Crítica: El tiempo perdido (2020), de María Álvarez – MDPFF35

El tiempo perdido (Argentina – 2020)
35 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata: Competencia Argentina

Dirección, Guion y Montaje: María Álvarez / Producción: Tirso Díaz Jares Rueda, María Alvarez, Mariano Avellaneda / Fotografía: Tirso Díaz, Jares Rueda, María Alvarez / Sonido: Sofía Straface / Intervienen: Grupo de lectura de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust / Duración: 102 minutos.

El tiempo perdido es casi una anti-película, o por lo menos se ubica, a priori, en ese lugar. ¿Qué tiene de cinematográfica la historia de un grupo de adultos mayores que se juntan en un bar a leer “En busca del tiempo perdido”, de Marcel Proust? Bueno, sí, podría tenerlo. Antes de comenzar el visionado daba vueltas por mi cabeza qué tipo de imágenes, qué dispositivos y qué estilo de narración utilizaría María Alvarez (Las cinephilas) para poner en imagen su planteo. Entonces, vinieron a mí miles de escenas y planos harto conocidos en casi todo tipo de documental: un señor preparándose un mate en la cocina de su departamento, una señora mirando fotos, otro oteando desde la ventana de su décimo piso la ciudad, alguien comprando un diario, charlando con su vecino sobre el perro que estaba paseando, caminatas… Todos planos que se utilizan en cualquier documental como separador, para no “agobiar” con las cabezas parlantes, para “darle descanso” al espectador que parece no ser capaz de seguir el hilo de un relato durante más de 5 minutos.

Sin embargo, la directora no sólo demuestra una gran pericia sino, principalmente, una gran valentía y seguridad. El tiempo perdido no tiene ninguno de estos planos, no tiene ninguna imagen “metafórica”, no tiene secuencias “de contemplación”. La película es exactamente lo que propone: un relato sobre un grupo de personas que se juntan a leer un libro. Pero de esa absoluta simpleza se desprende una complejidad superior que la vuelve cinematográfica, por el simple hecho de que es imposible pensar esta historia en otro formato. La obra es repasada en orden intentando dar cuenta de muchas de sus partes, abordando sus temáticas y problemáticas. Los comentarios ad hoc que realizan los protagonistas sobre el texto son minuciosamente elegidos y con gran precisión, de manera tal que van aflorando diferentes temáticas: la muerte, el paso del tiempo, el amor, el conocimiento, la intelectualidad. La lectura se vuelve (como se lo cita al propio Proust) un acto creativo, una suerte de traducción que hacemos del lenguaje del texto al lenguaje de nuestra propia mente. Y eso nos lleva a la propia concepción de la traducción que tenía Borges, también como acto creativo y no sólo como un acto de traición de acuerdo al famoso dicho italiano (traduttore traditore).

En el final (y en este caso no tiene sentido hablar de spoilers) todo vuelve a comenzar, el texto vuelve a leerse como vienen haciéndolo durante casi dos décadas dando al filme, además, un sentido filosófico y también una característica que lo emparenta más a la fotografía que al cine mismo. Todo el metraje se vuelve apenas una instantánea de un momento dentro de todos esos años transcurridos.

A su vez, El tiempo perdido ingresa en la filmografía de María Alvarez de una manera completamente coherente con su filme anterior (y con otro que está preparando y del cual pudimos ver un avance en el WIP del Festival pasado). Los protagonistas de sus documentales son siempre adultos mayores, pero escapándole al lugar común. Para ella, los adultos mayores no son seres que viven en el ocaso, aletargados, esperando la muerte y sumidos en la nostalgia del pasado. La vejez, por el contrario, torna en nuevo comienzo, en nueva vitalidad. Incluso, a veces parecería que es el primer comienzo de la vida de algunos. Esto también se vuelve posible gracias al amor al arte. El arte los y nos salva, el arte nos vuelve jóvenes, el arte nos aferra más a la vida.

Por Martín Miguel Pereira

80%
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