Nuestro puntaje

8/10

Yo, Olga Hepnarová / Já, Olga Hepnarová (República Checa / Polonia / Eslovaquia / Francia – 2016)

Dirección y guion: Petr Kazda, Tomás Weinreb / Producción: Vojtěch Frič, Petr Kazda, Tomás Weinreb, Marcin Kurek, Marian Urban / Fotografía: Adam Sikora / Montaje: Vojtěch Frič / Intérpretes: Michalina Olszańska, Marta Mazurek, Ondřej Malý, Lukás Bech / Duración: 105 minutos.

LA ASESINA DEL CAMIÓN

Olga Hepnarová nació en Checoslovaquia el 30 de Junio de 1951 y su fama se debe a dos eventos íntimamente relacionados. Olga fue una asesina de masas y también la última mujer de su país en ser sentenciada al ahorcamiento. Su corta vida (falleció en 1975) estuvo signada por un creciente odio hacía la sociedad nacido inicialmente desde el seno de su propia familia quienes desde una posición social acomodada no hicieron más que eludir los sentimientos de la joven padeciente.

Víctima de la expulsión crónica del mundo, Olga se refugiaba en sus lecturas solitarias y en la escritura de cartas sin ningún destinatario. Internada un año completo en un hospital psiquiátrico de Operany, y posteriormente despedida de varios empleos, la vida de la niña checa se fue transformando, cada vez más, en un calvario sentimental: el mundo la rechazaba y ella respondió de la forma más violenta posible. El 10 de Julio de 1973 tomó el camión que conducía por su trabajo y arrolló a 25 personas que esperaban el tranvía matando a ocho de ellas y dejando a los otros gravemente heridos.

Olga aceptó su culpabilidad y sugirió al tribunal ser sentenciada a muerte. Si bien su deseo era morir desde que tenía trece años, el asesinato “justificó” su muerte siendo ésta la respuesta a tanto odio recibido. Ella sentenció la muerte de un grupo de anónimos en una carta dirigida a los dos diarios más importantes de Praga la cual nunca llegó, sino dos días después de la masacre. La historia cuenta que tal vez, se podría haber evitado el baño de sangre, pero lo cierto es que no fue así y Hepnarová pasó a la historia como uno de los tantos casos en los que el bullyng corrompe sanidad de los adolescentes transformándolos en seres alejados de la vida cotidiana de la sociedad.

Los realizadores checos Petr Kazda y Tomás Weinreb recuperan el documento histórico para poner en escena Yo, Olga Hepnarová un filme que narra el periplo errático de la joven Olga a través de una delicada paleta cromática desaturada y un uso, casi exclusivo, de primerísimos primeros planos de la actriz protagonista. Ambos aspectos configuran una estética minimalista en la que la acción pasa por las pequeñas y muchas veces imperceptibles manifestaciones de los rostros, los cuáles se ven afectados por el contexto que los rodea. Durante todo el filme se privilegia el estado de ánimo de Hepnarová en una constante magnificación de sus facciones las cuales se complementan con un manejo preciso del uso del campo vacío y las acciones en “tiempo real”.

En tanto estructura dramática, quienes conozcan la historia motivo del filme no se sorprenderán al ver retratados los eventos de forma cronológica.  Sin embargo, el relato cinematográfico está construido por grandes elipsis con poca marcación. Es decir, se suceden prolongados espacios temporales unificados bajo la misma cadencia narrativa. No hay ningún tipo de aclaración que notifique al espectador acerca de los años y/o el lugar donde suceden los hechos. Detalle que dota al filme de un ambiente atemporal donde se privilegia la temática y no su temporalidad, Olga bien podría ser una adolescente del 2016. Aquí lo que cuenta es la astucia de ambos directores a la hora de elaborar un discurso que remite a un caso real pero sin dejar de lado los aspectos propios de lo fílmico. Por eso aquellos largos primerísimos primeros planos del rostro se oponen (y a la vez complementan) a escenas como por ejemplo el momento de la masacre en la cuál la cámara se ubica desde una vista subjetiva del camión. Desde allí el espectador puede vivenciar la velocidad y dimensionar el horror del múltiple asesinato. Y no será sin la subjetiva de Olga hasta que no se dejen ver los restos de cuerpos mutilados y los ríos de sangre en las veredas.

Entonces, entre un delicado uso de los primeros planos, el contrapunto con los espacios vacíos y la elección de varias tomas subjetivas Yo, Olga Hepnarová se transforma en un testimonio audiovisual de una vida intensa y a prueba de convicciones. También, desde un aspecto que la crónica histórica no precisa, el filme explora la sexualidad de la joven checa, quizás queriendo dotar al personaje de un estilo masculino no sólo desde su aspecto, sino también desde su forma de pensar y comportarse. Estos detalles acentúan la “rareza” del personaje y entiendo que si el motivo principal era sólo brindarle extrañeza, la descripción de la homosexualidad se queda corta. Se exceden en bellísimas escenas de sexo entre mujeres y más allá de la estética lo que predomina es el sentimiento de Olga al tener la necesidad de saciar sus deseos en las manos de otros cuerpos femeninos. Es su goce una necesidad para contrarrestar tanto odio recibido y posteriormente ejecutado. Hepnarová sólo sonríe una vez, cuando cree haberse enamorado. Sentimiento lógicamente no correspondido.

Por Paula Caffaro
@paula_caffaro

 

Nuestro puntaje

8/10

Yo, Olga Hepnarová / Já, Olga Hepnarová (República Checa / Polonia / Eslovaquia / Francia – 2016)

Dirección y guion: Petr Kazda, Tomás Weinreb / Producción: Vojtěch Frič, Petr Kazda, Tomás Weinreb, Marcin Kurek, Marian Urban / Fotografía: Adam Sikora / Montaje: Vojtěch Frič / Intérpretes: Michalina Olszańska, Marta Mazurek, Ondřej Malý, Lukás Bech / Duración: 105 minutos.

LA ASESINA DEL CAMIÓN

Olga Hepnarová nació en Checoslovaquia el 30 de Junio de 1951 y su fama se debe a dos eventos íntimamente relacionados. Olga fue una asesina de masas y también la última mujer de su país en ser sentenciada al ahorcamiento. Su corta vida (falleció en 1975) estuvo signada por un creciente odio hacía la sociedad nacido inicialmente desde el seno de su propia familia quienes desde una posición social acomodada no hicieron más que eludir los sentimientos de la joven padeciente.

Víctima de la expulsión crónica del mundo, Olga se refugiaba en sus lecturas solitarias y en la escritura de cartas sin ningún destinatario. Internada un año completo en un hospital psiquiátrico de Operany, y posteriormente despedida de varios empleos, la vida de la niña checa se fue transformando, cada vez más, en un calvario sentimental: el mundo la rechazaba y ella respondió de la forma más violenta posible. El 10 de Julio de 1973 tomó el camión que conducía por su trabajo y arrolló a 25 personas que esperaban el tranvía matando a ocho de ellas y dejando a los otros gravemente heridos.

Olga aceptó su culpabilidad y sugirió al tribunal ser sentenciada a muerte. Si bien su deseo era morir desde que tenía trece años, el asesinato “justificó” su muerte siendo ésta la respuesta a tanto odio recibido. Ella sentenció la muerte de un grupo de anónimos en una carta dirigida a los dos diarios más importantes de Praga la cual nunca llegó, sino dos días después de la masacre. La historia cuenta que tal vez, se podría haber evitado el baño de sangre, pero lo cierto es que no fue así y Hepnarová pasó a la historia como uno de los tantos casos en los que el bullyng corrompe sanidad de los adolescentes transformándolos en seres alejados de la vida cotidiana de la sociedad.

Los realizadores checos Petr Kazda y Tomás Weinreb recuperan el documento histórico para poner en escena Yo, Olga Hepnarová un filme que narra el periplo errático de la joven Olga a través de una delicada paleta cromática desaturada y un uso, casi exclusivo, de primerísimos primeros planos de la actriz protagonista. Ambos aspectos configuran una estética minimalista en la que la acción pasa por las pequeñas y muchas veces imperceptibles manifestaciones de los rostros, los cuáles se ven afectados por el contexto que los rodea. Durante todo el filme se privilegia el estado de ánimo de Hepnarová en una constante magnificación de sus facciones las cuales se complementan con un manejo preciso del uso del campo vacío y las acciones en “tiempo real”.

En tanto estructura dramática, quienes conozcan la historia motivo del filme no se sorprenderán al ver retratados los eventos de forma cronológica.  Sin embargo, el relato cinematográfico está construido por grandes elipsis con poca marcación. Es decir, se suceden prolongados espacios temporales unificados bajo la misma cadencia narrativa. No hay ningún tipo de aclaración que notifique al espectador acerca de los años y/o el lugar donde suceden los hechos. Detalle que dota al filme de un ambiente atemporal donde se privilegia la temática y no su temporalidad, Olga bien podría ser una adolescente del 2016. Aquí lo que cuenta es la astucia de ambos directores a la hora de elaborar un discurso que remite a un caso real pero sin dejar de lado los aspectos propios de lo fílmico. Por eso aquellos largos primerísimos primeros planos del rostro se oponen (y a la vez complementan) a escenas como por ejemplo el momento de la masacre en la cuál la cámara se ubica desde una vista subjetiva del camión. Desde allí el espectador puede vivenciar la velocidad y dimensionar el horror del múltiple asesinato. Y no será sin la subjetiva de Olga hasta que no se dejen ver los restos de cuerpos mutilados y los ríos de sangre en las veredas.

Entonces, entre un delicado uso de los primeros planos, el contrapunto con los espacios vacíos y la elección de varias tomas subjetivas Yo, Olga Hepnarová se transforma en un testimonio audiovisual de una vida intensa y a prueba de convicciones. También, desde un aspecto que la crónica histórica no precisa, el filme explora la sexualidad de la joven checa, quizás queriendo dotar al personaje de un estilo masculino no sólo desde su aspecto, sino también desde su forma de pensar y comportarse. Estos detalles acentúan la “rareza” del personaje y entiendo que si el motivo principal era sólo brindarle extrañeza, la descripción de la homosexualidad se queda corta. Se exceden en bellísimas escenas de sexo entre mujeres y más allá de la estética lo que predomina es el sentimiento de Olga al tener la necesidad de saciar sus deseos en las manos de otros cuerpos femeninos. Es su goce una necesidad para contrarrestar tanto odio recibido y posteriormente ejecutado. Hepnarová sólo sonríe una vez, cuando cree haberse enamorado. Sentimiento lógicamente no correspondido.

Por Paula Caffaro
@paula_caffaro

 

Al Este del Plata: Yo, Olga Hepnarová (2016)

Nuestro puntaje

8/10

Yo, Olga Hepnarová / Já, Olga Hepnarová (República Checa / Polonia / Eslovaquia / Francia – 2016)

Dirección y guion: Petr Kazda, Tomás Weinreb / Producción: Vojtěch Frič, Petr Kazda, Tomás Weinreb, Marcin Kurek, Marian Urban / Fotografía: Adam Sikora / Montaje: Vojtěch Frič / Intérpretes: Michalina Olszańska, Marta Mazurek, Ondřej Malý, Lukás Bech / Duración: 105 minutos.

LA ASESINA DEL CAMIÓN

Olga Hepnarová nació en Checoslovaquia el 30 de Junio de 1951 y su fama se debe a dos eventos íntimamente relacionados. Olga fue una asesina de masas y también la última mujer de su país en ser sentenciada al ahorcamiento. Su corta vida (falleció en 1975) estuvo signada por un creciente odio hacía la sociedad nacido inicialmente desde el seno de su propia familia quienes desde una posición social acomodada no hicieron más que eludir los sentimientos de la joven padeciente.

Víctima de la expulsión crónica del mundo, Olga se refugiaba en sus lecturas solitarias y en la escritura de cartas sin ningún destinatario. Internada un año completo en un hospital psiquiátrico de Operany, y posteriormente despedida de varios empleos, la vida de la niña checa se fue transformando, cada vez más, en un calvario sentimental: el mundo la rechazaba y ella respondió de la forma más violenta posible. El 10 de Julio de 1973 tomó el camión que conducía por su trabajo y arrolló a 25 personas que esperaban el tranvía matando a ocho de ellas y dejando a los otros gravemente heridos.

Olga aceptó su culpabilidad y sugirió al tribunal ser sentenciada a muerte. Si bien su deseo era morir desde que tenía trece años, el asesinato “justificó” su muerte siendo ésta la respuesta a tanto odio recibido. Ella sentenció la muerte de un grupo de anónimos en una carta dirigida a los dos diarios más importantes de Praga la cual nunca llegó, sino dos días después de la masacre. La historia cuenta que tal vez, se podría haber evitado el baño de sangre, pero lo cierto es que no fue así y Hepnarová pasó a la historia como uno de los tantos casos en los que el bullyng corrompe sanidad de los adolescentes transformándolos en seres alejados de la vida cotidiana de la sociedad.

Los realizadores checos Petr Kazda y Tomás Weinreb recuperan el documento histórico para poner en escena Yo, Olga Hepnarová un filme que narra el periplo errático de la joven Olga a través de una delicada paleta cromática desaturada y un uso, casi exclusivo, de primerísimos primeros planos de la actriz protagonista. Ambos aspectos configuran una estética minimalista en la que la acción pasa por las pequeñas y muchas veces imperceptibles manifestaciones de los rostros, los cuáles se ven afectados por el contexto que los rodea. Durante todo el filme se privilegia el estado de ánimo de Hepnarová en una constante magnificación de sus facciones las cuales se complementan con un manejo preciso del uso del campo vacío y las acciones en “tiempo real”.

En tanto estructura dramática, quienes conozcan la historia motivo del filme no se sorprenderán al ver retratados los eventos de forma cronológica.  Sin embargo, el relato cinematográfico está construido por grandes elipsis con poca marcación. Es decir, se suceden prolongados espacios temporales unificados bajo la misma cadencia narrativa. No hay ningún tipo de aclaración que notifique al espectador acerca de los años y/o el lugar donde suceden los hechos. Detalle que dota al filme de un ambiente atemporal donde se privilegia la temática y no su temporalidad, Olga bien podría ser una adolescente del 2016. Aquí lo que cuenta es la astucia de ambos directores a la hora de elaborar un discurso que remite a un caso real pero sin dejar de lado los aspectos propios de lo fílmico. Por eso aquellos largos primerísimos primeros planos del rostro se oponen (y a la vez complementan) a escenas como por ejemplo el momento de la masacre en la cuál la cámara se ubica desde una vista subjetiva del camión. Desde allí el espectador puede vivenciar la velocidad y dimensionar el horror del múltiple asesinato. Y no será sin la subjetiva de Olga hasta que no se dejen ver los restos de cuerpos mutilados y los ríos de sangre en las veredas.

Entonces, entre un delicado uso de los primeros planos, el contrapunto con los espacios vacíos y la elección de varias tomas subjetivas Yo, Olga Hepnarová se transforma en un testimonio audiovisual de una vida intensa y a prueba de convicciones. También, desde un aspecto que la crónica histórica no precisa, el filme explora la sexualidad de la joven checa, quizás queriendo dotar al personaje de un estilo masculino no sólo desde su aspecto, sino también desde su forma de pensar y comportarse. Estos detalles acentúan la “rareza” del personaje y entiendo que si el motivo principal era sólo brindarle extrañeza, la descripción de la homosexualidad se queda corta. Se exceden en bellísimas escenas de sexo entre mujeres y más allá de la estética lo que predomina es el sentimiento de Olga al tener la necesidad de saciar sus deseos en las manos de otros cuerpos femeninos. Es su goce una necesidad para contrarrestar tanto odio recibido y posteriormente ejecutado. Hepnarová sólo sonríe una vez, cuando cree haberse enamorado. Sentimiento lógicamente no correspondido.

Por Paula Caffaro
@paula_caffaro

 

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