Crítica: A volta ao mundo quando tinhas 30 anos (2018), de Aya Koretzky – BAFICI

A volta ao mundo quando tinhas 30 anos (Portugal – 2018)
IFFR Rotterdam 2019: Competencia Bright Future – Mejor Ópera Prima
BAFICI 2019: Panorama Lugares

Dirección y Fotografía: Aya Koretzky / Producción: Joana Ferreira, Isabel Machado / Montaje: Tomás Baltazar / Sonido: Miguel Clara Vasconcelos / Duración: 111 minutos.

ELOGIO A LA LENTITUD

Sostener una película de 110 minutos casi exclusivamente con fotografías es un desafío mayor para cualquier narrador. En realidad, la ausencia de imagen en movimiento del pasado es una de las mayores dificultades con la que se enfrenta cualquier documentalista y especialmente los que no nacieron en el seno de una familia occidental pudiente en donde la temprana posesión de cámaras y una cultura del registro cotidiano estuvieron más arraigadas.

Aya Koretzky no le teme al riesgo y nos ofrece un relato en donde un hombre japonés cuenta un viaje por el mundo de 11 meses valiéndose solamente de fotografías y la voz. Las anécdotas no son particularmente jugosas, las fotografías tampoco demuestran un particular talento y en general poco ilustran de lo que se está contando. Y sin embargo, el tono y la cadencia producen un efecto casi hipnótico en donde incluso la larga duración del filme (para una película de este tipo) acompaña la sensación de un largo viaje y las ansias por la vuelta que experimenta el protagonista. En ese devenir, la cadencia casi cansina del filme nos habilita un espacio para la reflexión tanto de lo que escuchamos como de nuestros propios recuerdos y la forma en que los convertimos en relato. La lentitud (que se podría incluso relacionar con la cultura japonesa) se transforma en poética y discurso.

Las anécdotas y vivencias están puntuadas por imágenes cotidianas pero a la vez preciosistas y hasta poéticas del protagonista en el presente. La pregnancia de estas, filmadas en 16mm, parecen confirmar uno de los consejos que Werner Herzog daba a los jóvenes cineastas en el libro “Herzog por Herzog” sobre rodar los documentales en fílmico a cualquier precio.

Es imposible de obviar que quien cuenta su historia es un japonés que termina viviendo en Portugal, lo que a nuestros ojos americanos parece bastante extraño, aunque la migración sea un fenómeno tan común como ancestral. No obstante lo cual intentamos descubrir en ese relato las razones de tamaña decisión y la directora es probablemente consciente de ello al punto en que podríamos pensar que la misma realización de la película es una forma de introspección artística y búsqueda de respuestas de su propio pasado ya que el viajero no es ni más ni menos que su padre.

Aya Koretzky explora las posibilidades de la narración fílmica hasta el paroxismo corriendo los límites de lo que entendemos por acción dramática para brindarnos un filme que bien podría funcionar como una carta a un padre y como un legado para el futuro.

Por Martín Miguel Pereira

80%
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