Crítica: Sean eternxs (2022), de Raúl Perrone – BAFICI

Sean eternxs (Argentina – 2022)
BAFICI 23: Competencia Argentina – Premio del jurado de Cronistas
Disponible hasta el jueves en la Plataforma Vivamos Cultura

Dirección, guion, edición, diseño de arte y sonido: Raúl Perrone / Producción: Raúl Perrone y Pablo Ratto / Fotografía: Raúl Perrone, Pablo Ratto, Emma Echeverría y Lara Seijas / Música: Andrés Villaveiran, Negro Dub y Che Cumbé / Intérpretes: Ariana Galardi, Micaela Esquivel, Alejandro Ibañez y Sergio Fleita / Duración: 95 minutos.

Perrone sigue vivo en cada plano, desacatado y experimentador como un científico plástico del cine. Pasaron ya nueve años desde P3ND3J0S y acá siento como aquel filme me susurra cosas al oído. El relato está lleno de estadios diversos, diversificados que avanzan enlazados por el cuerpo y la palabra de la vida juvenil. El inicio es la imagen de un hombre joven en moto por algunas de las tantas calles que Perrone ha sellado con su cine en el territorio de Ituzaingó. Sobre esa imagen se monta la voz de un joven que nos cuenta, con su coloquialidad callejera algo más que una anécdota, nos confiesa sin tapujos su cruel historia desde la infancia hasta el presente, marcada por los golpes, la indigencia, la indiferencia paterna y la inexorable necesidad de subsistir cuando con trece años no tenés ni un par de zapas para ponerte, cuando a todos les da igual si vas o no a la escuela, total te cagan a palos hagas lo que hagas. Y sin justificaciones del autor ni del joven que nos habla, damos un paso junto a él hacia la vida delictiva que empieza con tres cacharros y termina con un arma encima ¿Juzgarlo? Imposible. No se juzga a quien te devela su vida de esta manera, no a quien tiene el vuelo expresivo para acércate a ese mundo con una mirada directa y apasionada.

Sonidos superpuestos, la música que toma el espacio y sale sin avisos ni protocolos. Así como entra un silencio radical que luego da paso a otro mundo sonoro. La pileta, los cuerpos al sol, los cuerpos que juegan, los cuerpos tendidos en el césped. Priorizando el universo de cuerpos masculinos, jóvenes y las jóvenes mujercitas que son miradas o nos miran con sus ojos intensos.

Un show escolar, que es un gran evento musical, social. Parece unirse todo en ese mismo foco. Fiesta en un plano general lleno de papel picado que vuela por el aire. Es un gran encadenado asociado porque de allí vamos al hospital a buscar a alguien que ni vemos en escena. Es la vida en simultáneo, así como la soñamos filmar alguna vez. Ahora que estamos en el patio de una humilde casa, la voz de una piba hermosa y suave canta, la alocada canción de la Mona Giménez, Quién se ha tomado todo el vino, Con armónica y guitarra. Es que la belleza entra por la puerta de atrás ¿no te habías enterado? te lo cuenta Perrone.

La canción, más de una piba sentada en quien sabe qué lugar, y una mujer que detrás de la barra habla de su hijo al que no puede ver, y el día o la noche. La estación que recorren lxs chicxs, la avenida principal en un travelling de acompañamiento melódico y acompasado. Corte a la comparsa y esos arrasadores primeros planos Perronianos que son como pinturas rafaelianas que te miran a los ojos como una flecha a la emoción.

No hay principio ni final, tal como lo conocemos. Algo se abre, se despliega y se pliega suavemente para decirnos que allí hay un fundido a negro donde la vida continua.

Hay un momento que me ha enamorado en su juego de sumergirse, en ese acto de unirnos a los pibes y hundirnos debajo de la pileta, de esa enorme caja de agua del “clú”.

No es un juego caprichoso el de usar una cámara subacuática. Es la estrofa de un poema, lleno de burbujas y movimientos, de cuerpos enlazados, del juego que habita en cada uno de ellos y de nosotros, aún en esos cuerpos que han sido lastimados. La vida palpita como un corazón bombeando fuerte, siempre que Perrone esté allí mirándola.

Por Victoria Leven
@LevenVictoria

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