Crítica: A Tiger In Winter (2017), de Lee Kwang-kuk

A Tiger In Winter / Ho-rang-e-bo-da mu-seo-un gyu-ul-son-nim (Corea del Sur – 2017)
20 BAFICI: Competencia internacional – Premiere americana
BIFF Busan 2017: Korean Cinema Today – Premiere Mundial
IFFR Rotterdam 2018: Voices

Dirección y Guion: Lee Kwang-kuk / Dirección de fotografía: Kim Hyung-koo / Edición: Son Yeon-ji / Dirección de arte: Cho Sang-kyung / Música: Yeon Ri-mok / Producción: An Bo-young / Intérpretes: Lee Jin-uk, Ko Hyun-joung / Duración: 107 minutos.

Un día de invierno, un joven es echado por su chica; ese mismo día, un tigre se ha escapado del zoológico. Al tigre (en principio) no lo veremos más (una pena); al novio lo seguiremos durante toda la película cuando se reencuentre con la ex novia. Mientras nos olvidemos de asociar una situación con otra a través de metáforas, la cosa funciona de a ratos. Es que la película de Kwang-kuk Lee se presenta inevitablemente atada a la estética Hong Sang-soo y tampoco se esfuerza mucho por disimularlo. Y como viene ocurriendo con el prolífico realizador coreano, hay algunos momentos destacables y otros más cercanos a la repetición. Comidas más, palabras menos, nada nuevo bajo el sol.

Una sucesión de planos fijos que encapsulan diálogos y situaciones mínimas armará progresivamente una trama donde lo más importante es el retrato de los personajes, sobre todo el de Gyeong-yu, escritor que realiza distintas paradas y busca personas y trabajos sustitutos que le permitan enmascarar momentáneamente sus frustraciones. En este sentido es un pequeño Ulises de Seúl pero sin ninguna Penélope esperando. Esto no quiere decir que las cuestiones amorosas y personales sean experimentadas desde el padecimiento ni el sufrimiento gratuito, en todo caso, cierto carácter infantil en las reacciones de los personajes contribuye a atemperar los conflictos. La forma de encuadrar, la manera de ofrecer los planos como viñetas, se vinculan con la misma posturas de las parejas, distantes, lacónicas, sometidas a una lógica minimalista donde la vena sanguínea y el melodrama brillan (o se opacan, mejor dicho) por su ausencia. Apenas asoman algunos estallidos bajo los efectos del alcohol, ese signo omnipresente entre comidas, que magistralmente usaba Ozu en sus varias de sus películas.

Siempre tuve la sensación de que estas versiones del cine coreano, con resultados disímiles, no pasan de ser ejercicios ralentizados a la Nouvelle Vague, con celular, y que en la cantidad de propuestas parecidas, se desnaturalizan algunos rasgos autorales. Desde esta perspectiva, que por supuesto puede ser sometida a una mayor rigurosidad para trascender el terreno de las impresiones, A Tiger In Winter forma parte de una idea de cine tímido, que se cierra a la tentación de lo cotidiano exacerbado. Uno reconoce las cuestiones técnicas y narrativas, las aproximaciones a “temas importantes” como la soledad urbana y las dificultades para amar, pero enseguida encuentra esos lugares seguros, correctos, y solo rescata guiños. Aquí, puntualmente, la escena final descoloca por primera vez y afortunadamente se corre de la tranquilidad imperante. Una dosis mínima de encanto, pero un regalo al fin.

Por Guillermo Colantonio
@guillermocolant

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