Crítica: La vida de alguien (2014), de Ezequiel Acuña

La vida de alguien (Argentina – 2014)

Dirección y Guión: Ezequiel Acuña / Fotografía: F. Lockett / Montaje: E. Acuña, M. P. Pavez / Sonido: H. Severino / Produción: E. Acuña, S. Perillo, O. Jadur / Intérpretes: Santiago Pedrero, Ailín Salas, Matías Castelli, Julián Larquier Tellarini, Julián Kartun / Duración: 92 minutos.

El nuevo filme de Ezequiel Acuña es una pieza más del puzzle que conforma su filmografía: ese mundo que media entre lo adolescente y la primera madurez es el lugar que mejor le sienta, y en el cuál sabe cómo moverse. La vida de alguien es una película que habla del pasado, un pasado que parece incluir a aquellos que vieron los filmes anteriores de este realizador que prefiere las historias sencillas de amores y amistades.

Si bien el universo de Acuña se presenta en casi todos los aspectos conocidos (la playa, las caminatas en grupos, el humor medido, etc), en esta oportunidad innova en el terreno formal, y construye un largometraje que no sería desubicado llamarlo musical. Casi el noventa por ciento del filme se halla musicalizado por los temas de la banda que los personajes están intentando constituir (La foca). Agrupación musical que es el eje de la narración, y que funciona como pretexto para recordar que Nico desapareció sin dejar rastro y que el tiempo pasa sin pedir permiso.

Con dos bellas secuencias de montaje, una inicial y otra final, La vida de alguien hace referencia, todo el tiempo, a aquello que ya no está. Y es a través de una falsa biografía que Guille (Santiago Pedrero) recuerda que hubo un tiempo pasado de felicidad. Son, también, las fichas del casino, un celular arenado y el sonido imaginario de un avión que, tal vez, se estrelló, los guiños que Acuña decide exponer en este filme sensible y nostálgico.

Por Paula Caffaro
@paula_caffaro

 

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