Locarno: L’Époque (2018), de Matthieu Bareyre

L’Époque / Young and Alive (Francia – 2018)
Locarno 2018: Concorso Cineasti del presente – Mención Especial del jurado por el personaje de Rose / Premio Europa Cinemas Label

Dirección: Matthieu Bareyre / Guion: Matthieu Bareyre, Sophia Collet / Producción: Valéry du Peloux / Producción ejecutiva: Cécile Lestrade, Frédéric Ouziel / Fotografía: Matthieu Bareyre / Sonido: Thibault Dufait / Montaje: Matthieu Bareyre, Isabelle Proust, Matthieu Vassiliev / Dirección de arte: Marion Siéfert / Duración: 94 minutos.

JUVENTUD, DIVINO TESORO

L’ Epoque es una película sobre los jóvenes y si bien varias de sus imágenes transitan por la desazón, nada hay más esperanzador que saber que existe la resistencia en el país de la “justicia, la igualdad y la fraternidad”. Bareyre y su equipo salen a recorrer las noches parisinas posteriores al episodio Charlie Hebdo y en vísperas de las elecciones presidenciales. Delante de su cámara se cruzan varios jóvenes insomnes que aprovechan para expresar ideas, frustraciones, deseos y denuncias ante un sistema represor que utiliza las fuerzas policiales para vigilar y castigar. Son particularmente interesantes los bloques que dan cuenta del acontecimiento registrado en tiempo real, ya sean revueltas como protestas neutralizadas violentamente por las fuerzas.

Parte del método se basa en el cine encuesta. Una pregunta funciona como disparador para dar rienda suelta a testimonios de distinta índole en los que se vislumbran la incertidumbre sobre el futuro, la falta de condiciones laborales equitativas y la máscara falsa de una sociedad cada vez más conservadora. Frente a ello, el director apuesta por ámbitos y modos que rompan con esa lógica: discotecas y boliches que integran, personajes que rapean y amigos que recorren las calles con espíritu lúdico sin temer al escándalo, entre otras experiencias que surgen de la odisea nocturna. En este entramado, las mismas historias forjan personajes. El momento más traumático es el domingo 29 de noviembre de 2015: los jóvenes habían desafiado la prohibición para manifestarse el día antes de la apertura de la COP 21. La policía realizó más de 341 arrestos. Aquí es donde aparece Mehdi, quien se pregunta si su nombre es “terrorista”.  De procedencia africana, con nacionalidad francesa, brinda un testimonio conmovedor y demoledor. Su actitud punk es bien lúcida con respecto al rol que le toca en la selva urbana donde es mirado con desconfianza y miedo. Sus intervenciones son notables y se constituyen en el verdadero hallazgo del documental. Hacia el final, su escalada por un monumento para fumar y declarar que renunciará a su condición de ciudadano francés por vergüenza recuerda al Chaplin del inicio de Luces de la Ciudad, entorpeciendo la solemnidad de un acto gubernamental ajeno a la pobreza. Del mismo modo, Bareyre intercala discursos políticos encriptados en salones oficiales como el contraste perfecto con la calle. Su cámara nunca establece una relación de poder; en todo caso, será el montaje el que le dé sentido a las experiencias, acompañadas por una música de cámara que le otorga un valor operístico a las manifestaciones y a las luchas contra la autoridad.

¿Por qué la noche? Porque es el paisaje en el que todos se alejan de la rutina y liberan sus pulsiones. No se trata solo de discursos sino de rostros, de captar los cuerpos más allá de las palabras, principalmente todos aquellos que están condenados a la invisibilidad diurna, las burlas de los civilizados o a los palazos de la policía. Mientras existan identidades, hay futuro.

Por Guillermo Colantonio
@guillermocolant

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