Crítica: Yesterday (2019), de Danny Boyle

Yesterday (Reino Unido / Rusia / China – 2019)

Dirección: Danny Boyle / Guion: Richard Curtis / Productor: Bernard Bellew, Tim Bevan, Danny Boyle, Richard Curtis, Eric Fellner, Matthew James Wilkinson / Música original: Daniel Pemberton / Fotografía: Christopher Ross / Montaje: Jon Harris / Diseño de Producción: Patrick Rolfe / Intérpretes: Himesh Patel, Lily James, Sophia Di Martino, Ellise Chappell, Meera Syal, Harry Michell, Kate McKinnon, Vincent Franklin, Camilla Rutherford, Joel Fry, Sophie Mensah / Duración: 116 minutos.

OLVIDO DESACERTADO

¿Cómo sería el mundo sin Los Beatles? Si al poner en el buscador Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band solo aparecieran morrones o cumplir 64 años dejara de tener un sentido especial. ¿A alguien le importaría cruzar Abbey Road o visitar la tumba de Eleanor Rigby en St. Peter? ¿Qué sucedería con los gritos tan característicos de las fanáticas, los estribillos pegadizos o los lentes de John Lennon, por ejemplo? ¿Adónde irían a parar todos aquellos rituales, simbologías y experimentaciones? La última película de Danny Boyle pretende explorar dicha perspectiva como consecuencia de un apagón mundial momentáneo y del choque entre la bicicleta del protagonista y otro vehículo. El retorno de la luz evidencia una serie de borramientos colectivos, con una ínfima excepción. Ya nadie recuerda a los ‘fab four’ ni a su legado musical como tampoco, y en menor medida, la coca-cola, el cigarrillo o Harry Potter. Un vacío que se torna imprescindible de recomponer; una oportunidad que vale la pena aprovechar.

Paradójicamente, el cineasta atenta contra su promesa. En lugar de ahondar sobre la conformación de la memoria social y de los mecanismos necesarios para la consolidación de ídolos, tradiciones o del acervo cultural, se desvía hacia una vaga historia de amor que ni los propios personajes terminan de reconocer. Al inicio, Jack actúa en tanto analogía de los hermanos Grimm. Recuerda, recolecta, ensaya y plasma numerosos temas en maridaje con algunas prácticas realizadas por el grupo británico como estéticas y nombres de los álbumes o el show en la terraza. A diferencia de los alemanes que registraron los relatos orales como una forma de conformar la identidad nacional, el cantante busca grabar las canciones, difundirlas y alcanzar algo de éxito frente a un público renovado. No obstante, el abrupto cambio de tono le quita la escasa profundidad y lo despoja de lo que parece su objetivo primordial así como también desarticula la estructura narrativa dejando sin sentido la resignificación de las persecuciones y gritos de las groupies, la cita de los títulos, la copia de las acciones, el miedo constante a ser descubierto en la farsa, el tratamiento corrupto de la discográfica o las apariciones de dos personas con un diálogo bastante ridículo. Mientras que el movimiento en el último tramo de Yesterday tampoco resulta acertado porque queda a medio camino de las posturas desentendiéndose de ambas.

Además, el giro romántico quiebra la débil construcción de los personajes. Con la salvedad de Debra, cuyo rol se desdibuja por el insignificante abordaje a los manejos de la industria musical, el resto carece de solidez o de rasgos singulares. Por el contrario, se mueven en una superficie monótona, donde no se comprometen con sentimientos, decisiones o lazos hasta convertirse en caricaturas de sí mismos. Tanto el jefe como el conductor del programa se burlan del protagonista sin problemas, los padres desconfían de las habilidades del hijo; incluso en el despegue de la carrera y Jack se muestra inseguro todo el tiempo, un rasgo que más que acentuar la idea de perdedor lo vuelve plano e insufrible. Lo mismo ocurre con Ellie, quien no parece enamorada, sino forzada a estarlo mediante el guion, como si Boyle intentara imponer la premisa principal de la banda, todo lo que necesitas es amor.

Al igual que el protagonista, que se apropia de la herencia de Paul McCartney, John Lennon, George Harrison y Ringo Starr, el director presenta escenas vistas en Bohemian Rhapsody y Rocketman como los instantes previos a la salida de los artistas frente al gran público –en todos los casos con la apertura de la puerta y los aplausos– o a cada cantante tocando en el piano. Incluso, la escena de la persecución en Liverpool puede pensarse como una referencia del comienzo de Trainspotting, su primer éxito.

A final de cuentas, la inexistencia de Los Beatles se vuelve una excusa para presentar, desde la superficie y sin mucho acierto, un “vínculo latente pero callado”. Un pretexto que devora los escasos intentos de establecimiento de las bases de semejante reservorio cultural que, ayudado por internet y las redes sociales, favorece la circulación y habilita el contacto directo, más potente que nunca. Un esquema que queda en el olvido como la coca-cola, el cigarrillo, Harry Potter y los cuatro jóvenes que revolucionaron al mundo con el coro de ‘yeah, yeah, yeah’.

Por Brenda Caletti
@117Brenn

40%
  • Nuestro Puntaje
Podría interesarte

Escribe un comentario

No publicaremos tu mail