Crítica: Un pájaro azul (2023) – 38MarDelPlataFF

Un pájaro azul (Argentina / Uruguay – 2023)
38MarDelPlataFF
: Galas

Dirección: Ariel Rotter / Guion: Ariel Rotter, Federico Pintos / Producción: Juan Pablo Miller, Laura Donari, Ariel Rotter, Aili Chen / Montaje: Federico Rotstein / Fotografía: Guillermo Nieto / Intérpretes: Alfonso Tort, Julieta Zylberberg, Norman Briski, Susana Pampín, Romina Paula, Walter Jakob, María Villar, Julián Larquier Tellarini / Duración: 97 minutos.

Formar una pareja, tener una casa, buscar un hijo. Es parte de un combo que suele venderse como una cajita feliz, sin embargo, la distancia que existe entre las intenciones y la concreción puede transformarse en un camino largo y sinuoso. Cada uno de los tres segmentos de la película está encabezado por ideas modélicas: el hijo, el padre, la madre. Son referencias, horizontes de llegadas, pero en el medio hay seres humanos, conductas y mucha vulnerabilidad. Javier y Valeria hace años que están juntos. Lo sabemos a partir de algunos datos concretos, sin explicaciones redundantes. El bebé no llega, pero tampoco parece ser la solución para desterrar las sombras personales y de pareja, porque el paso del tiempo corroe las entrañas de una relación. Tampoco una casa nueva garantiza nada, sobre todo si uno arrastra la existencia, sea en el trabajo como en la intimidad. La primera escena los encuentra desnudos. No se muestra el acto sexual en sí, sino el ejercicio posterior para intentar el embarazo. No es un dato al paso, y no hace falta aclarar que, cuando la pasión deviene en obligación pautada, algo inevitablemente se rompió. Solo hace falta que surja ese indicio que pone en crisis el presente. El factor detonante es Valeria, una compañera de trabajo de Javier, quien le confiesa estar esperando un hijo de él luego de un polvo en una feria del libro en Mendoza. Es ahí cuando la película absorbe definitivamente el punto de vista de un hombre cuya existencia se derrumba. Ese tránsito incluye diversas paradas y emociones. El retorno a la casa del padre, diálogos con él que guardan más de lo que expresan. La presencia insomne de una madre fallecida tempranamente con una enfermedad prolongada. Los intentos patéticos por recuperar a Valeria. La sensación de inestabilidad laboral a partir de la llegada a la editorial de una mujer que, con su aire a lo Norma Desmond, viene a hacer limpieza. Las torpezas de Javier, el desconcierto de Valeria.

Sin embargo, Rotter no juega a ser Bergman ni a quedarse prendido del drama doméstico. Los problemas de conciencia, el remover aspectos dolorosos del pasado y enfrentarse a los propios fantasmas no excluyen el humor en sordina que la película trabaja acertadamente. Lejos de fomentar los estallidos de furia y los reclamos de las típicas escenas de un cine anquilosado, Rotter encuentra un tono y un ritmo que hermanan a Un pájaro azul con ciertas zonas del cine de Eric Rohmer o aquellas películas musicales de corte indie, a partir de la amabilidad con la que fluyen las situaciones. Estos logros se fundan principalmente en la química que logran Julieta Zylberberg y Alfonso Tort y a una dirección que integra perfectamente los espacios con sus personajes, al mismo tiempo que le otorga a los momentos de reflexión y de intimidad un espejo creíble y convincente dentro de un marco que nunca busca el exceso gratuito.

Barajar y dar de nuevo. Nada es perfecto. A veces un detalle implica un deslumbramiento, una revelación. A partir de eso, a empezar de nuevo y ver qué pasa. Formar una pareja, tener una casa, buscar un hijo.

Nuestro Puntaje: 7

Por Guillermo Colantonio
@guillermocolant

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