Crítica: Titane (2021), de Julia Ducournau

Titane (Francia – 2021)
Disponible en la Plataforma MUBI a partir del viernes 28 de enero
Cannes 2021: Palma de oro a la Mejor Película
Mar del Plata 2021: Panorama Hora Cero

Dirección y Guion: Julia Ducournau / Producción: Jean-Christophe Reymond, Amaury Ovise / Música Original: Jim Williams / Fotografía: Ruben Impens / Montaje: Jean-Christophe Bouzy / Intérpretes: Agathe Rousselle, Vincent Lindon, Garance Marillier, Laïs Salameh, Myriem Akheddiou, Mara Cisse, Marin Judas, Céline Carrère, Bertrand Bonello, Adèle Guigue / Duración: 108 minutos.

PUBLICADA ORIGINALMENTE COMO PARTE DE LA COBERTURA DEL 36 FESTIVAL DE CINE DE MAR DEL PLATA

I’M IN LOVE WITH MY CAR

Podríamos describir la primera parte de Titane con la letra del tema de Queen que da título a la presente nota. Aunque esta no es una relación amorosa sino puramente sensual, erótica, fetichista entre una mujer y los autos. Esa relación engendrará un hijo híbrido, mitad ser humano mitad máquina, pero lo más problemático será ese embarazo mecánico.

Podemos dividir la película en dos partes bien marcadas: una, la primera, desenfrenada, descarnadamente corporal y salvaje; la segunda, sin abandonar los rasgos de la primera, mucho más compleja, en donde el conflicto está más puesto en las relaciones humanas y las identidades. Allí es donde el filme pasa de ser solamente estimulante y atractivo para convertirse en una gran obra.

En su función estreno en el Cine Ambassador de Mar del Plata, en el marco del festival, el público joven copó la sala pues se sabía que era LA película a ver, con un recorrido triunfal en festivales coronado en Cannes. También se conocía de antemano su irreverencia y su costado bizarro, que es una característica de las funciones nocturnas en la sala céntrica. Las reacciones y ruidos de sala fueron el termómetro perfecto que refleja esas dos partes del relato que detallamos anteriormente. El filme golpea de entrada, obnubila y extasía, pero luego deja un respiro para la reflexión.

Titane es parte de una genealogía cinematográfica muy clara, en la que el Cronenberg de los años 80 sea quizás el punto inicial, pero también hay mucho de Tetsuo (Shinya Tsukamoto, 1989) y su estética cyberpunk, el desenfreno de Takashi Miike, de nuevo el Cronenberg de Crash (1996) y hasta Tarantino, en esa orgía de muertes al comienzo del filme.

Pero todo eso, a mi entender, es la cáscara, lo interesante no está allí, sirve apenas como marco estético para captar nuestra atención. Lo fundamental se encuentra en las temáticas que trata el relato. El principal es la deconstrucción de los géneros, incluso del humano. La protagonista está más allá de los géneros, como una criatura perfecta engendrada por Paul Preciado, al tiempo que abandona su personalidad cis, abandona también su propia humanidad. Pero también se permite poner en crisis las masculinidades. No se conforma con enfrentar a lo masculino con su costado femenino, va mucho más allá. De ninguna manera es un filme de hombres bien machos en el closet, sino que nos enfrenta constantemente a personalidades que sólo pueden definir su masculinidad en lo estético. Y eso sin hablar del coprotagonista, que, además de esos conflictos, tiene el de la paternidad, resuelto de una manera brillante.

Si hay películas que oscurecen las aguas para hacerlas parecer más profundas, Titane es todo lo contrario, está tan segura de su densidad narrativa y temática que la esconde tras el color y las luces de los fuegos artificiales; quien quiera embelesarse con el brillo encontrará su disfrute, quien pueda ver más allá se deleitará con un filme extraordinario.

Por Martín Miguel Pereira

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