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Crítica: Good Time – Viviendo al límite (2017), de Safdie Brothers

Good Time: Viviendo al límite / Good Time (Estados Unidos – 2017)

Dirección: Benny Safdie, Josh Safdie / Guion: Ronald Bronstein, Josh Safdie / Fotografía: Sean Price Williams / Música: Oneohtrix Point Never / Intérpretes: Robert Pattinson, Benny Safdie, Taliah Webster, Peter Verby, Jennifer Jason Leigh, Barkhad Abdi, Necro / Duración: 101 minutos.

En Heavens Knows Why (2014), anterior película de los hermanos Safdie, el lado B del sueño americano copaba las calles con homeless, yonquis y transas que apenas superaban la mayoría de edad, sin futuro en mente ni ambición alguna más que juntar unos pocos dólares para “pegar” la siguiente dosis de heroína. Así, el dúo neoyorquino consiguió unirse a las filas iniciadas por John Cassavettes colocándose -a la par de Sean Baker- entre las figuras más sobresalientes del cine independiente estadounidense actual. Sin embargo, no es sino con su quinta entrega, Good Time: Viviendo al límite donde la dupla sanguínea alcanza un nivel altísimo que -sin querer ser adivino – bien podría ser la cúspide de su carrera. La vitalidad y la potencia jovial de los directores encastra (¡ahora sí!) con un guion urbano, pero más que nada con un ritmo anfetamínico como cimiento, no apto para taquicárdicos, que bebe mucho de la cultura del videojuego.

Luego de una pequeña intro con el rostro ido de Nikolas (Ben Safdie) en el consultorio de su psiquiatra (más adelante le sucederán planos detalle de otros rostros, porque Good Time es en consonancia con su claustrofobia narrativa, un largometraje de planos cerradísimos, casi sin aire que permita respirar) la trama se saltea todos los pasos que un filme de atracos debe tener mostrándolo a él y a su hermano Connie (Robert Pattinson) dentro de un banco en pleno modus operandi delictivo. Pero hay un detalle no menor: Nikolas sufre cierto retraso mental que lo hace pendular sin término medio de la incomprensión a la ira reactiva. Es una persona incapaz de cuidarse a sí mismo, o eso es lo que refleja el afán desesperado de un Connie ya prófugo por liberar a su hermano una vez que éste es apresado por la policía.

La metrópolis neoyorquina con sus luminarias insomnes y sus pantallas encendidas durante las 24 horas alumbran los ojos de un Pattinson despreciable y amoral, muy lejos de la inmortalidad romántica que supo tener en Crepúsculo y cercano a una de las mejores actuaciones de su carrera. Connie es un personaje despreciable, con pocas luces. Actúa como un gamer impulsivo y equívoco que a cada nivel superado vuelve a caer en un problema aún mayor. Es el protagonista y centro de un espiral descendente que dura tan solo día, pero por la cantidad de secuencias que ocurren, y gracias a una música electrónica que prácticamente te lleva puesto haciendo que pasemos por alto varias inverosimilitudes, parece que ha transcurrido una semana entera. Good Time es urgente como Corre Lola Corre, pero sin metafísica y con mucho pesimismo social.

Los Safdie despliegan un armamento visual amplio que va desde una imagen granulada y retro, hasta el uso del teleobjetivo y el zoom -éste último recurso reciclado directamente de esos programas de persecuciones policiales-. De este modo, no solo se suman a la lista de cineastas malditos que filmaron las alcantarillas de Nueva York como el Abel Ferrara de Un maldito policía o el Martin Scorsese de Calles Salvajes y Taxi Driver sino que también recuperan parte de su estética. Eso sí: aquí no hay espacio para redenciones, solo un game over brusco y frío como una luz de neón que acaba de apagarse.

Por Felix De Cunto
@felix_decunto

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