Crítica: La novia (2026), de Maggie Gyllenhaal

La novia / The Bride (Estados Unidos / Francia – 2026)

Dirección: Maggie Gyllenhaal / Guion: Maggie Gyllenhaal, basado en los personajes de Mary Shelley / Producción: Maggie Gyllenhaal, Osnat Handelsman-Keren, Talia Kleinhendler, Emma Tillinger Koskoff / Dirección de fotografía: Lawrence Sher / Montaje: Dylan Tichenor / Intérpretes: Jessie Buckley, Christian Bale, Annette Bening, Peter Sarsgaard, Penélope Cruz, Jake Gyllenhaal, Jeannie Berlín / Duración: 126 minutos.

En La novia de Frankenstein (The Bride of Frankenstein, James Whale, 1935), ella no tiene voz. La intención aquí es clara: devolvérsela. Todo un gesto político. Gyllenhaal toma esa ausencia como materia prima. La película arranca con una visión en blanco y negro de Mary Shelley atrapada en una especie de purgatorio, mientras habla a cámara. La historia que estamos a punto de ver, anuncia, es la versión que ella no pudo contar antes de morir. Es así que Shelley comienza a hablar a través de Ida (Jessie Buckley), una mujer de Chicago en los años 30, y de todas las mujeres silenciadas.

Frank (Christian Bale) llega a Chicago porque quiere experimentar el amor, y le pide a la Dra. Euphronius (Annette Bening) que le cree una compañera. Ida es asesinada por criminales y reanimada como La Novia. Frank le dice que se llama Penny y que están casados. La Novia no solo nace sin elección, nace con propósito predefinido en una relación para la que nunca fue consultada.

Las manchas negras en el rostro de Jessie Buckley son la tinta del propio manuscrito de Shelley. La Novia no es simplemente un personaje resucitado, es una página sin terminar. Una idea que alguien interrumpió antes de tiempo, y que es el motor de la narración. Gyllenhaal brinda un homenaje anárquico al cine de los años 30 y a la vez saquea versiones cinematográficas de Frankenstein, desde James Whale a Mel Brooks. Contamina las referencias hasta el punto que dejan de pertenecer a quien las creó.

La Novia es una película más para sentir que para explicar. Esta construida con el mismo método que narra: una criatura hecha de partes incompatibles, cosidas entre sí con una ambición feroz. No busca homenajear al mito sino liberarlo, deformarlo y hacerlo estallar desde dentro. El resultado es excesivo, irregular y fascinante: un híbrido entre horror gótico, musical punk, melodrama romántico y sátira social. Un experimento cinematográfico que, como los monstruos de la historia, está vivo precisamente porque es imperfecto.

Puntaje: 7.0

Por María Paula Rios
@rios_mariapaula

Estrenada en CINÉPOLIS ARGENTINA

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