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Crítica: Los Globos (2016), de Mariano González

Los globos (Argentina – 2016)

Guión y dirección: Mariano González / Fotografía: Fernando Lockett / Edición: Santiago Esteves, Delfina Castagnino y Mariano González / Dirección de arte: Julieta Dolinsky / Intérpretes: Mariano González, Alfonso González Lesca y Juan Martín Viale / Duración: 65 minutos.

INFLAR EL PECHO

En su ópera prima, Mariano González toca un tema profundo, intenso  y esencial como es la relación entre un padre y un hijo. Lo que difiere de innumerables ejemplos cinematográficos donde hemos visto abordar esta temática, es el punto de vista que el director decide tomar para contar una historia cruda y compleja como puede ser un padre que no quiere (en principio) ni puede tomar el rol que le corresponde.

El director, quien también escribió el guión y se puso en la piel de César, protagonista de la historia, narra de manera poética a un hombre que pareciera flotar, sobrevivir, subsistir, reaccionar, a veces de manera autónoma, a veces de manera visceral pero siempre poniéndole el cuerpo a todo lo que la vida tiene para darle, y para quitarle.

Sin que sepamos mucho de su pasado, César pasa sus días trabajando en una fábrica de globos bastante venida a menos, hace crossfit en el mismo patio de la casa donde vive (lugar donde también funciona dicha fábrica), y tiene sexo ocasional con distintas mujeres. Sus días cambian cuando su suegro le informa que no puede seguir haciéndose cargo de su nieto (de la madre no sabremos mucho, más que sobre su muerte en un trágico accidente). César a duras penas puede con su propia vida, con lo cual resulta difícil imaginar como hará para poder hacerse cargo de la de un nino pequeño (quien interpreta a su hijo Alfonso en pantalla, es su hijo en la vida real, detalle que se impone y aprecia en las escenas bellas y duras que ambos comparten).

El argumento podría no distinguirse por su originalidad, pero allí es donde reside el acierto de González, en no juzgar a sus personajes ni esterioriparlos. Los deja correr libres por el bosque, los perdona y los vuelve a encontrar una y otra vez. Se hablan desde la mirada, la que coincide y la que no, se hablan desde el cuerpo, lleno de polvo, golpeado, provisto casi siempre de la misma ropa y de la misma piel.
Otra gran decisión tiene que ver con la manera de narrar, de contar, filmar con cámara en mano, seguir a los personajes, cuasi encerrarlos en esos planos cortos que nos involucran de lleno con César, con su imposibilidad de hacerse cargo, primero de él y luego de su hijo, con los miedos y angustias que asfixian el aire alrededor, el aire de esos globos que no se inflan, que no vuelan, que no se elevan.

Una película distinta, con innegable influencia del cine de los hermanos Dardenne, donde queda claro que pueden contarse historias fuertes, secas, sin recurrir al golpe bajo, a la sensiblería barata y demagoga. Con el precedente de haber ganado el premio de la crítica en el Festival de Cine de Mar del plata, Los Globos, se posiciona como una de las mejores películas nacionales que seguramente veremos este año, y como una ópera prima que augura un excelente camino para su director y protagonista.

Por María Paula Putrueli
@mary_putrueli

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