Entrevista a Martín Farina, director de Mujer nómade

Durante el pasado BAFICI Martín Farina estrenó Mujer nómade, su nueva película que desde el domingo se podrá ver en el MALBA. Allí retrata la vida de Esther Díaz, una doctora en filosofía, escritora y referente del pensamiento contemporáneo, que estudia los cánones de sexualidad y placer en la cultura patriarcal. En aquel contexto festivalero Guillermo Colantonio pudo entrevistar al realizador a propósito del filme.

-¿Cómo surgió el proyecto de Mujer nómade?

Esther visita LaOtra Radio una vez al año desde el primer programa hace 10 años y allí la conocí. Como yo me sumé después, la vi 4 veces en 4 años. Lo primero que  me sorprendía (y se repetía siempre) era que año tras año ella recordaba perfectamente la conversación que habíamos tenido el año anterior. En el último encuentro antes de empezar a pergeñar mi propuesta, Esther se disculpó conmigo por no haber podido ver mi película (Fulboy) que le había compartido el año anterior. Me pedía muy sinceras disculpas,  me confesó que su hija había muerto y que por varios meses no tuvo contacto con el mundo. Cuando intentó verla, muchos meses después, la contraseña de vimeo había cambiado y sintió vergüenza de pedírmela nuevamente. Todo ese acontecimiento de las disculpas duró pocos minutos pero me movilizó. Fue extraño, como si en ese rato hubiera empezado a formar parte de su vida íntima. Yo se que el impulso fue en ese momento. Sentí una energía desmesurada, algo urgente, problemático. Una confusión y un enigma. Puede que haya sido también parte de un envión anímico porque además, estaba entusiasmado con mi película sobre Perrone, otro personaje difícil, que acababa de terminar de editar. Le mandé el link de Fulboy, después El Hombre de Paso Piedra y finalmente la de Perrone con unas palabras que formalizaban mi propuesta: “Quisiera investigar de qué modo la filosofía atraviesa un cuerpo”

-Es muy interesante el tratamiento que hacés en la película, más allá de la protagonista y sus ideas que, ya de por sí, son muy fuertes ¿Cómo lo pensaste, estuvo planificado desde el comienzo o se dio así?

Estuvo planificado. Tuvimos 2 meses de charlas, desde diciembre de 2015 hasta Febrero de 2016. Generalmente almorzábamos tres o cuatro veces por semana y ella me contaba todo lo que podía de su vida. Yo grababa sonido y tomaba nota de todo. Con ese material, una noche mientras miraba la película Hard to be a God de Alexei German, se me ocurrió la forma de la película. Escribí el guión ahí mismo en menos de una hora, y después lo redacté mejor. Creo que tuve la intuición de escribir algo que ajustara las cosas lo suficiente como para dejar el espacio de improvisación que devendría del modo de actuar de Esther. Yo sabía que la clave del asunto estaba en anudar lo suficiente ese vínculo paradojal entre su modo de decir y su modo de ocultar. Las marcas, el presente y el tiempo.

La escena que da comienzo a la película fue lo primero que grabamos (antes de escribir el guión) y eso sí fue inesperado. Ella me dijo que prenda la cámara y me contó todo, incluso cosas que no había contado nunca. Después de ver varias veces el material, pensé en un modo de mostrar la ausencia y la duplicidad de sí misma en ese estado como de distanciamiento-de-si  que producía su relato. Entonces se me ocurrió mostrar imágenes fijas con acciones que transcurren solo a través de los sonidos. Lo pensé muy bien, y armé algo así como un cortometraje, que en realidad es la escena inicial. Como un big bang. Algo que me servía para instalar una suerte de estética confesional. Pero esa escena la trabajamos muchos meses. El acontecimiento que relata Esther después yo lo reescribí para que tenga un tono que se acercara a lo que me parecía más adecuado. Lo leímos muchísimas veces (más de 10). Te cuento esto para poner en perspectiva el trabajo de composición que hicimos juntos. Esther fue muy generosa conmigo, me tuvo muchísima confianza y siempre estuvo predispuesta a trabajar sin límites. A veces yo me pasaba de la raya y ella me frenaba. Así estábamos yendo y viniendo de esa tensión que sosteníamos con el auténtico deseo (de los dos) de que la película exista. Y que sea la mejor posible.

-Personalmente, creo que, además de ser tu mejor película, confirma un método de observación que dialoga a la perfección con tus obras anteriores ¿Coincidís con ello?

La verdad que sí, coincido. Es un gran elogio para mí que digas eso. Porque no soy yo el que deba decir que existe una obra o un método que lleva mi nombre, pero sí puedo decir que hace seis años que filmo-edito-miro-pienso películas todos los días. Solo paro para ir al BAFICI o a Mar del Plata. No he tenido ningún otro trabajo en este tiempo. No hago otra cosa. Me convertí en una persona que hace lo mismo todos los días, y que piensa todo el día en eso que hace. No sé si es bueno o malo. Pero intuyo que algunas marcas que persisten quedan ahí.

-El último tramo es saludablemente audaz, ¿cómo fue la experiencia, tiene que ver con esta cuestión de pactar, de consensuar con el personaje, que siempre está implícita en esta clase de películas?

Hay una sola escena que no fue pactada. Nos gusta llamarla la escena de la verdad, y es la escena que Esther hace que actúa de un modo literal, representando a una madre judía. Ese personaje que se supone está ensayando para una obra de teatro. Ahí se quiebra la película. Esa escena claramente no fue pactada de ese modo, pero sí estaba escrita en el guión. Yo tenía una referencia concreta para intentar hablar de la dificultad de actuar y de hablar y de habitar un cuerpo. Me refiero a la escena inicial de Z32 de Avi Mobragi. En este caso pasó algo concreto que movilizó a Esther y ella me llamó y me dijo: “vení a poner la cámara que tengo que decirte algo. Pero te lo voy a decir solo en la cámara.” Yo creo que en esa escena Esther paradójicamente se des-teatraliza. Todo lo que pasa después lo pactamos. Pensamos cada parlamento para los diferentes escenarios: el hospital, el encuentro amoroso, la casa de su hija. Todos los conceptos y recuerdos fueron pensados por Esther y adaptados por mí para la película. Casi nada está fuera del ensayo y la preparación. Yo no estudié nada de actuación ni dirección de actores o esas cosas pero se me ocurrió la idea de someter a Esther a vivir las experiencias que le pasaban o le habían pasado, en los mismos espacios que la marcaron. Aunque mi objetivo era, de algún modo, intentar salirme del realismo para abrir el relato a las dimensiones onírica y ficcional y que todo eso explote en la pantalla.

Mujer nómade es el título e indudablemente tiene que ver con un discurso que la misma película construye. ¿Cómo nació? ¿Antes, después?

Nació después. Lo tomé de unos textos que leíamos para una escena que finalmente no fue incluida en la película. En el origen el título iba a ser “Los Diaz de Esther.” Cuando digo leíamos no es que estudiábamos. Eran cosas que surgían allí, de lo mismo que hablábamos entonces Esther quizás buscaba algún libro o me contaba.

Como casi todo lo que se dice en la película, el título es la expresión de esa misma energía que me conmovió en la radio cuando hablamos por primera vez. Porque además de poseer un profundo saber filosófico, habita en Esther una vertiente extraordinaria de cultura universal; entonces ella tiene la virtud de convertir cualquier conversación en un momento mitológico. En ese desbalance entre la cotidianeidad y el tiempo histórico, en un viaje en auto, o cualquier emoción que la tomara por asalto, aparecía una poesía o una frase demoledora para sentenciar el acontecimiento. Creo que casi todo surgió de esos momentos. De la capacidad de ser por-y-en la poesía. Yo intento siempre estar atento a esas cosas. Lo demás me importa muy poco.

-Una de las grandes virtudes de tu cine es observar y filmar los cuerpos, seguir a tus protagonistas pero sin ser intrusivo. ¿Cómo se dio eso en este caso con una personalidad tan fuerte?

Esther confiaba en mí. Creo que logramos hacer la película porque construimos esa confianza. Una confianza y un deseo inconmensurable por hacer la película. Esther quería con toda su voluntad hacer esta película. Incluso en los momentos más difíciles (porque los hubo y muchos) nunca sentí que realmente la película estuviera en riesgo. Posiblemente yo supe donde frenar. De qué cosas no se podía hablar. Y porque creo que Esther también hace un culto de la resistencia. Ella es la resistencia. Como la frase de Charly, “resiste/yo sé que existe amor en tu piel”.  También yo aprendí a resistir algunos topetazos. Creo que hicimos la película con un enorme amor por el arte y también con valentía.

-¿Cómo continúa el derrotero de la película en los próximos meses? ¿Esperabas tantas buenas reacciones?

Si bien estaba un poco más consciente que otras veces de lo que había hecho, me sorprendió bastante la repercusión que tuvo. Próximamente veremos la película en el Festival de Cine de Cosquín, donde estoy invitado a mostrar todas mis películas. Un gesto muy generoso de Roger Koza. Después no sé bien. Nos han pedido la película de muchas universidades, editoriales, tenemos también algunas opciones de estreno comercial en Capital Federal, pero primero esperamos el estreno europeo. Hay algunas cosas dando vuelta, pero no tengo nada confirmado.

Por Guillermo Colantonio
@guillermocolant

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