Crítica: Violette (2013), de Martin Provost

Violette (Francia / Bélgica – 2013)

Dirección: Martin Provost / Guión: Marc Abdelnour, Martin Provost y René de Ceccatty / Fotografía: Yves Cape / Música: Hugues Tabar-Nouval / Montaje: Ludo Troch / Diseño de producción: Thierry François / Intérpretes: Emmanuelle Devos, Sandrine Kiberlain, Olivier Gourmet, Catherine Hiegel, Jacques Bonnaffé, Olivier Py, Nathalie Richard y Fabrizio Rongione / Duración: 139 minutos.

Viollette es un biopic que narra los hechos acontecidos en los últimos años de vida de la escritora francesa Violette Leduc, quien con una infancia turbulenta y un futuro signado por la soledad y el desamor, no logra deshacerse de una especie de maldición proferida por su mente siempre activa y los conflictos existenciales de un naciente feminismo.

En las afueras de Paris y con una vida en pareja junto a un hombre que no la amaba, los comienzos de Violette en la Literatura surgieron de la impetuosa necesidad de exteriorizar sus demonios, su profunda angustia y el constante miedo al vacío. La práctica literaria, poco a poco, se fue transformando en el cable a tierra que, años más tarde le daría fama internacional. Pero desde la periferia nada se podía hacer, y es por eso que con su mejor vestido, y algunos ahorros emprende su viaje a la ciudad de las luces.

No fue fácil el acceso al movimiento parisino. Sin embargo, gracias a su ingenio, pronto pudo alquilar un cuarto en una pensión y continuar con la no poco atrevida idea de vivir de sus escritos. Sin dejarse obnubilar por el glamour propio de la ciudad, sus ojos dieron con los de la particular ensayista y filosofa Simone de Beauvoir.

Como punto de inflexión inexorable, la vida de Violette se divide en un antes y un después de Simone. Inmersa en una relación de profunda admiración, el amor no tarda en filtrarse, y con él, los celos y la necesidad de ser correspondida. Simone pronto descubre en Leduc una prometedora escritora, pero Leduc tarda en auto convencerse de sus logros y la vencen sus inseguridades.

Fiel a la biografía, el filme narra un gran fragmento de la vida de Violette Leduc. Sin muchas pretensiones y con un relato al ritmo propio del género, Violette intenta captar en sus fotogramas el espíritu de esta feminista atormentada. Como eje principal, y a modo de metáfora visual, el hincapié que el realizador hace en la presencia de planos de manos vacías, no dejan de hacer presente la profunda soledad que transita la protagonista.

Sin mucho más para decir en tanto dato biográfico, la película busca recrear un ambiente cansino en donde la figura femenina es la piedra angular de un argumento que ronda, todo el tiempo, sobre la idea del cuerpo de la mujer como vehículo para  la realización personal o profesional. Cuerpos de mujeres que son mucho más que su propia carne en un contexto social y político agitado. Respetando hechos históricos y con exactitud en la estética de época, el filme no deja ser un biopic más.

Por Paula Caffaro
redaccion@cineramaplus.com.ar

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