Nuestro puntaje

7/10

Un traidor entre nosotros / Our Kind of Traitor (Reino Unido / Francia – 2016)

Dirección: Susanna White / Guion: Hossein Amini, basado en la novela de John le Carré / Fotografía: Anthony Dod Mantle / Música: Marcelo Zarvos / Edición: Tariq Anwar y Lucia Zucchetti / Diseño de producción: Sarah Greenwood / Intérpretes: Ewan McGregor, Stellan Skarsgård, Damian Lewis, Naomie Harris, Jeremy Northam, Mark Stanley, Alicia von Rittberg, Mark Gatiss y Saskia Reeves / Duración: 108 minutos.

JUEGO DE ESPÍAS

Todo por una apuesta. Un inocente juego de memoria vincula a Perry con Dima, es decir, a un profesor universitario y al número uno en lavado de dinero de la mafia rusa. Pero si bien al inicio, Perry pareciera disfrutar de dicho lazo basado en el exceso, con tintes de lujuria y exotismo –cuyo punto máximo es la fiesta de cumpleaños de la hija mayor de Dima– la reciente unión adquiere otro nivel cuando el ruso le pide que entregue un pendrive al servicio secreto británico.

Perry acepta porque lo considera algo inofensivo o, incluso, leal. Sin embargo, se trata del puntapié de una serie de enredos entre la mafia rusa, el príncipe, el servicio secreto británico y diversos miembros del parlamento inglés inmiscuidos en lavado de dinero.

Un traidor entre nosotros está basada en una novela de John le Carré y si bien se encuentra insertada dentro del suspenso y del espionaje tiene pocas escenas representativas de género. De hecho, la más tensa –que transcurre en un bosque en mitad de la noche– no se muestra in situ, sino desde el fuera de campo o con la acción casi terminada.

La directora Susanna White propone un gran desfile por lugares como Marruecos, Londres, Francia o Berna, que contrapone a sitios comunes como casas, autos o despachos y privilegia un trabajo algo más detenido en el interior de esos espacios como generador de tensión entre los personajes, entre ellos y el medio o hacia el espectador. Tal es el caso de ciertos rincones en la fiesta en Marruecos o la escena de la entrega de la caja con la pistola y el relato del príncipe.

Sin embargo, dicha tensión se diluye por momentos o pierde su fuerza porque no se la profundiza; por el contrario, los espacios se limitan a ser contenedores o pasajes de tránsito en lugar de componentes de la trama. Y esta operativa se replica con los personajes, sumidos en una combinación de ambigüedad y poco desarrollo.

Un elemento curioso es el guiño de la directora hacia el arte. Ya en la primera escena aparece un bailarín fuera de contexto, que realiza movimientos lentos y casi imperceptibles; luego, se muestra al mismo hombre dentro del cuerpo de ballet en un teatro. También hay un plano detalle fugaz del libro que lee la hija de Dima –Mansfield Park de Jane Austen– y por último algunas escenas dentro del museo de Albert Einstein.

“Si puedo recordar los números de tu tarjeta te tomas un trago con nosotros”, lo persuade Dima. Perry se ríe de la oferta y accede, sin saber que este hombre cuenta con una memoria prodigiosa y con una información capaz de poner en vilo a la mafia rusa, al servicio secreto británico y a un simple profesor universitario.

Por Brenda Caletti
@117Brenn

 

Nuestro puntaje

7/10

Un traidor entre nosotros / Our Kind of Traitor (Reino Unido / Francia – 2016)

Dirección: Susanna White / Guion: Hossein Amini, basado en la novela de John le Carré / Fotografía: Anthony Dod Mantle / Música: Marcelo Zarvos / Edición: Tariq Anwar y Lucia Zucchetti / Diseño de producción: Sarah Greenwood / Intérpretes: Ewan McGregor, Stellan Skarsgård, Damian Lewis, Naomie Harris, Jeremy Northam, Mark Stanley, Alicia von Rittberg, Mark Gatiss y Saskia Reeves / Duración: 108 minutos.

JUEGO DE ESPÍAS

Todo por una apuesta. Un inocente juego de memoria vincula a Perry con Dima, es decir, a un profesor universitario y al número uno en lavado de dinero de la mafia rusa. Pero si bien al inicio, Perry pareciera disfrutar de dicho lazo basado en el exceso, con tintes de lujuria y exotismo –cuyo punto máximo es la fiesta de cumpleaños de la hija mayor de Dima– la reciente unión adquiere otro nivel cuando el ruso le pide que entregue un pendrive al servicio secreto británico.

Perry acepta porque lo considera algo inofensivo o, incluso, leal. Sin embargo, se trata del puntapié de una serie de enredos entre la mafia rusa, el príncipe, el servicio secreto británico y diversos miembros del parlamento inglés inmiscuidos en lavado de dinero.

Un traidor entre nosotros está basada en una novela de John le Carré y si bien se encuentra insertada dentro del suspenso y del espionaje tiene pocas escenas representativas de género. De hecho, la más tensa –que transcurre en un bosque en mitad de la noche– no se muestra in situ, sino desde el fuera de campo o con la acción casi terminada.

La directora Susanna White propone un gran desfile por lugares como Marruecos, Londres, Francia o Berna, que contrapone a sitios comunes como casas, autos o despachos y privilegia un trabajo algo más detenido en el interior de esos espacios como generador de tensión entre los personajes, entre ellos y el medio o hacia el espectador. Tal es el caso de ciertos rincones en la fiesta en Marruecos o la escena de la entrega de la caja con la pistola y el relato del príncipe.

Sin embargo, dicha tensión se diluye por momentos o pierde su fuerza porque no se la profundiza; por el contrario, los espacios se limitan a ser contenedores o pasajes de tránsito en lugar de componentes de la trama. Y esta operativa se replica con los personajes, sumidos en una combinación de ambigüedad y poco desarrollo.

Un elemento curioso es el guiño de la directora hacia el arte. Ya en la primera escena aparece un bailarín fuera de contexto, que realiza movimientos lentos y casi imperceptibles; luego, se muestra al mismo hombre dentro del cuerpo de ballet en un teatro. También hay un plano detalle fugaz del libro que lee la hija de Dima –Mansfield Park de Jane Austen– y por último algunas escenas dentro del museo de Albert Einstein.

“Si puedo recordar los números de tu tarjeta te tomas un trago con nosotros”, lo persuade Dima. Perry se ríe de la oferta y accede, sin saber que este hombre cuenta con una memoria prodigiosa y con una información capaz de poner en vilo a la mafia rusa, al servicio secreto británico y a un simple profesor universitario.

Por Brenda Caletti
@117Brenn

 

Crítica: Un traidor entre nosotros (2016), de Susanna White

Nuestro puntaje

7/10

Un traidor entre nosotros / Our Kind of Traitor (Reino Unido / Francia – 2016)

Dirección: Susanna White / Guion: Hossein Amini, basado en la novela de John le Carré / Fotografía: Anthony Dod Mantle / Música: Marcelo Zarvos / Edición: Tariq Anwar y Lucia Zucchetti / Diseño de producción: Sarah Greenwood / Intérpretes: Ewan McGregor, Stellan Skarsgård, Damian Lewis, Naomie Harris, Jeremy Northam, Mark Stanley, Alicia von Rittberg, Mark Gatiss y Saskia Reeves / Duración: 108 minutos.

JUEGO DE ESPÍAS

Todo por una apuesta. Un inocente juego de memoria vincula a Perry con Dima, es decir, a un profesor universitario y al número uno en lavado de dinero de la mafia rusa. Pero si bien al inicio, Perry pareciera disfrutar de dicho lazo basado en el exceso, con tintes de lujuria y exotismo –cuyo punto máximo es la fiesta de cumpleaños de la hija mayor de Dima– la reciente unión adquiere otro nivel cuando el ruso le pide que entregue un pendrive al servicio secreto británico.

Perry acepta porque lo considera algo inofensivo o, incluso, leal. Sin embargo, se trata del puntapié de una serie de enredos entre la mafia rusa, el príncipe, el servicio secreto británico y diversos miembros del parlamento inglés inmiscuidos en lavado de dinero.

Un traidor entre nosotros está basada en una novela de John le Carré y si bien se encuentra insertada dentro del suspenso y del espionaje tiene pocas escenas representativas de género. De hecho, la más tensa –que transcurre en un bosque en mitad de la noche– no se muestra in situ, sino desde el fuera de campo o con la acción casi terminada.

La directora Susanna White propone un gran desfile por lugares como Marruecos, Londres, Francia o Berna, que contrapone a sitios comunes como casas, autos o despachos y privilegia un trabajo algo más detenido en el interior de esos espacios como generador de tensión entre los personajes, entre ellos y el medio o hacia el espectador. Tal es el caso de ciertos rincones en la fiesta en Marruecos o la escena de la entrega de la caja con la pistola y el relato del príncipe.

Sin embargo, dicha tensión se diluye por momentos o pierde su fuerza porque no se la profundiza; por el contrario, los espacios se limitan a ser contenedores o pasajes de tránsito en lugar de componentes de la trama. Y esta operativa se replica con los personajes, sumidos en una combinación de ambigüedad y poco desarrollo.

Un elemento curioso es el guiño de la directora hacia el arte. Ya en la primera escena aparece un bailarín fuera de contexto, que realiza movimientos lentos y casi imperceptibles; luego, se muestra al mismo hombre dentro del cuerpo de ballet en un teatro. También hay un plano detalle fugaz del libro que lee la hija de Dima –Mansfield Park de Jane Austen– y por último algunas escenas dentro del museo de Albert Einstein.

“Si puedo recordar los números de tu tarjeta te tomas un trago con nosotros”, lo persuade Dima. Perry se ríe de la oferta y accede, sin saber que este hombre cuenta con una memoria prodigiosa y con una información capaz de poner en vilo a la mafia rusa, al servicio secreto británico y a un simple profesor universitario.

Por Brenda Caletti
@117Brenn

 

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