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Crítica: Histórias que nosso cinema (não) contava (2017), de Fernanda Pessoa

Histórias que nosso cinema (não) contava (Brasil – 2017)
Festivales: Mostra de Cinema de Tiradentes, Cinélatino – Festival de Toulouse

Guion y dirección: Fernanda Pessoa / Montaje: Luiz Cruz / Música: Érico Theobaldo / Duración: 80 minutos.

Son dos los motivos por los cuales este curioso documental, inscripto en la siempre imprecisa categoría de experimental, me desveló de la habitual pereza que ya producen varios films que circulan por festivales para reiterar los mismos tópicos y recursos. El primero de ellos tal vez resulte una nimiedad, un signo trivial que acaso ponga nuevamente en cuestión la idea de originalidad, ese fango del cual un cineasta absorbe planos y escenas (con justicia) y sin piedad; el segundo ya obedece a una operatoria más compleja y, sospecho, es la razón misma de la película.

En una de las escenas recortadas que transitan a una considerable velocidad, se ve en exteriores que un hombre se acerca a un joven para pedirle favores sexuales. Ante la negativa, ofrece dinero, y luego más dinero. La mirada dubitativa del otro entonces promueve la reflexión del primero: no faltan putos, sino gente que ofrezca plata. Desconozco si se trata de un dicho popular o de una sentencia que atravesó a la historia desde el nacimiento del capitalismo, pero reconozco (como varios ya deben haberlo hecho) la misma situación en un baño entre los personajes de Nueve reinas (2003) de Fabián Bielinsky. ¿Plagio, casualidad, remix? Quedará la respuesta para los que se interesen en seguir rastreando el linaje de tal artilugio. Por lo pronto, no deja de ser una curiosa asociación.

La dictadura militar que duró 21 años en Brasil no impidió que se desarrollara, con todos los inconvenientes del caso, un género popular que combinaba cierta concepción del erotismo impensable en otras latitudes bajo el mismo régimen. Este pequeño margen (siempre será pequeño el margen en marcos totalitarios) posibilitó que dentro de la oscuridad del período proliferara una cantidad de películas reaccionarias a los mensajes propagandísticos del gobierno con proclamas del estilo “Dios es brasileño”. Un modo de reactivar genéricamente una crítica a los valores abstractos y morales propugnados por los militares, fue el que desarrollaron las porno-chanchadas. A pesar de que de porno tenían poco y nada gracias al comité de censura, lo que prevalecía era la construcción colectiva de un discurso que ponía el foco en las conductas sociales diversas, bizarras, sexuales y placenteras que se oponían a la casta militar del momento.

A este propósito hace honor Fernanda Pessoa con un demencial montaje de fragmentos de innumerables exponentes pertenecientes a esta modalidad, y los resultados conducen a una amalgama de estados que van desde la risa a la perplejidad, del goce al hastío por la mecánica misma de la repetición. No obstante, nunca incita a la diferencia. Cada segmento elegido y relocalizado en una nueva continuidad temporal no deja de parecer un gesto vanguardista saludable y al mismo tiempo un hábil compendio cuya conclusión bien podría expresarse con el magnífico título de Sergio Bianchi, utilizado para su mejor película, Cronicamente Inviável (Crónicamente inviable, 2000), un ensayo sobre la complejidad de un país en el que detrás de la postal placentera turística se tejen las peores redes de desigualdad social, ocultas debajo del dinero y la potencia sexual machista, o de la alegría sin fin.

Que Pessoa se corra del mero inventario de citas es posible por la forma en que hace interactuar cada momento y se convierte en una apuesta arriesgada, alejada de un tono didáctico. En todo caso, la colisión de imágenes habilita enunciados tendientes a unificar un sentido (la hipocresía y las contradicciones de una realidad harto compleja), pero al mismo tiempo demuestra que ese género etiquetado comercialmente como porno-chanchadas constituía un rico y variado campo de propuestas capaces de exponer temas que, más allá de las dificultades económicas mostradas, dejaba intersticios para que se cuelen osadas maniobras ideológicas en torno a problemáticas como el aborto, la emancipación sexual y el consumo de drogas. Desde este punto de vista resalta la vindicación de películas atadas a un mero rótulo genérico y valoradas a la distancia por su riesgo (un ejercicio que urge en medio de tanto discurso progresista en torno al cine latinoamericano; tipos como Armando Bo demandan una necesaria y justa reivindicación). Este mecanismo de revisión enriquece notablemente al documental y lo aparta de la mediocridad reinante. No es poco.

Por Guillermo Colantonio
@guillermocolant

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