Crítica: Todo el año es navidad (2018), de Néstor Frenkel

Todo el año es navidad (Argentina – 2018)
20 BAFICI: Panorama / Pasiones – Premiere Internacional

Dirección, Guión y Edición: Néstor Frenkel / Fotografía: Diego Poleri / Sonido: Fernando Vega, Hernán Gerard / Producción: Sofía Mora / Producción Ejecutiva: Daniel Werner / Intervienen: Juan Carlos Marino, Ricardo Castro, Hugo Taddei, Néstor Gallo, Eduardo Cuevas / Duración: 76 minutos.

Este documental del excelente realizador argentino Néstor Frenkel nos sumerge en algo tan naturalizado como extraño a la vez: la navidad y sus mitos. En este caso el objeto de la observación que hace a la reconstrucción permanente del mito es la figura de Papá Noel, Santa Claus o el mágico señor de barba blanca que nos traía los regalos en la infancia.

La narración abre con un homenaje de calibre cinéfilo: en un filme en blanco y negro dos niños miran al cielo y se preguntan por tan mágica visión – ¿“No te parece un ángel? ¿Mirá ese? ¿No es Santa Claus?. Y es que creen verlo entre las nubes. Pero es cierto, allí está, mirando hacia la tierra y hablando con el arcángel Miguel que le indica ni más ni menos que bajar a la brevedad. Santa pregunta confundido: ¿Tan lejos de Navidad? y el arcángel responde: Es que te olvidas! Todo el año es navidad.

Raúl Rossi encarna a este Papa Noel de los años sesenta en la película Todo el año es navidad de Román Viñoly Barreto, y al que Frenkel nos remite en esa imagen a un cine popular, secular, justamente lleno de las fantasías que hoy, con más tecnología y menos dinero, aún siguen vigentes.

El documental nos acerca a la punta de la nariz cómo se construye la vigencia del mito y los rituales que le rendimos todos a él. De esta manera el director nos empuja con inteligencia a una suerte de evocación, y en especial a una revelación de este mito que está hecho con pedazos de pura realidad.

Obsesionado por Santa y sus variables, el filme nos presenta un hombre tras otro, un personaje tras otro, un tipo de Papá Noel diferente en cada caso, tanto, tanto como el sujeto real que lo encarna. Si la similitud es la barba blanca, el traje, la panza, el cabello blanco, la bolsa y las botas acá queda eso como parte de la superficie ya que cada uno de estos infinitos Papá Noeles tienen personalidades tan distintas, historias personales tan divergentes, y hasta trabajos a los que se dedican tan distintos unos de otros, la idea de que hay UN SOLO Papá Noel, se cae al vacío en 15 segundos.

Son todos distintos y a la vez opuestos a la idealización narrativa del hombre de rojo que nos inculcaron en la infancia. Esa misma trama de la que fuimos cómplices repitiendo a nuestros descendientes las idénticas alegorías de cartón pintado.

Las escenas dejan entrever en cada uno, un sueño, una fantasía, una necesidad de ser ese personaje mítico, la necesidad de armarse un relato que los convenza de que esta tarea es una misión. Y claro, no hay duda, todos queremos tener una misión.

La tarea de misionar como ese personaje se completa con la necesidad de un trabajo, especialmente sacrificado, que dura solo un mes y tiene un mundo de condiciones. Entre ellas las del mercado, y a eso me refiero, al modelo de consumo en un esquema capitalista, donde Papá Noel es otro objeto consumible de la lista navideña.

Hay otro fragmento del filme de Viñoly Barreto donde una mujer dice “¿Es una propaganda? ¿Qué es?”. No quedan dudas que Frenkel siempre tiene el ojo en los sistemas (los que sean) y no iba a dejar que el romanticismo y la parodia del personaje borrara la temática del discurso del poder: el mundo vendible, el mundo bebible, masticable y fotografiable de Papá Noel.

Este documental tiene a su vez cierta cosa bucólica que genera también la figura de Santa, y la temática de la navidad. No son payasos pero a veces siento esa sensación extraña de saber que allí hay detrás de ese traje la intención de sostener algo inexistente. Aún así el documental no esta en tonos dramáticos, sino que deja que el humor sea la espada con la que se abren los caminos del filme.

La secuencia final presenta un armado de montaje corte a corte donde todo el mundo de papá Noel se despliega en la pantalla, objetos, gente barbuda, realidad y fantasía.

Es un filme lleno de pasión por narrar, por contarnos estas micro historias que se agigantan en la pantalla, lleno de sutiles miradas que rozan temas más complejos. Como el mundo que construimos cada año y la fantasía navideña como el sueño de unión, de solución, de comprar el planeta porque el 24 tenemos que tener TODO!

Una buena película te hace pensar mucho más que un buen rato. Y se impone con el tiempo.

Por Victoria Leven
@VictoriaLeven

75%
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