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Crítica: Eugenia (2017), de Martín Boulocq

Eugenia (Bolivia / Brasil – 2017)
MDQFEST32: Competencia latinoamericana

Dirección, Guion, Fotografía, Montaje, Música: Martín Boulocq / Dirección de Arte: Andrea Camponovo / Producción: Andrea Camponovo, Martín Boulocq, Rolando Lora / Intérpretes: Andrea Camponovo, Alvaro Eid, Alejandra Lanza, Simón Peña, Ricardo Gumucio / Duración: 82 minutos

Una joven de 30 años decide poner fin a su matrimonio, como dice claramente “simplemente no funcionó, pero la vida sigue”. La meta de Eugenia en esta historia pequeña y sensible es encontrar ¿Cómo es la vida que quiero? ¿Adónde seguirá mi derrotero? ¿Con quiénes compartiré mis nuevas vivencias? Las preguntas que se formula no son desde la pasividad sino más bien desde la acción pura, ya que apenas separada vuelve a su casa materna y desde allí parte en busca de un nuevo futuro. El primer lugar donde elige parar es la casa de su hermano, y luego la de su padre, su medio hermanito junto a la nueva esposa de su progenitor.

Su vida es un libro abierto para seguir completando, motivada por la curiosidad y el deseo de encontrar la esencia de su identidad incursiona en distintas experiencias laborales y artísticas. Se mueve ante todo en un mundo muy masculino: el director de cine con el que filma una película independiente, su padre, los amigos varones que la rodean, y parece ser tan sólida ella en su simpleza que no se deja poner en el estereotipado lugar de la sumisa mujer latina.

El personaje es el centro del filme, la cámara no deja de observarla en su día a día. Pues el relato, por más que en términos de cámara o montaje es del tipo contemporáneo, maneja un clima naturalista, por lo tanto las escenas que reflejan la vida de Eugenia son las de la pequeña cotidianeidad. Las comidas en familia, las conversaciones aparentemente banales, sus imágenes en el filme que se rueda dentro de la misma historia, un relato inverosímil con aroma a nouvelle vague.

Aporta una abstracción que lo despega del realismo clásico el uso del blanco y negro, una elección apropiada que produce intimidad y fantasía, o sea la sensación clara de ver una película, una construcción y no un espejo directo de la realidad en términos documentalistas.

La actriz se luce con una gestualidad mínima, y no es una heroína, ni una guerrera amazona que viene a cambiar el universo, sino una joven pequeña delgada y de anteojos que construye su condición de ser y de mujer al mismo tiempo en cada instancia.

El filme no ambiciona ser una historia con grandes personajes, sino que es un micro retrato cuidado, sensible, y anti moralista que hace de su simpleza un elogio a la síntesis. Mostrándola como un valor estético y narrativo en este universo hecho de imágenes y de sonidos. El cuarto filme del joven realizador Boliviano Martín Boulocq es entrañable y sencillo.

Por Victoria Leven
@victorialeven

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