Crítica: Recreo (2018), de Stuart y Guerschuny

Recreo (Argentina – 2018)

Dirección y guion: Hernán Guerschuny y Jazmín Stuart / Fotografía: Marcelo Lavitman / Montaje: Agustín Rolandelli / Intérpretes: Carla Peterson, Juan Minujín, Fernán Mirás, Jazmín Stuart, Martín Slipak, Pilar Gamboa / Duración: 100 minutos.

UN PARÉNTESIS MENTAL

En Pistas para volver a casa, Jazmin Stuart pone a disposición del cine la sensibilidad femenina para narrar una historia sencilla acerca de la familia, las raíces y la identidad, de la mano de un relato contemporáneo donde la mezcla de géneros se evidencia al mismo tiempo que regala una fotografía pastel dominada por claros oscuros que no hacen más que enfatizar el tema que la actriz y directora expone.

Así mismo en Recreo en codirección con Hernán Guerschuny (El crítico, Una noche de amor), la directora retoma aquella temática de la opera prima, pero esta vez con otra sensibilidad, tal vez consecuencia de su madurez como realizadora. Es por eso que su segundo filme tiene los que ya podrían nombrarse como rasgos de estilo (la fascinación por los detalles, el amor a la música clásica, la predilección por los planos detalle, un cuidado minucioso de la puesta en escena, la selección del casting, entre otros) signo de la evolución artística de Stuart quien sigue apostando a las historias sencillas cargadas de emoción, filtrada por momentos puramente catalíticos. Es como si no pasara nada, cuando de repente todo estalla por los aires y el relato se sobresalta, así como los personajes que parecen destinados a vivir vidas circulares encerrados en sus sueños y proyectos.

Carla Peterson, Fernan Mirás, Juan Minujín, la propia Stuart, Pilar Gamboa y Martín Slipak le ponen el cuerpo a un grupo de amigos quienes al pie de los cuarenta, tras largos años de amistad y algunos secretos, se reúnen a pasar un fin de semana en el campo. La trayectoria de la amistad pronto se comienza a descubrir, así como sus personalidades repletas de miedos, complejos, dudas y un alma joven que aún los ubica más del lado de la barrera de los treinta que de la década que están a punto de comenzar. En sus diálogos de sobremesa o mientras fuman un porro a la luz de un velador tapado por una manta mientras se dejan llevar por la música, se construyen los mundos que la imagen no muestra dando espacio a la imaginación del espectador, quien más de una vez, podrá sonreír (o reír carcajadas) al sentirse identificado con alguno de los personajes.

Recreo es una comedia, sin embargo, es constantemente interrumpida por abruptos cortes que desatan en el relato giros sorpresivos provocando más de un choque en cadena donde una palabra lleva a la otra, por supuesto, induciendo a futuras peleas de alcoba, más de un replanteamiento existencial y una catarata de consecuencias que se verán expuestas durante el desayuno comunitario de la mañana siguiente.

Puede que por momentos las extensas escenas de diálogos demoren un poco la acción, pero como es ésta la que proviene de las palabras, todo cobra sentido cuando el ritmo del filme es incesante, dinámico y divertido. Tomemos un recreo para ir al cine a reírnos un poco de nuestras propias miserias.

Por Paula Caffaro
@paula_caffaro

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