Crítica: Proyecto fantasma (2022), de Roberto Daveris – BAFICI

Proyecto fantasma (Chile – 2022)
BAFICI 23: Competencia Internacional

Dirección, Guion: Roberto Doveris / Producción: Roberto Doveris, Aura Sinclair / Fotografía: Patricio Alfaro / Edición: Sylvana Squicciarini / Música: Cristián Reinas / Intérpretes: Juan Cano, Violeta Castillo, Ingrid Isensee, Fernanda Toledo, Fernando Castillo / Duración: 97 minutos.

La película de Daveris retrata un mundo difuso, un universo hartamente mostrado en cantidad de películas contemporáneas, donde un grupo de jóvenes intentan hacer algo con sus vidas. Las referencias que sobrevuelan van desde los youtubers hasta el empleo de códigos lingüísticos de pertenencia que cuesta entender por momentos para un espectador foráneo, sea por localismos o por confusa dicción, dos rasgos que, en otras circunstancias (por ejemplo, que a lo anterior se le añada una sordidez gratuita) invitarían a abandonar rápidamente la butaca. Sin embargo, si se prescinde de ello, hay un encanto que las imágenes y los personajes trasmiten, al mismo tiempo que una cierta ligereza se constituye como el principal logro de esta simpática historia que combina rituales, encuentros y  un fantasma juguetón (y juguetonamente mostrado con unos efectos que huyen de la solemnidad). Pablo, el protagonista, espera su gran salto. Sus pequeños trabajos son como actor contratado para prácticas de simulación en la Facultad de Medicina. Su compañero de cuarto lo planta, se va y le deja un cárdigan que encierra a un espíritu bromista (aunque parece disfrutar de complacer sexualmente también a sus víctimas). No obstante, su aparente soledad no es tal ni desesperante gracias a un grupo de gente que comparte sus intereses, con los cuales pasa el tiempo buscando aquello que todavía no ha encontrado.

Una de las rupturas destacables es la sorna con que este ser sobrenatural es escenificado, más cerca del fantasma de Canterville que de una extensa galería de espectros literarios y cinematográficos signados por su oscuridad. Además, siempre dispuesto a meterse no solo en valijas, ropa u otros objetos, sino en los cuerpos, pero con apetencia sexual. En este sentido, hay una dinámica del placer que brilla por su originalidad.

Otra ruptura con respecto a las historias de jóvenes urbanos es la omisión de ese lastre dramático/existencial que empaña tantas producciones. Daveris es respetuoso y empático con el mundo que traza, evitando los mensajes fáciles y el drama impostado. Y aunque en términos narrativos se vuelva difuso como ese mismo universo que proyecta, nada impide que el humor, el afecto y el encanto de sus criaturas permitan disfrutarla en su justa dimensión.

Por Guillermo Colantonio
@guillermocolant

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