Crítica: God of Piano (2019), de Itay Tal – BAFICI

God of Piano (Israel – 2019)
BAFICI 2019: Competencia internacional

Dirección, Guion y Montaje: Itay Tal / Producción: Itay Tal, Shani Egozin / Fotografía: Meidan Arama / Dirección de Arte: Shir Kleiman / Sonido: Vitaly Grunshpan, Nir Aviam / Música: Roie Shpigler, Hillel Teplitzky / Intérpretes: Naama Preis, Ze’ev Shimshoni, Andy Levi, Ron Bitterman, Leora Rivlin / Duración: 79 minutos.

God of the piano parte de una escena aberrante. En una situación casi de fantasía telenovelesca una mujer que recién ha parido al descubrir que su hijo padece de sordera decide sustituirlo por otro en la misma maternidad del hospital. Ya llevada al acto la fantasía infernal de que su hijo sea otro, obvio con capacidad auditiva, el relato se estructura sobre ese hecho y avanza como si ese secreto a voces entre la madre y el espectador latiera bajo cada escena. Y no podemos imaginar hacia donde nos lleva ese mecanismo siniestro del cual somos inevitables cómplices.

Esta opera prima no le teme al título que ha elegido, sino que más bien le hace una referencia simbólica todo el tiempo. Si Dios se anida en las teclas de un piano, no sé si temer o idolatrar a quien sea capaz de tocarlo con destreza.

Por lo tanto la madre, protagonista del filme, que es de profesión concertista, nos muestra como ahora que ha logrado tener a su hijo no sordo – el “otro” que ha tomado por propio – y pondrá en marcha su plan sobre la vida de los otros.

Durante todo el filme vemos la progresiva tarea opresiva de ella sobre su hijo para convertirlo en ese Dios del piano, a un niño al que tiene sometido a su deseo transferencial, al de ser solamente ese apéndice de su madre sin poder atender a ningún otro deseo que lo defina como sujeto autónomo.

Sin que lo sepamos, todo este despliegue es en parte para prepararlo a enfrentar al gran fantasma, al de su propio padre el gran pianista invencible, ese juez que determinará si el niño es Dios o no es nada. El vínculo madre hijo rige la trama, al mismo tiempo que el vínculo con su esposo que está anulado en su poder sobre la escena parental. Todo conduce a su padre y a ese duelo sin solución entre esta madre que parece más atrapada en el rol de ser “hija de su padre” y no de ser libremente la madre de su hijo.

Sobre el final hay algunas aristas sentimentales en dudosa cantidad excesiva, pero dejo librado a la mirada de cada espectador su interpretación personalísima al respecto.

El filme se atreve y se arriesga aún con varios giros de poca claridad o pasos narrativos forzados. Pero queda en la retina la imagen de la maternidad como castración. Y de eso uno no se olvida.

Por Victoria Leven
@LevenVictoria

65%
Awesome
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