Crítica: Noemí Gold (2019), de Dan Rubenstein – BAFICI

Noemí Gold (Argentina / México / Estados Unidos – 2019)
BAFICI 2019: Competencia Internacional

Dirección y Guion: Dan Rubenstein / Producción: Dan Rubenstein, Catalina Berarducci / Director de Fotografía: Tebbe Schöningh / Sonido: Arturo Salazár / Montaje: Miguel Goya / Dirección de arte: Romina Santorsola / Intérpretes: Catalina Berarducci, Martina Juncadella, Amelia Repetto, José Fogwill, Dan Rubenstein / Duración: 80 minutos.

Noemí Gold ha sido presentada como una comedia porteña y claramente lo es. No podría ser hablada en otro idioma, ni sus personajes podrían transitar otra urbe que la nuestra y sus alrededores. El humor es porteño y la languidez mezclada con la euforia también son una marca localista y contemporánea.

Noemí y su apellido judío sintetizado en “Gold” ya es un dato que nos habla acerca de que tipo de personajes y que tipo de vínculos arman este retrato sobre un grupo social particular, el de unos jóvenes casi treinteañeros que viven sumergidos en las aguas de la posmodernidad.

Noemí tiene un conflicto, quiere detener su incipiente embarazo y ese hilo conductor se va enlazando de manera caprichosa pero inteligente con distintos acontecimientos de diversa complejidad y forma.

El racimo de personajes y sucesos que arman el relato es variopinto, así se van enlazando como en una enredadera la llegada de su primo de Los Angeles – una suerte de comediante de las redes sociales-, la relación con su mejor amiga una rubia alocada y adorable, dos días en el tigre, fiestas varias, el encuentro con el padre del hijo en una vernissage y la visita a la casa de su abuela entre otras tantas. Todo organizado de manera tal que entre elipsis y elipsis pasa el tiempo sin explicaciones, y sin forzados empalmes narrativos.

El filme respira el aire de los personajes de Alejo Moguilansky, o del primer Martín Rejtam como si “Silvia Prieto” o su espíritu rondaran por la sala. Jóvenes dubitativos, indefinidos, laxos, ciclotímicos, y ante todo anti sartrianos, pues no vemos en ellos nada de esa angustia existencial tal como la planteaba la modernidad, donde las emociones parecían atravesar a los sujetos de lado a lado y los dejaban al filo del abismo.

Noemí Gold está construida sobre la coreografía de sus personajes y ese es su fuerte. Estos seres singulares que viven las cosas como en “modalidad líquida” donde los vemos padecer sus angustias al mismo tiempo que caminan sobre un territorio plagado de huellas de humor.

Estas marcas atípicas y disonantes de veta humorística circulan a partir de lo imprevisto, lo inesperado y lo impensable, algo que para sus protagonistas por el contrario se vive como natural y fluye, con sus más y sus menos, como el agua clara de un río.

Por Victoria Leven
@LevenVictoria

70%
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