Crítica: López Torres, pintor en la llanura (2019), de Manuel Olmedo Redondo – BAFICI

López Torres, pintor en la llanura (España – 2019)
BAFICI 2019: Panorama – Artistas en Acción

Dirección, Guion, Fotografía, Sonido y Montaje: Manuel Olmedo Redondo / Productor: Jaime Villena Ferrer, Manuel Olmedo Redondo / Dirección de arte: Jaime Villena Ferrer / Duración: 91 minutos.

UN DOCUMENTAL PARÁSITO

Hay cierto tipo de documentales que estarán siempre luchando contra una sombra de uno anterior que, de tan bueno, se ha transformado en medida de las cosas. Si pensamos en un filme sobre un pintor (y encima español) no podemos obviar la existencia de “El sol de membrillo” del ya mítico Víctor Erice sobre otro Antonio López, sin el segundo apellido.

Las diferencias entre ambas son absolutamente abismales y no sólo por la distancia cualitativa que las separa –lo cual sería de esperar seguramente- sino por una diferencia que se vuelve tan sustancial que determina una dificultad que el director no supo convertir en oportunidad: la ausencia del artista, muerto hace más de tres décadas. Si Erice logra hacer un estudio poético de un pintor que estudia (también poéticamente) un membrillero, Manuel Olmedo Redondo sólo puede acceder a su obra de forma retrospectiva, sin lograr acercarse a su proceso creativo. Pero un elemento sale a su rescate: el archivo. Aunque ese elemento que podría salvarlo se vuelve un salvavidas de plomo o, mejor dicho, el director lo torna en eso.

El relato adopta en su principio y sólo por momentos luego la forma del documental en primera persona. Olmedo Redondo es oriundo de Tomelloso, el pueblo manchego donde el pintor en cuestión eligió como protagonista de todos sus cuadros. Las imágenes del director volviendo a su pueblo empiezan a entrelazarse con las mismas calles en el pasado, mostrando el progreso pero también la pérdida de cierto aire mágico que despierta el pasado. En esas imágenes aparece constantemente el pintor y nos enteramos que ellas pertenecen a un documental que se realizó sobre su figura en la década del ochenta. Esos planos son lo más interesante (por no decir lo único) del filme y, sin embargo, no le pertenecen.

Las entrevistas no son más que cabezas parlantes tratando de reconstruir algo que nunca va más allá de la potencia de las imágenes de archivo. Pero hay un entrevistado que demuestra un gran error de elección: el director de las imágenes de archivo. Si bien a todas luces es una voz indispensable, pero ese hombre tristemente transita una vejez que no le permite expresarse bien y su voz se vuelve casi insoportable –sumado a que tampoco se lo subtitula, volviendo su testimonio totalmente carente de interés.

López Torres: pintor en la llanura es una no-película, un documental que no debería haber existido pues sólo hay tema, pero no hay conflicto y, básicamente, no hay nada nuevo que contar ya que ni siquiera la visión del director en primera persona llega a convertirse en línea narrativa. Un filme sobre el pintor López Torres podría hacerse, pero en este caso no se hizo.

Por Martín Miguel Pereira

 

20%
  • Nuestro Puntaje
Podría interesarte

Escribe un comentario

No publicaremos tu mail