el proyecto para no “no glorificar a la mafia”. Finalmente aceptó hacerlo y bajo una capa de maquillaje que le daba un aspecto más envejecido, un cuidado lenguaje gestual y una voz modulada a la perfección, Don Vito conseguiría atrapar todas las miradas.

El personaje de Vito Corleone le habría valido su segundo premio Oscar pero Brando envió a la actriz Sacheen Littlefeather a rechazar el galardón en su nombre. Era la forma de Marlon Brando de protestar contra la industria del cine y su tratamiento a los indios y otras minorías étnicas, basado en clichés.

El destino aún le depararía dos trabajos por los que también será recordado, “Último tango en París” (1972), de Bernardo Bertolucci, y “Apocalypse Now” (1979), de nuevo con Coppola.

La vida privada de Brando estuvo muy lejos de ser tranquila. Se casó tres veces, matrimonios que acabaron con anulación o divorcio y con los que tuvo cinco de sus hijos. De su relación con su ama de llaves, Maria Christina Ruiz, nacieron tres hijos más, a los que se suman los adoptados y algunos ilegítimos. En los últimos años de su vida Brando fue golpeado por una tragedia familiar vinculada con dos de sus hijos.

Fuentes: EFE / Vanguardia / La nación

 

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