Crítica: ¡Que vivas 100 años! (2019), de Víctor Cruz – FIDBA 2020

¡Que vivas 100 años! (Argentina / Italia – 2019)
FIDBA 2020: Competencia Argentina – Premiere Continental
Estreno a través de la plataforma Cont.ar

Dirección y Guion: Víctor Cruz / Producción ejecutiva: Fito Pochat, Giovanni Pompili / Dirección de fotografía: Nicolás Pittaluga, Matteo Vieille, Diego Poleri / Montaje: Alejandra Almirón / Música original: Francisco Seoane / Duración: 81 minutos.

Este documental del realizador argentino Víctor Cruz, director de los filmes El perseguidor y Boxing club, nos presenta en este nuevo filme la panorámica de una serie de retratos sobre la longevidad, queriendo construir una reflexión sobre la vejez, ese estadio de la vida que percibimos como último pero que a su vez está lleno de vida aún en movimiento, lleno de palabras y pequeños rituales.

De occidente a oriente el documental va registrando con un tópico observacional, pasajes de la vida de hombres y mujeres con unos 100 años o más. Desde Costa Rica a Okinawa los ancianos nos dejan ver la vivencias felices, y no tan felices de sus vidas en la actualidad. Panchita en Costa Rica cumpliendo 109 años habla con lucidez y vitalidad, envuelta en sus infinitas arrugas, sus ojos pequeños, sus manos llenas de historia.

Otro punto de anclaje es Italia, la isla de Cerdeña donde el longevo Alfredo con sus 93 años. La vida del mundo isleño, los juegos y la infancia son parte del contraste. Adolfo nos cuenta un deseo para su natalicio, algo que veremos como ficcionalmente cumplido en una suerte de sueño hecho realidad.

Finalmente el punto de arribo hacia el final es Okinawa donde nuestra protagonista se reencuentra, luego de una historia dolorosa de pérdidas afectivas, con un grupo de ancianas amigas para representar una coreografía, luego de haber dejado en baile por años.

El contraste de culturas, de mundos y vivencias cotidianas es parte de la riqueza visual y narrativa de este conjunto de mini historias, de retratos, de cuentos.

Estos cuentos documentales son sobre personajes que se nos presentan entrañables, aunque a veces esa insistente observación de la cámara y el armado del relato en su totalidad peque de intentar ser más emotivos de lo que necesario, pisando en ciertas escenas lo sobre-marcadamente emocional, fuera de la distancia que sería ideal para la reflexión y no la inducción emotiva. Siempre es complejo en relatos de historias de vida no caer en un lugar común idealizante acerca del sentido de la misma y la cercanía a la muerte. Y a veces el filme bordea ese límite entre lo sensible y lo emotivo como un acto evidente.

Por Victoria Leven
@LevenVictoria

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