Nuestro puntaje

7/10

Dixit (Argentina – 2012)

Dirección y guión: Alcides Chiesa, Carlos Eduardo Martínez / Fotografía y cámara: Julio Santamaría / Música y sonido: Sergio Iglesias / Imágenes de archivo: María Flores / Montaje: Luciano Chiesa / Duración: 134 minutos

CIERTAS VOCES SON SIEMPRE VOCES EN EL PRESENTE

Alcides Chiesa y Carlos Eduardo Martínez tuvieron en su poder gran cantidad de material de noticieros en el momento más álgido de la dictadura argentina. Clasificaron, anotaron, organizaron y consideraron que con ello no podrían armar una película. Pero del trabajo con este material surgió un proyecto muy interesante: traer al presente la dictadura, sus voces y la reafirmación de la extensión geográfica, la increíble llegada que el terror tuvo en cada rincón de nuestro país. Así realizaron Dixit, una película que aun trayendo al presente historias similares a muchas ya conocidas, haciéndolo de un modo clásico y si se quiere hasta convencional, conmociona, produce nuevos sentidos, aporta acumulación de saber sobre la verdad histórica.

Los realizadores recuperan historias de diferentes centros clandestinos de detención a lo largo de todo el país. La vieja centralidad del área urbana bonaerense abre lugar a centros en el resto del país y la casi excluyente presencia de centros castrenses deja espacio a la visión de espacios civiles donde se detuvo a trabajadores con el comando de las fuerzas armadas (la planta Ford de Pacheco). Asimismo la voz de los principales personajes de la dictadura se mezcla con la de civiles dispuestos a alabar, cuando no a acompañar y apoyar la acción del terror de Estado. La dialéctica entre los testimonios, el espacio de la represión y la voz de los represores alcanza una intensidad notable.

A partir de material de archivo y testimonios recogidos, la película aporta a la construcción de una memoria que empieza a refinar el análisis sobre esta revulsiva época. Así, los militares no son los únicos efectores de tal maquinaria. La práctica represiva es sostenida, promovida y alentada por empresarios, periodistas y por la iglesia (el testimonio de monseñor Bonamín es tan corto como inapelable en su potencia significante), entre otros actores que prefieren seguir escondiéndose atrás de los uniformados.

Otro valor central es aportar, desde los relatos y su montaje con el material de archivo, el mecanismo de la construcción del terror. El ejército dentro de las plantas fabriles, la “ocupación” de los barrios populares, la falta de piedad de quienes circunstancialmente se encuentran con los secuestrados por los grupos de tareas. El caso más notable es el testimonio de un detenido en la ciudad de Cipolletti, que es obligado a suicidarse bajo amenaza de matar a sus hijas. El terror en su máxima expresión, el terror como posibilidad de ejercer cualquier acto violento sobre el cuerpo de uno o de sus personas amadas.

El uso de los cantos populares contra la dictadura en modo de canto colectivo es un hallazgo estético que pone también a la película en un espacio de combate, no de mero reflejo de testimonios. El filme es, de este modo, un hecho político y de construcción de la memoria en sí mismo.

Dixit es cine militante del mejor.

Por Daniel Cholakian
redaccion@cineramaplus.com.ar

Nuestro puntaje

7/10

Dixit (Argentina – 2012)

Dirección y guión: Alcides Chiesa, Carlos Eduardo Martínez / Fotografía y cámara: Julio Santamaría / Música y sonido: Sergio Iglesias / Imágenes de archivo: María Flores / Montaje: Luciano Chiesa / Duración: 134 minutos

CIERTAS VOCES SON SIEMPRE VOCES EN EL PRESENTE

Alcides Chiesa y Carlos Eduardo Martínez tuvieron en su poder gran cantidad de material de noticieros en el momento más álgido de la dictadura argentina. Clasificaron, anotaron, organizaron y consideraron que con ello no podrían armar una película. Pero del trabajo con este material surgió un proyecto muy interesante: traer al presente la dictadura, sus voces y la reafirmación de la extensión geográfica, la increíble llegada que el terror tuvo en cada rincón de nuestro país. Así realizaron Dixit, una película que aun trayendo al presente historias similares a muchas ya conocidas, haciéndolo de un modo clásico y si se quiere hasta convencional, conmociona, produce nuevos sentidos, aporta acumulación de saber sobre la verdad histórica.

Los realizadores recuperan historias de diferentes centros clandestinos de detención a lo largo de todo el país. La vieja centralidad del área urbana bonaerense abre lugar a centros en el resto del país y la casi excluyente presencia de centros castrenses deja espacio a la visión de espacios civiles donde se detuvo a trabajadores con el comando de las fuerzas armadas (la planta Ford de Pacheco). Asimismo la voz de los principales personajes de la dictadura se mezcla con la de civiles dispuestos a alabar, cuando no a acompañar y apoyar la acción del terror de Estado. La dialéctica entre los testimonios, el espacio de la represión y la voz de los represores alcanza una intensidad notable.

A partir de material de archivo y testimonios recogidos, la película aporta a la construcción de una memoria que empieza a refinar el análisis sobre esta revulsiva época. Así, los militares no son los únicos efectores de tal maquinaria. La práctica represiva es sostenida, promovida y alentada por empresarios, periodistas y por la iglesia (el testimonio de monseñor Bonamín es tan corto como inapelable en su potencia significante), entre otros actores que prefieren seguir escondiéndose atrás de los uniformados.

Otro valor central es aportar, desde los relatos y su montaje con el material de archivo, el mecanismo de la construcción del terror. El ejército dentro de las plantas fabriles, la “ocupación” de los barrios populares, la falta de piedad de quienes circunstancialmente se encuentran con los secuestrados por los grupos de tareas. El caso más notable es el testimonio de un detenido en la ciudad de Cipolletti, que es obligado a suicidarse bajo amenaza de matar a sus hijas. El terror en su máxima expresión, el terror como posibilidad de ejercer cualquier acto violento sobre el cuerpo de uno o de sus personas amadas.

El uso de los cantos populares contra la dictadura en modo de canto colectivo es un hallazgo estético que pone también a la película en un espacio de combate, no de mero reflejo de testimonios. El filme es, de este modo, un hecho político y de construcción de la memoria en sí mismo.

Dixit es cine militante del mejor.

Por Daniel Cholakian
redaccion@cineramaplus.com.ar

Crítica: Dixit (2012), de Alcides Chiesa y Carlos Eduardo Martínez

Nuestro puntaje

7/10

Dixit (Argentina – 2012)

Dirección y guión: Alcides Chiesa, Carlos Eduardo Martínez / Fotografía y cámara: Julio Santamaría / Música y sonido: Sergio Iglesias / Imágenes de archivo: María Flores / Montaje: Luciano Chiesa / Duración: 134 minutos

CIERTAS VOCES SON SIEMPRE VOCES EN EL PRESENTE

Alcides Chiesa y Carlos Eduardo Martínez tuvieron en su poder gran cantidad de material de noticieros en el momento más álgido de la dictadura argentina. Clasificaron, anotaron, organizaron y consideraron que con ello no podrían armar una película. Pero del trabajo con este material surgió un proyecto muy interesante: traer al presente la dictadura, sus voces y la reafirmación de la extensión geográfica, la increíble llegada que el terror tuvo en cada rincón de nuestro país. Así realizaron Dixit, una película que aun trayendo al presente historias similares a muchas ya conocidas, haciéndolo de un modo clásico y si se quiere hasta convencional, conmociona, produce nuevos sentidos, aporta acumulación de saber sobre la verdad histórica.

Los realizadores recuperan historias de diferentes centros clandestinos de detención a lo largo de todo el país. La vieja centralidad del área urbana bonaerense abre lugar a centros en el resto del país y la casi excluyente presencia de centros castrenses deja espacio a la visión de espacios civiles donde se detuvo a trabajadores con el comando de las fuerzas armadas (la planta Ford de Pacheco). Asimismo la voz de los principales personajes de la dictadura se mezcla con la de civiles dispuestos a alabar, cuando no a acompañar y apoyar la acción del terror de Estado. La dialéctica entre los testimonios, el espacio de la represión y la voz de los represores alcanza una intensidad notable.

A partir de material de archivo y testimonios recogidos, la película aporta a la construcción de una memoria que empieza a refinar el análisis sobre esta revulsiva época. Así, los militares no son los únicos efectores de tal maquinaria. La práctica represiva es sostenida, promovida y alentada por empresarios, periodistas y por la iglesia (el testimonio de monseñor Bonamín es tan corto como inapelable en su potencia significante), entre otros actores que prefieren seguir escondiéndose atrás de los uniformados.

Otro valor central es aportar, desde los relatos y su montaje con el material de archivo, el mecanismo de la construcción del terror. El ejército dentro de las plantas fabriles, la “ocupación” de los barrios populares, la falta de piedad de quienes circunstancialmente se encuentran con los secuestrados por los grupos de tareas. El caso más notable es el testimonio de un detenido en la ciudad de Cipolletti, que es obligado a suicidarse bajo amenaza de matar a sus hijas. El terror en su máxima expresión, el terror como posibilidad de ejercer cualquier acto violento sobre el cuerpo de uno o de sus personas amadas.

El uso de los cantos populares contra la dictadura en modo de canto colectivo es un hallazgo estético que pone también a la película en un espacio de combate, no de mero reflejo de testimonios. El filme es, de este modo, un hecho político y de construcción de la memoria en sí mismo.

Dixit es cine militante del mejor.

Por Daniel Cholakian
redaccion@cineramaplus.com.ar

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