Crítica: El cadáver de Anna Fritz (2015), de Hèctor Hernández Vicens

El cadáver de Anna Fritz (España – 2015)

Dirección: Hèctor Hernández Vicens / Guion: Hèctor Hernández Vicens, Isaac P. Creus / Música: Tolo Prats / Fotografía: Ricard Canyellas / Montaje: Alberto Bernad / Intérpretes: Alba Ribas, Cristian Valencia, Bernat Saumell, Albert Carbó / Duración: 72 minutos.

BLANCURA TENTADORA

¿Qué pasaría si existiera la posibilidad de tener un encuentro casi íntimo con una estrella de cine, de contemplarla en todo su esplendor y en toda su desnudez? Lo más probable es que no hubiera límites ¿Pero si se tratara del cadáver de la persona famosa? ¿Habría en ese caso algún reparo?

El primer largometraje del español Hèctor Hernández Vicens despliega diferentes impresiones del tema a través de los puntos de vista de Pau, Iván y Javi, los tres amigos y protagonistas del filme. El primero es el encargado de realizar las autopsias del hospital, mientras que los otros dos lo van a visitar al trabajo para invitarlo a una fiesta y comprobar por sí mismos la belleza de Anna Fritz.

El exceso, entonces, se convierte en el leitmotiv de la película ya sea como aspecto narrativo (motor de la trama) o descriptivo (parámetros del carácter de cada uno de los hombres).

Es interesante pensar en las similitudes y diferencias entre El cadáver de Anna Fritz  y La sombra de la noche (Nightwatch en la versión original) del danés Ole Bornedal. Ambas se desarrollan en la morgue de un hospital durante la noche y muestran, de diversas formas, el exceso de cuerpos femeninos. Pero la construcción del suspenso es la que las torna disímiles.

Mientras que en la danesa la tensión se concibe desde el movimiento de un mundo exterior hacia la quietud y el silencio de cada una de las rondas solitarias del estudiante de derecho (Ewan McGregor), cuyo punto máximo son los cuerpos recientes de las mujeres asesinadas por un psicópata y la naciente sospecha sobre él, en la española se trabaja con una lógica inversa.

El afuera es un detalle que sólo contextualiza y el suspenso oscila entre la morgue del hospital, el cuerpo inerte de Fritz y la moral/acción de cada uno de los hombres. El viraje de enfoque por un hecho radical no sólo altera este pasaje, sino que las dudas y recelos envuelven las relaciones de los protagonistas.

Una sábana blanca cubre su cuerpo y sólo se perciben los antebrazos del enfermero que arrastra la camilla. Anna Fritz es bella, joven y famosa tanto en vida como en la muerte; tal vez, mucho más en ésta última.

Por Brenda Caletti
@117Brenn

75%
  • Nuestro Puntaje
Podría interesarte

Escribe un comentario

No publicaremos tu mail