Crítica: Campo (2019), de Tiago Hespanha – Semana de Cine Portugués

Campo (Portugual – 2019)

Dirección: Tiago Hespanha / Fotografía: Tiago Hespanha, Rui Xavier, Luísa Homem, Cláudia Varejão, Paulo Menezes / Sonido: Eva Boliño, Adriana Bolito, Giorgio Gristina, Tiago Melo Bento / Montaje: Francisco Moreira, Tiago Hespanha / Producción: João Matos, Leonor Noivo, Luísa Homem, Susana Nobre, Tiago Hespanha / Duración: 100 minutos.

Como puede verse en varias películas que forman parte de la Semana de Cine Portugués en el Malba, el punto de partida y eventualmente el protagonista es el espacio. El título del documental de Tiago Hespanha se refiere a una base militar al sur de Lisboa donde soldados realizan maniobras nocturnas, sin embargo, queda descartada desde el inicio la posibilidad de un registro observacional consagrado al retrato de esa situación. Lo confirma una voz susurrante que inaugura un nivel de enunciación lírica cuyo intertexto principal es el discurso cosmogónico. La relación entre esos dos sustratos genera como resultado inmediato la ironía: cómo se puede conciliar la idea de la creación con la destrucción, de qué modo vincular la naturaleza con la omnipresencia de las armas y la amenaza latente. ¿Pero no hay también en el reino animal una continua amenaza? En todo caso no hay respuestas, pero sí una exploración que requiere de la paciencia necesaria, tanto para rendirse al flujo de imágenes como a la interpelación conceptual.

Las intervenciones humanas y naturales se abren a otros signos y situaciones como si se pensaran paralelamente, al mismo tiempo que la voz en off traza un relato que recuerda a la legendaria Fata Morgana (1971) de Werner Herzog. Dentro de un marco descriptivo desigual, hay lugar para la poesía como para la crudeza, si acaso no es factible considerar una sin otra. Basta ver la secuencia de una oveja muerta a la que no pueden sacarle el cordero o ese final sorprendente de fuegos artificiales. La belleza también se sostiene sobre la idea de muerte.

No hay duda de la solidez estética de Campo ni de la libertad que transmiten sus planos, o de la audaz combinatoria discursiva potenciada tanto desde la imagen como del sonido, no obstante cabe reparar en la idea de un programa cuyo estiramiento atenta contra el resultado final. En varios pasajes se advierte una discontinuidad del ritmo y de los propósitos, un claro contraste entre el reposo y la urgencia de rellenar zonas que podrían haberse obviado sin modificar drásticamente la idea planteada. Es un riesgo que enfrenta toda clase de cine que privilegia el orden conceptual por sobre otras cosas.

Por Guillermo Colantonio
@guillermocolant

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