Entrevista a Néstor Zapata, director de «Bienvenido León de Francia»

LA VOZ RADIAL QUE SE VOLVIÓ IMAGEN CINEMATOGRÁFICA

Las historias de capa y espada tienen un magnetismo que atrae al público: justicieros con los que identificarse, princesas que rescatar, malvados contra quienes enfrentarse. Y lo mejor: el reconocimiento de la gloria.

El León de Francia poseía todas estas características y sumaba otra, pues se trataba de un radioteatro argentino creado en 1952. Por tal motivo las hazañas cobraban una dimensión mayor: la voz de los personajes era la que guiaba la imaginación de cada oyente y, con las giras, esas voces adquirían cuerpos. Este radioteatro se volvió muy popular hasta que, por prohibiciones políticas y la aparición del televisor, el género cayó en el olvido.

Néstor Zapata, director teatral rosarino, junto con su grupo Arteón tomaron esta obra como marco y realizaron su propia visión en 1978. A lo largo de los años, el mismo elenco representó Bienvenido León de Francia en el teatro y, en los primeros días de noviembre, llegó la versión cinematográfica homónima, en la que tienen participaciones especiales Luis Machín y Darío Grandinetti.

El león de Francia era un radioteatro creado en 1952. Pero “Bienvenido León de Francia” es una obra creada por el grupo Arteón en 1978. ¿Por qué realizó una versión alternativa?

La obra creada y estrenada en el 78, fue una versión escénica que representaba las andanzas de un grupo de radioteatro en esos años. La película –inspirada en esa obra- contiene una historia que se centra mucho más en la vida de esos actores, en sus sueños y pasiones, sus miserias y encantos. Se enmarca además en una época precisa: entre los otoños del 55 y 56, lo cual le da un marco histórico muy concreto.

¿Qué elementos del filme fueron tomados del radioteatro y cuáles de su obra teatral?

De la obra, algunas situaciones, algunos personajes y por sobre todo el sabor a reconocimiento a esos seres que entregaron su oficio con tanto esfuerzo y cariño.

Este filme es su ópera prima. ¿Por qué la realizó ahora?

Mi vida fue y es una constante producción de teatro, y también de cine y televisión. Unitarios, series, documentales, cortos, publicidad, etc. Pero este es mi primer largometraje para cine. Después de todo, no es una mala experiencia hacer una ópera prima a los 73 años.

La mayoría de sus obras teatrales desarrollan caracteres nacionales. ¿Por qué eligió realizar un filme que despliega las costumbres de otro país?

La película despliega su historia en los pueblos de nuestra región, la que se conoce como la “pampa gringa”. El radioteatro es un género rioplatense por excelencia. No creo mostrar costumbres de otro país.

Lo comprendo y eso se ve en la pantalla. Pero la temática de León de Francia está más asociada a las novelas de Alejandro Dumas que a obras nacionales.

Sin duda El León de Francia es una versión de la novelística romancera. Simplemente la elegí por ser la más contundente y recordada en nuestra región.

Usted indica en una nota que no pretendió hacer una película comercial sino una que sea querible. Pero el protagonista presenta algunos matices ruines con sus compañeros ¿Esta concepción no aleja la simpatía del espectador?

Sinceramente no lo sé. Creo que eso lo resolverá el espectador. En el fondo Carlos Mendizábal, el “cabeza de compañía”, me inspira lástima. Está enredado en el personaje, en sus posturas, en su prestigio y no puede volver a ser él mismo.

La escena de la llegada del tren a la estación está construida de forma poética: planos detalle reiterativos de las ruedas, el sonido de la aceleración de las mismas, el ángulo de la estación, la lluvia del final. ¿Por qué?

Me pareció que la partida de Blanquita de su pueblo natal la invadía, tanto a ella como a los seres que dejaba atrás, de una sensible nostalgia que intenté traspasarla a las cosas.

En un artículo, un radioescucha de la época remarcó su desilusión al ver a los actores en una función. Sin embargo, en la película este tema no se trata. ¿Fue una decisión de la puesta o no se profundizó sobre esta posibilidad?

Creo que tal desilusión, si existió, fue fugaz. Los actores, ya en la piel de sus personajes, terminaban seduciendo a sus espectadores. En lo personal conocí a quien representaba El León en esos años y su figura no lo acompañaba para tal personaje, pero su voz poseía un timbre incomparable y encantaba a todos.

Tanto en el comienzo del filme como llegando al final se presentan escenas en blanco y negro y luego en color. ¿Por qué?

Intento plasmar al principio la unidad de tiempo entre el baile y la única escena de archivo que es el bombardeo a Plaza de Mayo. Hacia el final, en cambio, fue por una necesidad de sus estados de ánimo, tanto del público como de ellos mismos, que sobre el cierre de la historia regresa el color a través del destino de Blanquita y Santito.

El final de Raúl Calandra (quien interpreta a El León) ¿podría considerarse como una metáfora del final del radioteatro?

Sin lugar a dudas. Para mí, él muere en el colectivo. Lo demás pasa por su mente en ese segundo que precede a la muerte y su despedida es sin duda el inicio del adiós del radioteatro.

¿Porque le dedicó su película a Leonardo Favio?

Porque admiramos su cine. Porque creemos además que contemplamos su propio sentir sobre esos hombres y mujeres del radioteatro, que fueron realmente tan queridos por el público, que brindaron humildemente su emoción, su experiencia y su trajinar, en forma tan cálida, que sería injusto no realizarles este reconocimiento. Nosotros se lo ofrendamos a través de Leonardo Favio.

Por Brenda Caletti
redacción@cineramaplus.com.ar

 

Podría interesarte

Escribe un comentario

No publicaremos tu mail