Crítica: Tiempo después (2018), de José Luis Cuerda – Espanoramas

Tiempo después (España – 2018)

Dirección y Guion: José Luis Cuerda / Producción: José Carmona, Mercedes Gamero, Igor Ibeas, Mikel Lejarza, Carmela Martínez Oliart, Félix Tusell Sánchez, Arturo Valls, Jorge Vázquez Caño / Musica: Lucio Godoy / Fotografía: Pau Esteve Birba / Montaje: Emma Tusell / Intérpretes: Roberto Álamo, Blanca Suárez, Iñaki Ardanaz, María Ballesteros, Andreu Buenafuente, Maria Caballero, Martín Caparrós, Nerea Camacho, Gabino Diego, Estefanía de los Santos, Saturnino García, Soleá Morente / Duración: 95 minutos.

FERTILIDAD DISCURSIVA

“Todo infinito tiene su momento”, proclama el locutor radial, tras una larga enumeración de agradecimientos a la naturaleza, a Dios y a los beneficios de vivir entre parados que comparten tradiciones, rango social, aficiones e ideologías. Una voz construida en tanto divinidad omnipresente, narrador y consciencia (de clase e individual) que pareciera cumplir una doble función: por un lado, mantiene la distancia entre la comunidad abierta de las afueras y aquellos aglomerados como últimas fuerzas vivas del mundo en el único edificio en pie como emblema del capitalismo; por otro, otorga un sentido entre mágico y espiritual a ese habitar en el bosque en una suerte de reconfiguración de las leyendas que explicaban fenómenos extraños o misteriosos, del humor y del rito de la transmisión oral a través de las generaciones.

Sin lugar a dudas, la última película de José Luis Cuerda rinde homenaje al lenguaje a través de la oscilación entre lo poético, lo absurdo y lo surrealista para manifestar tanto su riqueza, variedad y amplitud como cierto carácter lúdico entre las intenciones y la puesta en voz, un conjunto de frases que resuenan en los espectadores para convertirse en modismos de culto así como una seguidilla de conceptos muy interesantes sobre la sociedad de consumo como, por ejemplo, que las ideas son las que más se empacan al vacío para venderse en el mercado. Al mismo tiempo, el idioma actúa como la única insignia capaz de vincular a los más diversos personajes, revelar los rasgos identitarios más primarios o ridiculizar a las grandes instituciones como la iglesia, la realeza/gobierno y las fuerzas militares. De esta manera, convive el rezo de Don Quijote de la Mancha antes de la guerra bajo la noche estrellada, el pensamiento de que un desempleado se desnaturaliza al vender limonada y que en la ronda matutina las primeras puertas que abren los guardias correspondan a una capilla, la oficina del alguacil, un prostíbulo y un bar como ejes del capitalismo.

Lo mismo sucede con el empleo de imágenes, objetos o simbologías que complementan ese toque irónico de los diálogos o escenas como el portarretrato con la foto del Che Guevara en la mesa de luz del fraile, el botellero de Duchamp que contiene los limones en el carro de José María, los panfletos que imitan al Tío Sam, las mesas/bandejas de los aviones incorporadas en las camas de los guardias o la personificación del rey como carta de bastos. Por otra parte, la mixtura y guiños de dichos elementos o lecturas contribuye a que la distopía futurista situada en el año 9177 “mil años arriba o abajo” termine por convertirse en un juego atemporal, donde el pasado y el futuro se amalgaman hasta diluir sus diferencias.

Por último, resulta inevitable establecer conexiones entre Tiempo después y su clásico Amanece que no es poco, a pesar de que no se trate de una secuela. Ambas responden a una estética surrealista que sostiene los relatos corales y la variedad de los personajes –el sombrero de los oficiales los liga directamente–, poseen discursos que se permiten expandir, jugar o recrear el lenguaje en pos de la revelación de afirmaciones vedadas o silenciadas a lo largo de la historia y la combinación de un humor ácido, satírico con situaciones disparatadas. Además, el director recurre a ciertas alusiones que subrayan los enlaces entre las dos como la cantante lírica disfrazada de vikinga que busca atraer clientela para la barbería de Justo con el grupo de cantores gregorianos que deambula por el pueblo, la juventud rebelde con los estudiantes norteamericanos, un personaje que mezcla el inglés con el español como el guardia, el rey o el alumno, hombres aviones y hombres planta, la inclusión de un argentino (Martín Caparrós y Arturo Bonín) o la presencia de un intelectual ya sea el barbero que recita poesía o el profesor de la universidad norteamericana. Una obra convertida en culto y otra que reúne a nuevas y consagradas generaciones de actores del cine español para recuperar el valor de la palabra, frases que trascienden las épocas y se vuelve parte de la cultura popular, tonos hilarantes, irónicos o extravagantes y el cuestionamiento mediante el humor de algunas universalidades o posturas más vigentes que nunca.

No queda más que una pareja
Una de la guardia civil

Desde que se ha muerto el mar
La vida no tiene sal
Y reina un orden letal
Sin risa ni azar ni ganas de volver a blasfemar

Tiempo después de amanecer
La cosa está más negra que antes de ayer
Se marchitó pronto el limón
Del limonero de la revolución

Canción “Tiempo después” de Joaquín Sabina

Por Brenda Caletti
@117Brenn

80%
  • Nuestro Puntaje
Podría interesarte

Escribe un comentario

No publicaremos tu mail