TV: Semana del Film Noir, en Filmoteca

A partir de esta madrugada Filmoteca, temas de cine (lunes a viernes a las 0:30, en la trasnoche de la TV Pública de Argentina) posa su mirada sobre uno de los géneros más influyentes de la historia del cine: el Film Noir.

El Cine Negro, como movimiento, tuvo su apogeo durante las décadas del 40 y 50 y dio una gran cantidad de clásicos inolvidables. Algunos de sus tópicos más característicos fueron el mundo del hampa, la corrupción de la sociedad, la traición, la fatalidad y el peso inexorable del pasado.

Filmoteca se calza el impermeable y se regodea nuevamente con historias oscuras de asesinos a sueldo, criminales psicópatas, agentes encubiertos y mujeres fatales.

Programación:

Lunes 20 de agosto:
YO APRENDÍ A MATAR (SUDDENLY, 1954) de LEWIS ALLEN, con Frank Sinatra, Sterling Hayden, James Gleason, Nancy Gates, Willis Bouchey, Kim Charney y Paul Frees.
Suddenly es un pequeño pueblo de California donde nunca pasa nada. Un día, la noticia de que el tren del Presidente de los Estados Unidos hará una parada en el pueblo, provoca un gran revuelo. Unos gángsteres planean asesinarlo desde la ventana de una casa donde viven un jubilado del Servicio Secreto, su nuera viuda y el hijo de ésta. Los rehenes intentarán impedirlo.

Martes 21 de agosto:
ARROSTRANDO LA MUERTE (THE CROOKED WAY, 1949) de ROBERT FLOREY, con John Payne, Sonny Tufts, Ellen Drew, Rhys Williams, Percy Helton y John Doucette.
Aquí el problema es la amnesia del personaje interpretado por John Payne, un héroe de guerra que no recuerda en absoluto su pasado criminal y deberá revivir toda esa experiencia. “Te asusta salir a un mundo que no recuerdas” le dice su conciencia y a partir de ese momento habrá de llenar la tábula rasa de su anterior vida. (Guillermo Colantonio)

Miércoles 22 de agosto:
LA CICATRIZ (HOLLOW TRIUMPH, 1948) de STEVE SEKELEY, con Paul Henreid, Joan Bennett, Eduard Franz, Leslie Brooks, John Qualen, Mabel Paige y Herbert Rudley.
El comienzo nos introduce en la variante de los Caper Films, es decir, aquellas historias donde la idea de atraco aparece como un arte y salvación para escapar a un sistema social agobiante, y que iban a ser determinantes a partir de los años cincuenta. Paul Henreid interpreta a un criminal que al salir de la cárcel ve la oportunidad de asaltar un casino. Cuando explica su plan animosamente, uno de sus secuaces le dice “sigues pensando que eres el dueño del mundo” y con solo esa línea tenemos una idea del paradigma de héroe en el policial negro: el afán de poder y trascendencia criminal como motor vital. Sin embargo, un problema con las luces (valga la paradoja) frustra el plan y da lugar al resto de las acciones cuyo marco es la selva oscura de la noche urbana en la que huir es el principal objetivo. (Guillermo Colantonio)

Jueves 23 de agosto:
EL QUE COMPRÓ SU MUERTE (TIME TABLE, 1959) de MARK STEVENS, con Mark Stevens, King Calder, Felicia Farr y Marianne Stewart.
El cine de bajo presupuesto está lleno de pequeñas obras como ésta, que nadie conoce aunque funcionan a la perfección dentro de sus modestas pretensiones. Un investigador de seguros se ve involucrado a su pesar en un robo que ha sido planificado a la perfección, aunque, como suele pasar en estos casos, a cierta altura el plan falla. Hoy nadie recuerda a Mark Stevens, pero en su momento fue un galán bastante conocido (La calle sin nombre, Nido de víboras) que en algún momento decidió dirigir y producir sus propias películas. No lo hacía mal, como demuestra este filme, pero ser independiente en Hollywood nunca fue fácil.

Viernes 24 de agosto:
AMOR QUE MATA (THE STRANGE AFFAIR OF UNCLE HARRY, 1944) de ROBERT SIODMAK, con George Sanders, Geraldine Fitzgerald, Ella Raines, Sara Allgood, Moyna MacGill,Samuel S. Hinds y Harry von Zell.
Un hombre tímido se enamora pero no consigue librarse de su hermana, que es posesiva hasta la patología. Este film excelente y poco conocido tiene un pequeño misterio: fue la primera producción de Joan Harrison, que se desempeñó como secretaria y productora asociada de Hitchcock durante varios años. Por razones de censura, Harrison debió recompaginar el filme, cambiar el final y agregar un narrador en off. Aunque no figura en los créditos, ese narrador fue Alfred Hitchcock, pero sólo en la versión que se distribuyó fuera de Estados Unidos, por lo que esa colaboración suya no figura en ninguna filmografía ni libro sobre su obra. En perspectiva, el filme fue también una especie de prueba piloto para la exitosa serie de TV Alfred Hitchcock presenta, que fue una idea de Harrison y se extendió durante una década (1955-65) con enorme éxito para todos los involucrados.

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