Nuestro puntaje

4/10

La saga crepúsculo: Amanecer – Parte 1 / The Twilight Saga: Breaking Dawn – Part 1 (Estados Unidos – 2011)

Dirección: Bill Condon / Guión: Melissa Rosenberg, basado en la novela Amanecer, de Stephenie Meyer / Fotografía: Guillermo Navarro / Elenco: Kristen Stewart, Robert Pattinson, Taylor Lautner, Billy Burke, Anna Kendrick, Mía Maestro / Duración: 117 minutos

¿Tiene sentido ya no escribir sobre esta saga, sino escribir sobre sus cosas malas? Digamos que no hubo muchas diferencias entre la primera y la tercera, y que todas han sido construidas como un monstruo con varias caras: una de esas caras avanza sobre la traslación para nada riesgosa de una novela para adolescentes exitosa; otra, sobre una historia de amor romántica en un sentido pegajoso, graso, horrendo, que le puede gustar a las chicas que gustan de Arjona, por ejemplo; y otra cara, tal vez la más peligrosa y complicada, aquella que se construye sobre una bajada de línea moralizante, al extremo conservadora, que tiene al sexo como una señal de alarma alejada del placer y cercana a la culpa, que por más ridícula que suene en pleno Siglo XXI sigue siendo preocupante por existir. La pregunta que me hago siempre que miro las películas de la saga Crepúsculo es cuánto de este último asunto termina siendo absorbido por los jóvenes -el público al que se apunta- que miran las películas, y si en definitiva no debería uno confiar más en los espectadores y asegurar que sólo la ven porque: 1) les gusta la historia romántica; 2) su cercanía con el terror genera esa seducción eterna; 3) se calientan con los pibes o con las pibas que aparecen. Porque, seamos serios, ¿las chicas y chicos que miran Crepúsculo creen que hay que llegar virgen al matrimonio? ¿Que el sexo es un lugar peligroso que sólo puede generar dolor? Bien, una cosa es lo que la obra propone -y está más que claro que propone eso, y arma su discurso en torno a eso- y otra cómo el público la decodifica. Pero como nosotros nos encargamos de analizar (con suerte “analizar”, claro…) obras de arte y no consecuencias, no podemos hacer otra cosa que alertar sobre todo lo horrendo que proponen estas películas y lo que simbolizan con perversa astucia.

Bien, tras todo esto hay una película. Y como decíamos al comienzo, no hay demasiadas novedades ya que esta saga, como ninguna otra (ni siquiera el bodoque de Harry Potter, que tuvo una estética según quien estuviera detrás de cámaras) es una obra construida desde la producción, sin mayor injerencia de quién ponga la cámara. Se podrá decir que la inclusión de Bill Condon, alguien más transitado en esto del cine, con un pasado un poco más interesante que los anteriores realizadores, le saca un poco más de jugo al costado ridículo que esta historia posee. Con películas como Candyman 2, que trabajaba sobre el terror; como Kinsey, que trabajaba sobre lo sexual desde un punto de vista social; y Dioses y monstruos, que abordaba estas dos cosas en paralelo: los monstruos, la sexualidad, lo social; Condon se puede dar el lujo de ponerse un poco socarrón y reírsele al vampiro marmóreo, reírse de esa luna de miel improbable en Río de Janeiro, reírse de esos vínculos torpes entre padres e hijos, incluso asustar un poco con un parto que se sale de lo normal para la saga. Lo que no puede, por ser claramente una película diseñada por productores antes que por directores y gente de cine, es controlar a unos actores de madera tarugada, ni tampoco ir más allá de un subtexto que aquí merodea la monserga anti-abortista (la mayor novedad que propone esta cuarta película) con Bella empecinada en tener ese niño vampiro que le va chupando sus energías desde adentro. Es verdad que hay algo de misterio y de suspenso en esa última media hora, pero no alcanza porque en Amanecer – Parte I, como en toda la saga, está antes el tema que el cuento: Amanecer es película, nunca narración. Nada fluye, todo es demasiado pesado, todo se debe decir, y con palabras por demás solemnes y vacías. Estamos ante una tontería sin importancia, sólo trascendente por ese mal moderno del marketing.

Mex Faliero
redacción@cineramaplus.com.ar

Nuestro puntaje

4/10

La saga crepúsculo: Amanecer – Parte 1 / The Twilight Saga: Breaking Dawn – Part 1 (Estados Unidos – 2011)

Dirección: Bill Condon / Guión: Melissa Rosenberg, basado en la novela Amanecer, de Stephenie Meyer / Fotografía: Guillermo Navarro / Elenco: Kristen Stewart, Robert Pattinson, Taylor Lautner, Billy Burke, Anna Kendrick, Mía Maestro / Duración: 117 minutos

¿Tiene sentido ya no escribir sobre esta saga, sino escribir sobre sus cosas malas? Digamos que no hubo muchas diferencias entre la primera y la tercera, y que todas han sido construidas como un monstruo con varias caras: una de esas caras avanza sobre la traslación para nada riesgosa de una novela para adolescentes exitosa; otra, sobre una historia de amor romántica en un sentido pegajoso, graso, horrendo, que le puede gustar a las chicas que gustan de Arjona, por ejemplo; y otra cara, tal vez la más peligrosa y complicada, aquella que se construye sobre una bajada de línea moralizante, al extremo conservadora, que tiene al sexo como una señal de alarma alejada del placer y cercana a la culpa, que por más ridícula que suene en pleno Siglo XXI sigue siendo preocupante por existir. La pregunta que me hago siempre que miro las películas de la saga Crepúsculo es cuánto de este último asunto termina siendo absorbido por los jóvenes -el público al que se apunta- que miran las películas, y si en definitiva no debería uno confiar más en los espectadores y asegurar que sólo la ven porque: 1) les gusta la historia romántica; 2) su cercanía con el terror genera esa seducción eterna; 3) se calientan con los pibes o con las pibas que aparecen. Porque, seamos serios, ¿las chicas y chicos que miran Crepúsculo creen que hay que llegar virgen al matrimonio? ¿Que el sexo es un lugar peligroso que sólo puede generar dolor? Bien, una cosa es lo que la obra propone -y está más que claro que propone eso, y arma su discurso en torno a eso- y otra cómo el público la decodifica. Pero como nosotros nos encargamos de analizar (con suerte “analizar”, claro…) obras de arte y no consecuencias, no podemos hacer otra cosa que alertar sobre todo lo horrendo que proponen estas películas y lo que simbolizan con perversa astucia.

Bien, tras todo esto hay una película. Y como decíamos al comienzo, no hay demasiadas novedades ya que esta saga, como ninguna otra (ni siquiera el bodoque de Harry Potter, que tuvo una estética según quien estuviera detrás de cámaras) es una obra construida desde la producción, sin mayor injerencia de quién ponga la cámara. Se podrá decir que la inclusión de Bill Condon, alguien más transitado en esto del cine, con un pasado un poco más interesante que los anteriores realizadores, le saca un poco más de jugo al costado ridículo que esta historia posee. Con películas como Candyman 2, que trabajaba sobre el terror; como Kinsey, que trabajaba sobre lo sexual desde un punto de vista social; y Dioses y monstruos, que abordaba estas dos cosas en paralelo: los monstruos, la sexualidad, lo social; Condon se puede dar el lujo de ponerse un poco socarrón y reírsele al vampiro marmóreo, reírse de esa luna de miel improbable en Río de Janeiro, reírse de esos vínculos torpes entre padres e hijos, incluso asustar un poco con un parto que se sale de lo normal para la saga. Lo que no puede, por ser claramente una película diseñada por productores antes que por directores y gente de cine, es controlar a unos actores de madera tarugada, ni tampoco ir más allá de un subtexto que aquí merodea la monserga anti-abortista (la mayor novedad que propone esta cuarta película) con Bella empecinada en tener ese niño vampiro que le va chupando sus energías desde adentro. Es verdad que hay algo de misterio y de suspenso en esa última media hora, pero no alcanza porque en Amanecer – Parte I, como en toda la saga, está antes el tema que el cuento: Amanecer es película, nunca narración. Nada fluye, todo es demasiado pesado, todo se debe decir, y con palabras por demás solemnes y vacías. Estamos ante una tontería sin importancia, sólo trascendente por ese mal moderno del marketing.

Mex Faliero
redacción@cineramaplus.com.ar

La saga crepúsculo: Amanecer – Parte 1

Nuestro puntaje

4/10

La saga crepúsculo: Amanecer – Parte 1 / The Twilight Saga: Breaking Dawn – Part 1 (Estados Unidos – 2011)

Dirección: Bill Condon / Guión: Melissa Rosenberg, basado en la novela Amanecer, de Stephenie Meyer / Fotografía: Guillermo Navarro / Elenco: Kristen Stewart, Robert Pattinson, Taylor Lautner, Billy Burke, Anna Kendrick, Mía Maestro / Duración: 117 minutos

¿Tiene sentido ya no escribir sobre esta saga, sino escribir sobre sus cosas malas? Digamos que no hubo muchas diferencias entre la primera y la tercera, y que todas han sido construidas como un monstruo con varias caras: una de esas caras avanza sobre la traslación para nada riesgosa de una novela para adolescentes exitosa; otra, sobre una historia de amor romántica en un sentido pegajoso, graso, horrendo, que le puede gustar a las chicas que gustan de Arjona, por ejemplo; y otra cara, tal vez la más peligrosa y complicada, aquella que se construye sobre una bajada de línea moralizante, al extremo conservadora, que tiene al sexo como una señal de alarma alejada del placer y cercana a la culpa, que por más ridícula que suene en pleno Siglo XXI sigue siendo preocupante por existir. La pregunta que me hago siempre que miro las películas de la saga Crepúsculo es cuánto de este último asunto termina siendo absorbido por los jóvenes -el público al que se apunta- que miran las películas, y si en definitiva no debería uno confiar más en los espectadores y asegurar que sólo la ven porque: 1) les gusta la historia romántica; 2) su cercanía con el terror genera esa seducción eterna; 3) se calientan con los pibes o con las pibas que aparecen. Porque, seamos serios, ¿las chicas y chicos que miran Crepúsculo creen que hay que llegar virgen al matrimonio? ¿Que el sexo es un lugar peligroso que sólo puede generar dolor? Bien, una cosa es lo que la obra propone -y está más que claro que propone eso, y arma su discurso en torno a eso- y otra cómo el público la decodifica. Pero como nosotros nos encargamos de analizar (con suerte “analizar”, claro…) obras de arte y no consecuencias, no podemos hacer otra cosa que alertar sobre todo lo horrendo que proponen estas películas y lo que simbolizan con perversa astucia.

Bien, tras todo esto hay una película. Y como decíamos al comienzo, no hay demasiadas novedades ya que esta saga, como ninguna otra (ni siquiera el bodoque de Harry Potter, que tuvo una estética según quien estuviera detrás de cámaras) es una obra construida desde la producción, sin mayor injerencia de quién ponga la cámara. Se podrá decir que la inclusión de Bill Condon, alguien más transitado en esto del cine, con un pasado un poco más interesante que los anteriores realizadores, le saca un poco más de jugo al costado ridículo que esta historia posee. Con películas como Candyman 2, que trabajaba sobre el terror; como Kinsey, que trabajaba sobre lo sexual desde un punto de vista social; y Dioses y monstruos, que abordaba estas dos cosas en paralelo: los monstruos, la sexualidad, lo social; Condon se puede dar el lujo de ponerse un poco socarrón y reírsele al vampiro marmóreo, reírse de esa luna de miel improbable en Río de Janeiro, reírse de esos vínculos torpes entre padres e hijos, incluso asustar un poco con un parto que se sale de lo normal para la saga. Lo que no puede, por ser claramente una película diseñada por productores antes que por directores y gente de cine, es controlar a unos actores de madera tarugada, ni tampoco ir más allá de un subtexto que aquí merodea la monserga anti-abortista (la mayor novedad que propone esta cuarta película) con Bella empecinada en tener ese niño vampiro que le va chupando sus energías desde adentro. Es verdad que hay algo de misterio y de suspenso en esa última media hora, pero no alcanza porque en Amanecer – Parte I, como en toda la saga, está antes el tema que el cuento: Amanecer es película, nunca narración. Nada fluye, todo es demasiado pesado, todo se debe decir, y con palabras por demás solemnes y vacías. Estamos ante una tontería sin importancia, sólo trascendente por ese mal moderno del marketing.

Mex Faliero
redacción@cineramaplus.com.ar

Podría interesarte

Escribe un comentario

No publicaremos tu mail