Crítica: Soul (2020), de Pete Docter

Soul (Estados Unidos -2020)
Estreno exclusivo de la Plataforma Disney+

Dirección: Pete Docter / Co dirección: Kemp Powers / Guion: Pete Docter, Kemp Powers, Mike Jones / Producción: Dana Murray / Música original: Trent Reznor, Atticus Ross / Fotografía: Matt Aspbury, Ian Megibben / Montaje: Kevin Nolting / Dirección de animación: Jaime Landes Roe, Gini Cruz Santos, Royce Wesley / Voces originales: Jamie Foxx, Tina Fey, Graham Norton, Rachel House, Alice Braga, Richard Ayoade, Phylicia Rashad, Donnell Rawlings, Angela Bassett, Questlove, Cora Champommier / Duración: 100 minutos.

Una de las cosas de las que la pandemia nos privó es de poder disfrutar de películas como Soul en las salas de cine. Que las pantallas nos dominen para poder ingresar en los fabulosos mundos que se nos presentan, especialmente en los filmes de Pixar.

La nueva película de Pete Docter, un auténtico veterano de la compañía ya que con solo 52 años lleva más de la mitad de su vida dedicada a Pixar, funciona en dos planos espaciales: el mundo de los humanos y el de las almas.

En la ciudad de Nueva York, Joe Gardner, un profesor de música de una escuela secundaria, acaba de conseguir la gran oportunidad de su vida: tocar en el mejor club de jazz de la ciudad. Pero un pequeño traspié lo llevará hasta “El Gran Antes”, un lugar fantástico donde las nuevas almas obtienen su personalidad, carácter y una pasión, un objetivo. Allí, intentando regresar a la tierra, entablará relación con 22, un alma que durante siglos tuvo los mentores más invaluables pero que nunca quiso encarnar.

Esta trama tiene una relación bastante estrecha con el filme anterior del realizador estadounidense: Inten-samente (2016). Aquella película transcurría en la mente de una niña donde cinco emociones intentaban tomar el control. Este filme también trabaja desde lo intangible y lo emocional que hay en el ser humano. Si aquella vez era la mente, esta vez es el alma y los recovecos que la conforman el espacio donde se despliega la fantasía animada.

Más allá del pretencioso objetivo del realizador de intentar explorar quienes somos más allá de nuestros cuerpos, aun perdiendo mucha de su fuerza por la imposibilidad de ser visionada en una pantalla grande y estando lejos del podio de las mejores películas de la compañía, la película funciona.

Hay una animación de excelencia, como nos tiene acostumbrados la productora establecida en Emeryville, al servicio de un guion casi sin fisuras y con unos cuantos gags efectivos que junto a la música de jazz hacen ameno y hasta disfrutable este viaje de ida y vuelta desde Nueva York hasta el “El Gran Antes” pasando por las puertas de “El Gran Después”.

Por Fausto Nicolás Balbi
fausto@cineramaplus.com.ar

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