Crítica: Voley (2014), de Martín Piroyansky

Voley (Argentina – 2014)

Dirección y guion: Martín Piroyansky / Fotografía: Julián Ledesma / Música: Nicolás Sorín / Edición: Pablo Barbieri / Intérpretes: Martín Piroyansky, Violeta Urtizberea, Inés Efrón, Chino Darín, Vera Spinetta, Justina Bustos / Duración: 95 minutos.

ESTRATEGIAS PARA LA TRAMPA

Vóley es la segunda película como director del actor y realizador argentino Martin Piroyansky. Es una comedia juvenil donde abunda el uso de todo tipo de drogas recreativas, así como también la experiencia del sexo (aparentemente) libre y sin amor. Simpática y con algunas búsquedas en torno a la puesta en escena, el filme logra cierta dosis de humor que la ubican en las lista de “películas para ver con amigos”. Dedicada a un target de audiencia al que la producción nacional no suele dirigirse, muestra las situaciones típicas que transita un grupo de amigos que decide pasar Año Nuevo en una isla de Tigre.

Con Piroyansky a la cabeza los demás integrantes del elenco se reparten entre las actuaciones de Vera Spinetta, Chino Darín, Inés Efron, Justina Bustos y la gran Violeta Urtizberea que le da a la película un toque de frescura necesario, lo cual se agradece. Sin la presencia de grandes figuras, son los jóvenes del off quienes aportan un clima descontracturado a un filme que busca la empatía con sus pares. Es en una casa isleña donde ellos pasarán la última noche del año viejo y los primeros días del nuevo, casi como una excusa perfecta para la vivencia de experiencias extrasensoriales y la libertad de la vida sin prejuicios. Pero no todo es tan sencillo, porque surgen los roces de la convivencia, y la emergencia de un amor prohibido. Problemas que gracias a la flexibilidad del género permiten explorar algunos rincones oscuros de las mentes de estos jóvenes.

Si bien, el eje central de la historia es el relato íntimo del protagonista (Nico – Piroyansky) que se enamora de la novia de su mejor amigo, lo valioso de la narración aparece cuando en los diálogos se comienza a sospechar la presencia de un autor que dirige la atención del espectador no sólo a la recreación sino a una reflexión acerca de la amistad. Tal vez la palabra reflexión no sea la correcta para describir un filme que busca la complicidad en la carcajada y la identificación con sus personajes: un grupo de jóvenes porteños con las hormonas a flor de piel. Sin embargo, Vóley, no es un filme “de jóvenes drogados teniendo sexo”, sino que es una fotografía generacional de una clase media que vive las mieles de una buena economía.

Pero, ¿por qué Vóley si en casi toda la película nada remite a aquel juego de pelota? La respuesta está en el paralelismo entre el juego y la vida que Piroyansky propone en la venta de su película cuando en el cartel promocional reza “Voley, todos hacemos trampa”. Por un lado, no deja ser una buena idea, pero por el otro, una vez visto el resultado, lo cierto es que aquella ocurrencia podría haberse desarrollado con mayor eficacia a lo largo del metraje y no sólo en su epílogo. Más allá de esta apreciación personal, es destacable, si bien el recurso no está del todo explotado, como el director logra en estas secuencias uno de los momentos más estéticos de la película.

Por Paula Caffaro
@paula_caffaro

 

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