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Crítica: The Square (2017), de Ruben Östlund

The Square (Suecia / Dinamarca / Alemania / Francia – 2017)

Dirección y Guión: Ruben Östlund / Fotografía: Fredrik Wenzel / Edición: Jacob Secher Schulsinger y Ruben Östlund / Diseño de producción: Josefin Åsberg / Intérpretes: Claes Bang, Elisabeth Moss, Dominic West, Terry Notary y Christopher Læssø / Duración: 142 minutos.

ESTAR ADENTRO O ESTAR AFUERA

El director sueco Ruben Ostlund nos propone en este filme, su cuarto largometraje de ficción y con tan solo 43 años, arriesgarse con otra hipótesis a comprobar sobre el comportamiento del hombre en la sociedad moderna del primer mundo, y cuando digo hombre enfatizo la mirada en el género masculino como epicentro de las filosas indagaciones que teje este realizador.

Así como en “Fuerza mayor” lo hizo en el marco de una familia tipo, sueca y burguesa que vacaciona como si el mundo fuera perfecto hasta el “¿qué pasaría si un padre abandona a su familia frente al peligro de muerte?”, bien, de este filme ya sabemos su respuesta o su intención de arribar a una conclusión sobre esta encrucijada.

En este caso, “The Square” traza el vínculo entre el nuevo curador de un museo de arte moderno muy top en Estocolmo y la burguesía sueca contemporánea, funcionando finalmente ambos como espejos uno del otro.

En el museo residen los “dueños del saber” esos representantes de un discurso único: “el del arte”, y frente a ellos el mundo, los otros, la sociedad ya que ricos o pobres siempre son o serán “los ignorantes” los hambrientos de una cultura dignificante que solo la institución sagrada del museo les puede proveer.

Christian (Claes Bang) es un ególatra, atractivo e hiper burgués que busca ante todo el éxito sin importar cuál sea la empresa que se proponga, y tener a sus pies a toda la fauna social, desde los ricos que aportan al museo millones y fantasías de grandeza, hasta la gran masa general. Ellos son las nuevas presas de este cazador profesional, un ideal del sujeto modelo del sistema capitalista en su apogeo.

Su obsesión y desmesura se aplican tanto como para recuperar su celular y su billetera que le roban en un descuido al estilo “cuento del tío” por lo que será capaz de trazar un plan demencial y abominable para recuperarlos, plan y resultado que no puedo develar porque son una de las claves críticas de la temática y de la hipótesis en juego de esta narración.

Su misma modalidad sin límites queda a la luz también en la estrategia de marketing que termina aplicando como sin saberlo para lograr una convocatoria masiva a la nueva muestra del museo que es el gran evento del año, o más bien la metáfora del fenómeno social del que habla el filme.

La muestra mencionada le es adjudicada a la artista argentina Lola Arias (algo totalmente ficcional) y se titula: “The square” como la propia película, lo que en inglés significa “el cuadrado”, que es en sí la estructura de la instalación: un cuadrado de 4 por 4 metros de lado.

Una serie de cuadrados serán el despliegue de esa muestra, y quienes entren allí deberán respetar las reglas de convivencia que para esos espacios fueron creadas. Estas “reglas” se basan en: la aceptación, la confianza y la solidaridad. Toda una ironía para una película donde si hay algo que no existe y que ni esboza aparecer, son algunos de estos tres valores éticos y morales del ser humano.

El relato presenta varias sub tramas, algunas hilarantes, otras impactantes, armando un tejido de vínculos o trazos argumentales que quedan abiertos o abandonados, parte del gran caos narrativo, del gran caos social, ideológico y ante todo de la gran impronta de post modernidad que destila toda la trama y su estructura, su ética y estética integral.

Una de las escenas de mayor despliegue teatral, si así pudiera decirlo, es el acting que se lleva a cabo en una cena de gala con los grandes benefactores del museo y un grupo de gente diversa emperifollada con lujosos atavíos y plagados de joyas que son parte de este juego. Pero la payasesca puesta deviene en una suerte de descontrol, perverso y salvaje. Todo un juego simbólico del lugar de poder de esta élite y de todas las élite del mundo que sufren y disfrutan a la vez poniendo a la luz sus vacíos de sentido, sus agujeros existenciales, sus miserias aberrantes y su capacidad de denigración. El eterno juego del amo y el esclavo.

El filme de 140 minutos es excesivo tanto por su metraje como por la cantidad de relatos que se abren del núcleo. Estos generan la posibilidad de pensar que hay más de una posible hipótesis a indagar, pero esto no es algo seguro . Entonces defenderíamos la idea de que hay una sola, y que las tramas y sub tramas dan al mismo tiempo una diversidad de respuestas y no respuestas para la misma pregunta: ¿Qué sucedería si un hombre para vender una falsa verdad es capaz de mostrarle a la sociedad su misma imagen, la más abominable transformada en un video inmoral?

Si esta es una de las posibles hipótesis acerca de la sociedad y el hombre post moderno y primer mundista, no es la central y no es la única sin duda. Inevitablemente hay más de una pregunta crítica en danza ¿más de una hipótesis, más de una respuesta?

El filme se hace barroco ante tantas capas de elementos superpuestos y exige del espectador un desmembramiento de cada parte, sin quedarse en los golpes de efecto que son muchos, exigiéndole sacar el hilo fino subtextual que la película quiere claramente que sea encontrado por el observador.

Un desafío para los que gustan de estos juegos del pensamiento crítico más que de las emociones.

Por Victoria Leven
@victorialeven

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