Crítica: Reinalda del Carmen, mi mamá y yo (2006), de Lorena Giachino

Reinalda del Carmen, mi mamá y yo (Chile – 2006)

Dirección y guion: Lorena Giachino / Producción: Paola Castillo, Lorena Blas / Fotografía: Pablo Valdés / Sonido: Juan Pablo Manríquez / Montaje: Guillermo Cifuentes / Música original: Camilo Salinas / Duración: 85 minutos.

¿Cuánto de manipulación hay en un documental? Tal vez esa sea la principal pregunta que concita este tipo de registro, más allá de que hoy se discuta qué límites lo separan de la ficción y cuánto hay de uno en el otro. Pero partiendo desde otros temas, la dictadura chilena de Augusto Pinochet y los desaparecidos, y tal vez sin proponérselo, Reinalda del Carmen, mi mamá y yo arriba a alguna forma cercana de respuesta a ese interrogante.

El punto de partida de la directora Lorena Giachino Torréns es la relación de su madre Jacqueline con la Reinalda del título, una estudiante universitaria desaparecida en años de proceso en el país trasandino. Y la intención es ir trazando una idea más o menos cabal de quién era Reinalda a partir del anecdotario y de recorrer lugares que ella transitó anteriormente, para hacer un dibujo individual de una tragedia universal. Conocer el rostro de los desaparecidos, sin más pretensión que la de descubrirlo, es mostrar un poco el horror de aquellos tiempos y desnudar su falta de integridad y dignidad. Y Torréns cuenta con mucho material de parte de Jacqueline aunque con una salvedad, ella ha sufrido un problema de salud que le limita la memoria y la debilita al momento de reencontrarse con su pasado.

Durante buena parte del documental nos encontramos con historias orales que van reconstruyendo un pasado, y somos espectadores de nuevas formas de distanciamiento que ejerce la sociedad. Resulta increíble que a la sombra de lo ocurrido, haya gente que aún recuerde como “diferentes o raros” a quienes se enfrentaron, equivocados o no, a gobiernos de facto y lucharon desde sus ideales. Y hablamos de personas que recuerden no sin cariño.

Sin embargo Reinalda del Carmen, mi mamá y yo, más allá del dinamismo que obtiene de una edición depurada y de una noble selección de testimonios, logra crecer definitivamente a partir de un hecho fortuito como es la recaída en su enfermedad que sufre la madre de la directora. Desde ese momento Giachino debe continuar sola con la investigación, puesto que Jacqueline tiene prohibido acercarse a sus recuerdos. Y el documental comienza, autoconcientemente, a cuestionarse sobre si fue ético o no presionar a su protagonista para llegar a determinado lugar; si la verdad está ante todo y no importa el dolor que pueda causar su remoción; si trabajar con la realidad puede sufrir variantes que modifiquen su construcción y mostrar otra verdad. Evidentemente que la madre de la directora haya sido el elemento en crisis genera una tensión mayor al asunto.

Cuando el documental entra en conflicto y debe rearmarse, reencontrar su curso, la directora nos dice que a veces es necesario sacrificar algo por arribar a una certeza (que en estos temas, lamentablemente, nunca lo será de manera demasiado firme). Así realiza un emotivo homenaje, con su justicia cinematográfica, a Reinalda del Carmen y también a su madre.

Por Mex Faliero
@mexfaliero

 

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