LATINARAB: La quinta calumnia (1941), de Adelqui Millar

La quinta calumnia, de Adelqui Millar (Argentina – 1941)

Dirección: Adelqui Millar / Guion: Héctor Canziani, C. A. Giuria, Ruy de Solana / Fotografía: Gumer Barreiros / Música: Lucio Demare / Montaje: Carlos Rinaldi / Dirección arte: Ralph Pappier / Duración: 80 minutos.

EQUIVOCACIONES DE IMPORTACIÓN

“Usted es enemigo de su propio pueblo”, increpa el marqués de Estambul al señor Ramírez exaltando el favoritismo de éste, de los clientes de su comercio, de los encargados directivos y de numerosas personalidades de la elite porteña por los artículos de fabricación extranjera en lugar de aquellos de industria nacional, sobre todo, en medio de una problemática de importación. Una preferencia (aún vigente) sostenida mediante falsas apariencias, artilugios, la errónea creencia de distinción socio-cultural y una necesidad avasallante por pertenecer a los altos círculos pero que también pone de manifiesto diversas concepciones arquetípicas respecto de las clases sociales, las nacionalidades, los lenguajes, las costumbres y los prejuicios identitarios.

Se puede pensar, entonces, que Adelqui Migliar (a veces Adelqui Millar) propone una doble mirada. Por un lado, pretende desnudar un amplio sector de la sociedad frívolo, volátil y desconfiado que no tiene reparos en desligarse de la producción argentina como de la consciencia de patria y que se apropia de terminologías y expresiones coloquiales de otros países para sentirse elevados. Viviane se pide un jus d’orange (aunque dice orange juice) en la fiesta de los padres, Poncet y Martoreli tienen los latiguillos “mon die” y “madre de dios” y un grupo adinerado cambia de opinión rápidamente respecto de la colección de moda. De hecho, las quejas del marqués hacia el dueño de la tienda funcionan como una suerte de leitmotiv acerca de la falta de toma de consciencia colectiva de lo autóctono, de las tradiciones, del idioma, de los modismos y de lo multicultural.

Por otro, conforma personajes y escenarios a través del humor, la comedia de enredos y los juegos de palabra para cuestionar los estereotipos sociales; sin embargo, en muchos casos logra el efecto contrario y los ridiculiza. Frente a la idea de que los turcos eran buenos comerciantes, en La quinta calumnia se lo muestra como un inexperto que parece burlarse de la gente, mientras que los constantes malentendidos con otros lenguajes lo vuelven un poco tonto o ingenuo como, por ejemplo, cuando habla con un hombre de apellido Colón y cree que se trata del mismísimo descubridor de América. El matón contratado para crear disturbios hace referencia al mafioso italiano y el “gaucho” que lleva un distintivo de la agrupación patriótica en el saco pero desprecia el poncho, las boleadoras y las espuelas argentinas y accede a comprarlos cuando le indican que son “made in Nueva Chicago”. Además, el director despliega una mixtura de objetos y símbolos tanto de Turquía como comunes al mundo árabe para definir al noble como los narguiles, el sombrero, las alfombras, la luna y estrella de la bandera en los respaldos de la silla, el bar El Cairo y la odalisca.

El enemigo no es sólo el dueño del negocio ni los asistentes a la fiesta ni tampoco los clientes, sino una profunda confusión respecto a la identidad sostenida por argumentos vagos, conductas individuales y réplicas de costumbres ajenas. Esa mentira que subraya el título a modo de cuento para perpetuar el desconcierto, la duda, los estereotipos, la distancia social y la desconfianza. ¿Cómo se armonizan las hibridaciones producidas por la inmigración y las tradiciones regionales? ¿Cuáles son las frases más características? ¿Qué objetos definen al país? ¿De qué forma cambiar la mentalidad de que todo lo de afuera es mejor? En definitiva ¿Qué vuelve a los argentinos únicos?

Por Brenda Caletti
@117Brenn

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